El fiscal estrecha el cerco a los acusados en la operación de cocaína de Zumaia

Funcionarios de Aduanas, el día en el que descargaron la droga en Zumaia. / Arizmendi

El responsable de Vigilancia Aduanera aporta pruebas que sitúan a los principales sospechoso en el puerto guipuzcoano tras la llegada del velero

Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBASan Sebastián

La Fiscalía de Gipuzkoa ha estrechado este miércoles un poco más el círculo sobre las ocho personas presuntamente implicadas en la operación de narcotráfico que permitió la aprehensión en 2011 de 594 kilos de cocaína en Zumaia.

Después de las sesiones del lunes y martes, en las que los acusados negaron ante el tribunal de la Audiencia su vinculación con el alijo y ofrecieron todo tipo de pretextos sobre los indicios incriminatorios que pesan sobre ellos, este miércoles los funcionarios del Servicio de Vigilancia Aduanera de Gipuzkoa han aportado una amplia batería de pruebas sobre la supuesta participación de los acusados en la operación.

El jefe de la Unidad del Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA) de San Sebastián conoce los entresijos de la investigación que posibilitó la desarticulación de la «organización criminal», según palabras del fiscal antidroga de Gipuzkoa, David Mayor. El testigo ha ofrecido todo lujo de detalles de la operación, desde que el barco ‘Catalejo’ arribó al puerto deportivo de Zumaia hasta que finalizó la instrucción. «Recibimos el 5 de octubre una comunicación por parte del servicio central de Madrid que nos advertía de que la embarcación era sospechosa de transportar un cargamento de droga. Se nos indicó que estaba por el Cantábrico y que se le había perdido de vista», ha afirmado el responsable de la unidad.

El testigo ha recordado que las averiguaciones realizadas en los instantes posteriores les llevaron a detectar la presencia del velero en el puerto de Zumaia. «Cuando llegamos allí nos dijeron en la oficina portuaria que los tripulantes no estaban, que habían salido a comer o pasear. Vigilamos el barco, les vimos llegar a la cafetería y más tarde se dirigieron al velero. Esperamos unos minutos y nos aproximamos. Nos colocamos los chalecos de funcionarios y les llamamos».

«No trabajaba y conducía coches de alta gama»

En la sesión de este miércoles han testificado tres agentes del Grupo de Drogas de la Ertzaintza de Bilbao que han definido al presunto cabecilla de esta trama, José María R.D., como uno de los «principales líderes en el narcotráfico vizcaíno». Los agentes han detallado que el investigado no tenía ninguna actividad laboral y además utilizaba vehículos de alta gama, «de los que cuestan 60.000 euros» y han dicho que ninguno de ellos estaba a su nombre. Han indicado que dos investigaciones, ambas judicializadas, se iniciaron después de que recibieran informaciones sobre la presunta implicación del sospechoso en una operación de traslado del cocaína desde Suramérica en un barco. Han recordado que las pesquisas no fructificaron, si bien supieron que la mercancía llegó. Sobre la segunda investigación, desarrollada en 2011, las indagaciones tampoco dieron resultado, «pero cuando tuvimos conocimiento de la aprensión de Zumaia, no nos extrañó nada. Sabíamos que nuestra información era buena», ha precisado uno de ellos. Los ertzainas, sin embargo, han tenido que admitir que pese a sus averiguaciones, el supuesto cabecilla «nunca ha sido condenado».

El agente ha indicado que pidieron autorización para subir a bordo y reclamaron la presencia de ambos en la cubierta. «Un compañero observó desde el exterior cómo uno de los tripulantes que había bajado a buscar su documentación rompía un papel en el que luego vimos que había anotados dos números de teléfono».

El testigo ha afirmado que mientras se llevaban a cabo las oportunas comprobaciones, otro funcionario, oficial marítimo del SVA, con una amplia experiencia, «se asomó ligeramente y vio la parte que la camareta del velero estaba repleta bultos. Dada la experiencia de esta persona, pues ha intervenido en multitud de actuaciones, dijo que los detuviéramos, que iba cargado. Y así fue».

El jefe de la Unidad del Servicio de Vigilancia Aduanera reconoce la valiosa información que les aportó el tripulante que ha desaparecido

A partir de aquel momento, la unidad aduanera, con la supervisión judicial, dio inicio a una investigación dirigida a profundizar en la trama y conocer las identidades de las personas que habían diseñado el traslado de la droga.

El testigo ha indicado que las averiguaciones se sustentaron en cuatro ejes. Ha recordado, por un lado, la colaboración «totalmente desinteresada» que recibieron de uno de los tripulantes del velero, el británico Daniel James O’Shaugnessy, que no ha comparecido en el juicio y de quien nada se sabe desde que el pasado 15 de junio firmó en el juzgado de Eibar. Su desaparición es un misterio. La Audiencia ha cursado órdenes internacionales de busca que hasta el momento no han dado resultado.

Además de la valiosa información facilitada por Daniel James que implicó en las operaciones al presunto jefe de la organización y a su lugarteniente, el ciudadano colombiano Alexander P., los funcionarios visionaron las cámaras de seguridad existentes en el puerto deportivo, lo que les permitió saber que la mañana de la llegada del barco, el supuesto jefe, su mano derecha y dos más de los acusados se desplazaron a Zumaia, donde mantuvieron un primer encuentro con los tripulantes. Todos ellos acordaron regresar por la tarde para el desembarco. No obstante, el testigo ha afirmado que la descarga no se realizó porque los acusados les descubrieron. El funcionario también ha revelado que aquella misma mañana, uno de los acusados había alquilado una furgoneta en Bilbao que fue con la que se desplazaron a Zumaia para el transporte de la droga.

Investigación telefónica

El tercer pilar en el que se fundamentó la investigación fue el estudio del tránsito de llamadas telefónicas, que registraron contactos entre los principales acusados y los tripulantes del velero. Ha afirmado asimismo que los presuntos traficantes usaron terminales de familiares cercanos al supuesto cerebro de la trama y de terceras personas, ajenas totalmente al caso, que ignoraban que se hubiesen empleado sus identidades para la obtención de móviles. «Esta es una práctica habitual entre quienes se dedican al tráfico de drogas», ha dicho.

El miembro del SVA ha recordado simismo que las investigaciones les permitieron determinar la implicación del considerado máximo jefe mediante la información obtenida de un teléfono que fue arrojado al agua por Daniel James, con el que el británico le había llamado a los números que trató de destruir tras su llegada al puerto. El responsable aduanero no ha pasado por alto las transacciones económicas que se hicieron a través de cuentas de dos acusado para pagar la compra del velero, una por importe de 25.000 euros, otra de 22.754 y la tercera por valor de 23.144. El juicio continúa este jueves.

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