Condenados por robar a un vecino de Legazpi que falleció tras el asalto

Concentración de protesta que se celebró en Legazpi por el fallecido en mayo de 2016.
Concentración de protesta que se celebró en Legazpi por el fallecido en mayo de 2016. / CRISTINA LIMIA

Aun cuando los dos acusados agredieron en la cabeza a la víctima para sustraerle la cartera, la autopsia excluyó el golpe como causa de la muerte

JAVIER PEÑALBASAN SEBASTIÁN.

Tienen 20 y 31 años. Son de etnia gitana. Durante unas horas fueron considerados autores de la muerte el pasado año de un vecino de Legazpi, Ander Aranburu, a quien propinaron un golpe en la cabeza para luego robarle. Permanecieron seis meses y medio en prisión, de mayo hasta mediados de noviembre. Ahora, la justicia se ha pronunciado y les ha condenado a penas de cárcel pero no como responsables de un delito de homicidio, sino como culpables de un robo con violencia.

La muerte de Ander Aranburu, de 46 años, se produjo la madrugada del 30 de abril de 2016 y el caso generó una notable reacción social en la localidad. Apenas cuarenta y ocho horas después del fallecimiento varios cientos de personas se concentraron en repulsa por lo acontecido.

Los hechos, según se recoge en la sentencia dictada ahora por el Juzgado de lo Penal número 1 de Donostia, se iniciaron entre las 1.30 y 2.00 horas de la madrugada, en el interior del bar Elizondo de la localidad. La resolución precisa que aquella noche los dos acusados estuvieron hablando con la víctima y que, en un momento dado, mantuvieron una discusión, aunque la trifulca no pasó a mayores.

A continuación, según el texto judicial, Ander abandonó el establecimiento hostelero y a los pocos minutos los acusados hicieron lo propio. Estos siguieron a la víctima hasta los soportales de la iglesia, situada a unos ocho metros del bar y «de común acuerdo» y con la «intención de obtener un beneficio económico», afirma la juez, le golpearon en la cabeza, le quitaron la cartera y abandonaron la zona de manera apresurada, dejando a la víctima «tirada en el suelo». Ander fue finalmente evacuado con urgencia al Hospital Universitario Donostia, donde ingresó en la Unidad de Vigilancia Intensiva. En el momento de su llegada al centro sanitario, su estado era crítico y en el transcurso de la jornada la situación en lugar de mejorar fue agravándose hasta que horas después falleció.

Primeras hipótesis

Aun cuando en un primer momento las evidencias y pruebas que manejó la Ertzaintza inducían a pensar que el golpe que los acusados le propinaron o la caída que sufrió como consecuencia de la agresión pudo desencadenar la muerte, la autopsia que se le practicó en el Instituto de Medicina Legal de Donostia descartó este extremo. La necropsia determinó que «el fallecimiento se hubiese producido igualmente sin la agresión cometida» y que tampoco generó un «nivel de excitación» que tuviese incidencia en la muerte.

Uno de los acusados ha sido sentenciado a tres años de prisión y el otro, a dos y medio

La familia del fallecido se reserva las acciones civiles para pleitear contra los autores del delito

No obstante, los dos acusados fueron enviados a prisión, aunque el ingreso en Martutene resultó un tanto rocambolesco, ya que, inicialmente, tras el paso de los detenidos por el juzgado, la autoridad judicial ordenó que ambos fueran puestos en libertad. Esta decisión se tomó a petición de la Fiscalía, cuyo representante tuvo conocimiento de que la muerte de Aranburu no era producto del traumatismo que sufrió en la cabeza, sino que se debía a causas no violentas. De esta forma, consideró que sin tener esta certeza, no podía solicitar una medida tan grave como la de privación de libertad. Así, los sospechosos abandonaron la sede judicial y regresaron a sus respectivos domicilios en Legazpi. Sin embargo, en las horas siguientes, sin otro motivo, la situación dio un giro radical. A media tarde, la juez ordenó a la Policía la detención inmediata de los dos varones que fueron conducidos de nuevo a la comisaría de Bergara, donde permanecieron hasta ser trasladados de nuevo al juzgado y pasadas las diez de la noche se decretó su conducción al centro penitenciario, donde pasaron casi siete meses.

La sentencia dictada por el Juzgado de lo Penal no es firme y puede ser recurrida ante la Audiencia Provincial. La juez impone a uno de los acusados tres años de prisión, mientras que al otro le sentencia a dos años y seis meses después de que le haya aplicado la atenuante de alteración psíquica, ya que tiene, según se indica en la sentencia, una capacidad «intelectual límite próxima al retraso mental leve». Añade que dicha patología hizo que el día de los hechos sus capacidades volitivas estuviesen levemente limitadas.

Ander Aranburu era natural de Usurbil y residía en Legazpi, aunque no tenía familia en dicho municipio. Sus herederos se han reservado expresamente las acciones civiles que pudieran corresponderles por estos hechos.

Fotos

Vídeos