«Estamos condenados a vivir en vilo por el nivel del río»

Los habitantes del barrio Okendotegi de Donostia señalan que «el temor está justificado porque si te entra el agua la broma son 100.000 euros»

Chabolas de Hernani, inundadas / ARIZMENDI
GAIZKA LASASan Sebastián

Llueve sobre mojado en Okendotegi, recóndito barrio donostiarra limítrofe con Astigarraga, presa de la angustia cada vez que las precipitaciones se exceden y colman de agua el Urumea. Como ayer. Desde la terraza de su casa, Juanjo Pintos, vigila con su mirada el canal que cruza el barrio. «Mira cómo está el agua, ya no corre, está estancada», señala con la autoridad de quien ha cursado un doctorado en inundaciones.

Precisamente por sus experiencias asegura que la noche del lunes al martes «no hemos dormido ni un minuto, ni Charo, ni yo. Ella peor que yo, porque vive en el bajo. Se ha tenido que ir varias veces de casa por los destrozos del agua y una vez estuvo viviendo fuera un año». Matiza que «no hemos dormido, pero tampoco hemos tenido que mover nada, así que ha estado muy bien». Se han pasado la noche pegados a las aplicaciones que tienen descargadas en sus móviles con «la información más directa de Ura, Aguas del Añarbe y la Diputación» sobre el aforo de los ríos.

La enésima jornada de tensión en la bautizada como «la Venecia de Donostia» se justificaba por la fase de alerta del Plan Especial de Emergencias que se activó la noche del lunes por el riesgo de inundaciones en Gipuzkoa. El nivel amarillo se mantuvo en varios tramos del Urumea, Urola y el Oria, a lo que contribuyó la precipitación de hasta 240 litros por metro en la cabecera del Añarbe.

Las crecidas del Urumea y del Oria inundan zonas bajas de Hernani y mantienen en alerta a vecinos de Astigarraga, Martutene o Andoain

Juanjo reconoce que «no tenemos miedo, pero sí que permanecemos atentos. ¡Como para no hacerlo! Igual son 100.000 euros la broma cuando, como otras veces, te entra todo el agua. Hay que renovar la casa entera. No vale nada. Y luego estás todo el día quitando la humedad». Un panel con fotos de inundaciones históricas da fe de ello.

Explica cómo suele ocurrir. «Cuando el nivel del río sube, el agua de la regata se queda parada, empieza a crecer su caudal y... Socorro». Por los pelos, parece que esta vez no va a rebasar su cauce natural para invadir el bloque. «Mira, ahora vemos la medición del agua en Ereñozu. Pone 1.823 metros. Si sube un metro más allí se sale el agua aquí». Los cálculos no fallan. Matemática hidráulica. «Mientras tanto, aquí, en la barra del puente de Martutene, está a casi tres metros. Tiene que subir un poco más para que se desborde la regata», celebra.

Rescatan perros en Hernani

Juanjo asume que «estamos condenados a vivir en vilo por el nivel del agua». Reconoce que las obras de encauzamiento del Urumea han sido eficaces y que «Martutene ya no se va a inundar, pero aquí tenemos una diferencia de 10 centímetros respecto a la situación anterior a los trabajos. Está estudiado técnicamente». Manifiesta cierto cansancio respecto a un estado de alerta que se está prolongando más que en pasados inviernos. «Si llevamos 50 días del año, ha llovido en 43. Menos mal que están desaguando desde hace cuarenta días». Las previsiones meteorológicas también le alivian. «Dicen que, por fin, va a dejar de llover pronto», comparte el desahogo de media Gipuzkoa.

Los vecinos de Martutene reconocen que tras las obras en el cauce del Urumea están más tranquilos

El nivel de preocupación ha bajado considerablemente en el barrio de Martutene. Dos de sus vecinos, Adela y Martin, paseaban plácidamente junto al río, con la tranquilidad de que en su casa no va a entrar agua. «Llevo 55 años aquí y he vivido todas las inundaciones. Hoy puedo pasear tranquilo con las obras que han hecho y este muro que han levantado», dice apoyado en el gigante bloque de piedra que deja lejos la amenaza del río.

«Antes el agua entraba hasta dentro, las hemos pasado canutas, pero la situación, afortunadamente ha cambiado», se reconforta mientras observa el caudal crecido del Urumea. «Ahora también seguimos pendientes de la evolución del nivel del agua, pero ya de otra manera, sabiendo que tiene que ser muy grave para que haya inundaciones», concluye.

Camino a Ergobia, Rafael también contaba que «las penurias pasadas ya nos hacen estar pendientes de los partes y de las previsiones por inercia, pero parece que esta vez la cosa no es para tanto y, desde luego a mí, no me ha entrado agua en casa. Las obras en el Urumea han hecho mucho bien».

Por el contrario, la vida sigue igual para el club de Rugby de Hernani, cuyo campo de Landare volvió a desaparecer ante la expansión del Urumea. Y también para los perros que habitan en las chabolas de los terrenos colindantes. Los bomberos tuvieron que reeditar un rescate que ya se produjo en años anteriores, sobre tablas de surf, ante el aviso de su dueño, impotente ante la crecida que inundó por completo las huertas de la zona. Los dos animales pudieron salir ilesos.

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