Condenado el dueño de un bar de Irun tras servir por error líquido del lavavajillas en lugar de mosto

Condenado el dueño de un bar de Irun tras servir por error líquido del lavavajillas en lugar de mosto

Ha sido sentenciado a indemnizar con 53.000 euros a la víctima

Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBASan Sebastián

El dueño de un bar de Irun ha sido condenado a indemnizar con 53.657 euros a un cliente al que, por error, sirvió un producto corrosivo que se emplea para la limpieza del lavavajillas en lugar de mosto. A consecuencia del suceso, el líquido le produjo abrasiones en una parte del aparato digestivo. Además de la suma indemnizatoria, el titular del negocio ha sido sentenciado a la pena de tres meses de prisión como autor de un delito de lesiones imprudentes.

La resolución, que ha sido dictada por el titular del Juzgado de lo Penal número 2 de Donostia, se pronuncia sobre unos hechos que acontecieron en julio de 2012, después de que la persona que regentaba el bar sufriese una avería en el dosificador del lavavajillas.

Para poder hacer uso del aparato y no tener que lavar todo a mano, el hostelero rellenó una botella de vidrio con el líquido limpiador que acumulaba en un bidón. Así, cada vez que tenía que hacer uso de la máquina, vertía el producto directamente de la botella. Según la sentencia, esta operación se repitió varias veces a lo largo del día.

La intoxicación se produjo por la tarde. Sobre las 20.30 horas, al término de un funeral, la víctima se dirigió al establecimiento hostelero en compañía de otras tres personas. Los clientes demandaron dos zuritos, un vino, así como un zumo de manzana. La sentencia precisa que como el zumo se había agotado, el cliente solicitó un mosto.

El dueño de bar echó entonces mano a la botella sin percatarse de que era la que había rellenado con el producto para limpiar la vajilla. El «fatal descuido», se indica en la sentencia, hizo que el hostelero sirviera el líquido corrosivo al cliente, que se lo llevó a la boca.

Abrasado

Tras el trago, el varón «notó inmediatamente cómo se abrasaba la boca y el esófago». En el instante inmediatamente posterior, la víctima cayó al suelo presa del dolor. Los miembros de su cuadrilla le prestaron la primera atención y seguidamente llamaron al 112.

En el proceso estaba también encausada la esposa del dueño del negocio que, sin embargo, ha sido absuelta

Como consecuencia de los hechos, el cliente sufrió lesiones que tardó 148 días en curar, 17 de ellos en el hospital.

En el proceso estaba también encausada la esposa del dueño del negocio que, sin embargo, ha sido absuelta. El magistrado Santiago Romero Buck Arstad estima que no ha quedado probado que la mujer tuviera conocimiento de que su marido hubiese llenado la botella de mosto ni que hubiese creado una situación de riesgo.

Recuerda en este sentido que en cuanto supo lo que había hecho dijo «cómo has echado eso en la botella». Precisa también que la mujer no trabajaba formalmente en el bar y sostiene que no puede imputársele ni la autoría ni la participación en las lesiones.

El juez responsabiliza del hecho únicamente al esposo, a quien considera autor del delito y le condena a indemnizar con 9.457 euros por las lesiones que el cliente sufrió, con otros 32.000 por las secuelas y con 12.000 más por el perjuicio moral «por la pérdida grave de calidad de vida», afirma el magistrado.

El juez concluye que se produjo una infracción del «deber de cuidado», ya que al tratarse de un establecimiento de hostelería que sirve consumiciones al público, «está claro» que dicho deber se «quebrantó al tener mezclada la botella con el líquido de lavavajillas con las destinadas a las consumiciones propias del establecimiento». Destaca al respecto que ha de existir un «deber especial por parte de estos establecimientos» en cuanto al cumplimiento de la normativa en materia de salud.

El juez, además de considerar que existió un descuido gravísimo, reprueba al hostelero que no tuviera contratado un seguro de responsabilidad civil. «Se aprecia un plus de reproche personal por dejación de sus obligaciones». No obstante, el juez valora el comportamiento que tuvo cuando tras el «fatídico accidente» llamó al 112 y acudió al hospital para interesarse sobre el estado del cliente. La resolución no es firme y puede ser recurrida ante la Audiencia Provincial de Gipuzkoa.

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