Un choque interno con polémicas intermitentes

A. A. SAN SEBASTIÁN.

La publicación del manifiesto por parte de la corriente crítica dentro de la Iglesia guipuzcoana hacia Munilla no ha sorprendido en el obispado. De forma más o menos ruidosa, este núcleo de oposición, agrupado bajo el colectivo Eutsi Berrituz, ha venido manifestando sus desacuerdos con la forma de hacer del prelado guipuzcoano. Su nombramiento cerró el mandato de Juan María Uriarte envuelto en polémica, con parte de la diócesis levantada por el cambio de timón en la cúpula católica guipuzcoana. Entonces, el 77% de los párrocos de la diócesis expresó su «dolor y profunda inquietud» por la elección de Munilla. «En modo alguno es la persona idónea para desempeñar el cargo», afirmaron en un comunicado, firmado por 131 párrocos, sacerdotes diocesanos y religiosos del territorio. El escrito remitido ayer contó con la adhesión de 19 sacerdotes, además de 27 religiosos y 907 hombres y mujeres laicos, con estrecha vinculación a la Iglesia.

Ese malestar, bajo el que laten dos formas de ver y gestionar la Iglesia, una más conservadora y otra más progresista, ha permeado con polémicas intermitentes. Al año de su llegada a Gipuzkoa, más de 2.700 católicos denunciaron en una carta pública el silencio del prelado donostiarra sobre el proceso iniciado por el Vaticano contra el libro «Jesús, una aproximación histórica» del teólogo José Antonio Pagola, una de las voces más representativas de la Iglesia vasca. El traslado de los seminaristas de la diócesis de Gipuzkoa a Pamplona volvió a enfurecer a esos críticos. En otro escrito público, en 2014, el colectivo acusó a Munilla de gobernar la diócesis «como su feudo» y de romper la línea pastoral de sus antecesores, José María Setién y Juan María Uriarte. Hace un año, su balance incidía en las mismas sombras: la Iglesia de Gipuzkoa «está como sin vida» y «dividida», sentenciaron.

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