Menos comuniones y falta de catequistas

3.100 niños guipuzcoanos, menos de la mitad de los nacidos en 2009, harán su primera Eucaristía este mes. «La población de catequistas está envejeciendo y no encuentra relevo generacional», señalan desde la Diócesis

Menos comuniones y falta de catequistas
JUDITH URQUIJO SAN SEBASTIÁN

Llega mayo y con él las comuniones. Este año cumplirán con el sacramento de la Eucaristía alrededor de 3.100 niños guipuzcoanos de los 7.164 nacidos en 2009, según los datos de la Diócesis de San Sebastián y Eustat. Si hace apenas diez años 4.500 niños pasaban por este rito de la iglesia católica, la progresiva secularización de la vida social y familiar hacen que cada vez sean menos los que se unan a la celebración.

Mirando hacia atrás, desde la propia Diócesis de Gipuzkoa advierten de una progresiva y lenta disminución de grupos de niños y jóvenes en las catequesis parroquiales. «Cada vez son más los padres que optan por no mandar a los niños a la catequesis y, por lo tanto, no celebran la Primera Comunión. En otros casos las cifras descienden tras la celebración. Muchos padres prefieren mandar a sus hijos a inglés o a fútbol, pero creo que dentro de cada uno hay una parte espiritual que también se debería cultivar. Es una pena que solo valoren esa parte y no se les inculque este proceso», explica Lourdes Otaegi, la responsable de catequesis infantil en Gipuzkoa.

«Aún así, he de reconocer que existe un gran segmento de familias comprometidas que esperan con ilusión este gran día y que inculcan a sus hijos estos valores», añade Otaegi. Este año, otros 3.100 niños guipuzcoanos recibirán su Primera Comunión, lo que da prueba de que se trata de un rito arraigado en la sociedad guipuzcoana.

De la catequesis de padres y de la de niños se ocupan alrededor de 1.000 catequistas guipuzcoanos, 500 menos que hace diez años. En su mayoría son mujeres casadas y con hijos. En este apartado, en algunas parroquias tienen cierto déficit de voluntarias. «La población de catequistas está envejeciendo. Aunque entran nuevas de entre 35 y 50 años, existe otro perfil de mujeres mayores que no pueden dejar la catequesis porque no encuentran relevo generacional. Habría que darle una vuelta de tuerca a todo», añade Lourdes.

«Hay muchas familias comprometidas que esperan con ilusión este día», añaden en la Iglesia

De hecho, de entre los niños guipuzcoanos de entre seis y doce años que acuden semanalmente a las reuniones de las parroquias repartidas por todo el territorio, una gran mayoría dejará de asistir tras pasar por el rito católico. Se concentran en los primeros tres cursos y luego abandonan esta rutina. «Es cierto que la segunda etapa va a la baja pero aún así sigue habiendo niños y niñas comprometidos», recalca la responsable de las catequesis.

Desde la Diócesis de San Sebatián aseguran también que «el descenso de comuniones es menor que el de las bodas». Las razones por las que la primera comunión sea uno de los ritos católico más arraigados van también de lo religioso y moral a lo social. En muchas parroquias aseguran que no debe interpretarse que tras esa ceremonia hay solo un fenómeno de imitación (esa petición del niño o la niña para comulgar «porque otros de mi cole lo hacen»).

«La catequesis dura cuatro años en muchos lugares, y eso supone un compromiso de los padres para llevar a sus hijos, ir a reuniones y demás. Demasiado como para que se deba solo al mero interés por montarles una fiesta a los niños y reunirse con los familiares». De hecho, en Euskadi no han arraigado sucedáneos como las 'primeras comuniones civiles', de las que se empezó a hablar ya hace casi una década en algunos lugares, a imitación de los 'bautizos civiles'.

No faltan regalos

Viajes a parques temáticos, sesiones de peluquería, salones de celebraciones y largas listas de invitados. Así es cómo ha cambiado la celebración de las comuniones respecto a lo que ocurría antaño. Lo que antes eran acontecimientos familiares pequeños y en los que los niños eran los protagonistas, con el tiempo, las comuniones han pasado a ser, en algunos casos, algo más fastuoso y social. Mayo va a empezar a hacerle la competencia a la cuesta de enero si la Primera Comunión sigue por este camino.

Lo que en la mayoría de los casos supone ese señalado domingo de mayo es un quebradero de cabeza para las economías domésticas. Aunque no sea generalizado, los regalos y los trajes de los niños suponen un gasto que en ocasiones desvirtúa el sentido de la comunión cristiana. El primer paso suele ser la adquisición del traje, pero que también requiere de una decisión previa: comprar, alquilar o utilizar el de un pariente.

Los trajes de marinero suelen variar entre 160 y 280 euros; los de niña, entre 200 y 800

Si, como suele ser más habitual, se opta por la compra del vestuario, será una de las cuestiones que subirá el precio de la jornada festiva, ya que los trajes de marinero suelen variar entre los 160 y los 280 euros, mientras que los de niña oscilan entre los 200 y los 800 euros. Aunque si se quiere incluir varios complementos como diadema, flores, lazo, guantes o can can aumentaría entre 10 y 120 euros, además de la peluquería que ronda los 50 euros.

«Hay precios para todos los bolsillos. Están los que vienen con un presupuesto de 100 euros e intentamos adaptarnos a ello, y otros, sin embargo, que optan por el traje más caro», señala Mari Jose Rodríguez, responsable de la tienda de moda infantil Casa Rodríguez de San Sebastián.

Fruto del trato con los clientes, Mari Jose escucha a menudo los planes de cada comunión. «Siguen viniendo amonas buscando el mejor traje porque ven es un día único. Es cierto que lo que antes era un mero acto religioso, ahora se ha convertido en una 'excusa' para reunirte con familiares y amigos. Al fin y al cabo un día es un día», añade.

En algunas casos, la iglesia proporciona a los niños un hábito para ese día y, por lo tanto, los padres se ahorrarán un buen pellizco ya que es algo prestado.

Sin embargo, por muy elaborado que sea el vestido, el apartado más costoso es sin duda el banquete. No solo por el precio del cubierto, que suele ir de los 30 a los 70 euros, sino porque la celebración ha dejado de ser una cuestión estrictamente familiar para convertirse un día en el que se acercan a festejarlo también amigos de la familia, elevando considerablemente el número de invitados y por tanto, el resultado de la cuenta final. «Hay un miedo en la familia por no estar a la altura. Se convierte en una reunión familiar en la que quieres quedar bien con todos y que tu celebración sea mejor que la del otro. Es entonces cuando se crea una competición interna familiar y empiezas a agrandar el menú. En algunos casos se te puede ir de las manos», cuenta Ignacio Muguruza, del restaurante Atalaia de Irun.

Aún así, ha notado un descenso notable en las reservas de este año: «Nos dimos cuenta ya hace tiempo que cada año hay un bajón económico porque la gente celebra cada vez menos este acto».

Las dos caras

Pero si hay una cuestión que en ningún caso puede pasarse por alto es tener imágenes para el recuerdo. Y por eso, otro de los gastos de la Primera Comunión es el reportaje fotográfico previo y que suele rondar entre los 80 y los 300 euros, en función de lo que se escoja.

En cuanto al estilo de las fotografías, atrás quedaron los posados en el estudio con las manos juntas apoyadas en la cara. Ahora, las fotos de estudio, con posados diferentes y más divertidos, se suelen combinar con exteriores, donde se buscan gestos más naturales de los pequeños.

El capítulo de los regalos es el momento que más escandaliza a algunos. La muñeca y el libro de Comunión han pasado a un segundo plano y, aunque se siguen regalando, son un complemento al 'plato fuerte'. Es el viaje a Eurodisney el que ocupa el primer puesto de los deseos infantiles y el número de reservas, señalan algunas agencias de San Sebastián. «Habitualmente se solicitan packs de dos noches y tres días y rondan los 400 euros por persona y día (solo la estancia). Si a ello quieres añadirle pensión completa habría que sumar 60 euros por cabeza», apuntan. Entre la lista de regalos de moda se encuentra la clásica Play Station, que ronda los 400 euros o un smartphone que suponen otros 600.

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