El cliente que creía saber más que su abogado

Condenado en Donostia por amenazar a su letrado por la forma en que le defendía

JAVIER PEÑALBASAN SEBASTIÁN.

Más de un abogado pensará cuánto mal les están haciendo las series de televisión, especialmente las de investigación criminal. Temporada tras temporada, capítulo tras capítulo, el lenguaje jurídico o policial ha calado en la sociedad. Asesinato, homicidio, blanqueo de capitales, atenuante, agravante, procesamiento del escenario... son conceptos y expresiones que los ciudadanos manejan con cierta soltura, hasta con ligereza, muchas veces sin saber muy bien su significado real. Algunos hasta se atreven a censurar a sus propios abogados las estrategias que plantean en los litigios. Esto último es lo que le sucedió a un letrado de Irun, cuyo cliente le amenazó e incluso causó diversos destrozos en su despacho después de recriminarle por la forma en la que estaba llevando su defensa. El cliente ha sido ahora condenado al pago de diversas multas tras haber sido declarado autor de dos delitos, uno de amenazas y otro de daños.

Sucedió el 28 de noviembre de 2012. El acusado se presentó a media tarde en el despacho profesional de un abogado irunés, al que le recriminó sobre la forma en la que estaba llevando su defensa en un asunto administrativo que le había encomendado, según se recoge en la sentencia dictada por la titular del Juzgado de lo Penal número 1 de Donostia.

La resolución relata que el acusado, «levantando la voz», con una actitud agresiva y «con el ánimo de menoscabar la propiedad ajena», cogió la pantalla del ordenador que había sobre la mesa y la lanzó contra la impresora que terminó por los suelos. Ante la actitud violenta, el letrado pidió al acusado que abandonase el despacho, a lo que éste respondió: «esto no va acabar así, me lo voy a cobrar en carne». Como consecuencia de estos hechos, la pantalla del ordenador y la impresora sufrieron daños que fueron tasados en 910 euros.

El día del juicio, el acusado negó haber mantenido una discusión fuera de tono en el despacho y asimismo rechazó haberle arrojado la impresora. Manifestó que la imputación por el letrado se debía a la «animadversión» que tenía hacia él a causa de las discrepancias que mantenían sobre cómo se debía llevar el caso. No obstante, reconoció haberle recriminado por su «impericia profesional», si bien matizó que nunca discutió con él. El acusado atribuyó la caída del ordenador al hecho de que se habían enrollado los cables en la silla.

El abogado, sin embargo, ofreció la misma versión que la sentencia recoge en el capítulo de los hechos probados. Sostuvo, por lo tanto, que el acusado, enojado, cogió el ordenador y lo tiró sobre la mesa. Relató que seguidamente comenzó a dar «berridos», momento en el que le instó a que abandonara el despacho. Aseguró asimismo que tras escuchar las amenazas «sintió miedo», por lo que puso los hechos en conocimiento de la Ertzaintza, cuyos agentes llevaron a cabo una inspección ocular.

El acusado cogió la pantalla del ordenador y la arrojó contra la impresora dentro del despacho

El juzgado le impone dos multas por un importe de 2.400 euros cada una

Declaración «verosímil»

Pese a las versiones contradictorias, el juzgado considera que la declaración del acusado quedó desvirtuada con la prueba que se practicó en la vista oral. Recuerda en este sentido, que la manifestación del letrado fue «coherente, verosímil, creíble, detallada, persistente en el tiempo...». Además indica que no concurre ningún motivo para dudar de dicha credibilidad. Además, la titular del juzgado sustenta el fallo condenatorio en las manifestaciones de otros testigos así como en el acta de inspección ocular llevada a cabo por la Ertzaintza que resulta coincidente con lo expresado por el abogado.

Por todo ello, la magistrada impone al acusado dos multas de 2.400 euros cada una y además le sentencia a indemnizar al abogado con 1.101 euros. La sentencia puede ser recurrida ante la Audiencia. En la resolución, la juez ha aplicado la atenuante de dilaciones indebidas, por haberse alargado el proceso en el tiempo sin una causa justificada.

El Colegio de Abogados de Gipuzkoa ha ejercido la acusación particular.

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