«El chófer actuó con evidente desprecio a la vida de los restantes conductores»

El camión implicado en el accidente se salió de la calzada tras el siniestro./UNANUE
El camión implicado en el accidente se salió de la calzada tras el siniestro. / UNANUE

Las acusaciones mantienen su petición de 15 y 12 años y medio de prisión para el 'kamikaze', que ayer pidió perdón por vez primera a la familia de la víctima

JAVIER PEÑALBASAN SEBASTIÁN.

Dos años y cuatro meses ha tardado el conductor 'kamikaze' en pedir perdón a la familia de Beatriz Hernández Rivas. Lo hizo ayer, en el último minuto de la última jornada del juicio que se ha celebrado en la Audiencia de Gipuzkoa. «Quiero aprovechar esta oportunidad para pedir perdón a los familiares. Nunca he tenido la intención de hacer daño a nadie. No sé por qué, pero pasó», manifestó el procesado en su turno de la última palabra. En la sala de vistas, entre el público, Elena Hernández, hermana de Beatriz, bajó la mirada al escuchar sus palabras. «Ya no valen las disculpas. Lo que ahora diga no tiene ningún sentido», afirmó al término de la vista.

La segunda y última jornada del juicio sirvió para que las partes prácticamente se ratificasen en las tesis que hasta ahora han mantenido. La Fiscalía, aun cuando admitió la atenuante simple de embriaguez, reiteró su solicitud de doce años y medio de prisión para el procesado, en tanto que la acusación particular que ejerce la familia de la víctima demandó 15 años. Ambas acusaciones, no obstante, introdujeron una novedad en sus conclusiones finales. Lo hicieron de manera subsidiaria, es decir, para el supuesto de que el tribunal de la Audiencia concluyese que el transportista no actuó de manera dolosa, sino de forma imprudente. Solo en ese caso pidieron cuatro años de cárcel. La defensa, por su parte, reclamó 3 años.

Para las acusaciones, el proceso judicial ha permitido demostrar que el conductor actuó con «manifiesto desprecio a la vida de los demás conductores». En opinión de la fiscal Estela Rodríguez, «está constatado» que el acusado, tras ingerir bebidas alcohólicas se subió al camión, arrancó, se introdujo en sentido contrario por la N-1 y circuló a lo largo de 9 kilómetros y 400 metros, durante nueve o diez minutos, hasta provocar el accidente que causó la muerte de Beatriz Hernández Rivas. Y puso en «inminente y concreto riesgo» a los demás usuarios de la vía, «hasta el punto de que algunos tuvieron que realizar maniobras evasivas para no impactar contra el transporte», añadió.

«Consciente de lo que hacía»

La fiscal recordó que el acusado, que arrojó una tasa de alcohol en sangre de 2,31 gramos por litro, protagonizó una conducción en la que, a su juicio, «se constata» que actuó con «un evidente desprecio a la vida de quienes en el momento de los hechos circulaban por los mismos carriles de la N-1», entre Tolosa y Villabona. «Que estaba afectado por el alcohol está claro, pero ¿en qué parcela», se preguntó la fiscal. Ella misma ofreció la respuesta. «Lo estaba en su impulsividad, en su desinhibición, pero tenía totalmente conservadas sus facultades cognitivas. Cuando cogió el camión era consciente de que lo hacía después de haber bebido», argumentó la representante del ministerio público.

Peticiones de pena

Fiscal.
12,6 años de prisión por un homicidio con dolo eventual. De manera solo subsidiaria solicita 4 años de condena por homicidio imprudente.
Acusación particular.
15 años de prisión por un homicidio con dolo eventual. De manera también subsidiaria solicita 4 años por homicidio imprudente.
Defensa.
3 años de prisión por homicidio imprudente.

La fiscal sostuvo que hay «suficiente» prueba testifical y documental que permite concluir que «sabía lo que hacía». En este sentido añadió que «contamos con testigos que, aun cuando reconocen que se le notaba un poco bebido, afirman que mantenía una conversación coherente y respondía de manera lógica. Además, fue capaz de subirse al camión, insertar la tarjeta del tacógrafo e introducir los datos».

Por si estas circunstancias no fueran suficientes, la fiscal argumentó que la conducción que protagonizó fue normal. «Salvo que iba en sentido contrario, no iba en zig-zag. Mantenía una circulación recta y lo que es muy importante, ajustó la velocidad a las características de la vía. Era capaz de aumentar la velocidad en las rectas y disminuir en las curvas. Una persona que está en un grado de confusión mental tan elevado como el mismo nos ha asegurado, que no es consciente de por dónde va y de lo que hace, difícilmente podría llevar a cabo esa conducción», indicó.

La fiscal añadió que el acusado sabía que estaba poniendo en riesgo la vía de los demás. «Se cruzó con muchos que le dieron las luces e incluso tocaron la bocina. Pero es que en la mayor parte del recorrido el camión discurrió en paralelo a los carriles del sentido contrario desde donde también le advirtieron. Se tuvo que dar cuenta porque tenía plenamente conservadas sus facultades cognitivas. Sabía por dónde iba y lo que hacía», concluyó Estela Rodríguez.

«Es el día de la víctima»

Iñaki Sánchez, el letrado que representa a la familia de Beatriz Hernández y artífice de que sobre el conductor recaiga una imputación de homicidio doloso -es uno de los primeros casos que se dan en España- incidió en los mismos argumentos que la fiscal. Pero antes de abordar los aspectos jurídicos tuvo palabras de recuerdo para la errenteriarra fallecida. «Hoy no es el día del acusado, sino de la víctima, de la familia. El día que han esperado para que, de alguna manera, pudiéramos sacar a la luz lo que aconteció», dijo el abogado.

Sánchez afirmó que la «exhaustiva» prueba había permitido acreditar que el acusado era «plenamente consciente de que sabía y conocía el peligro que generaba y lo aceptó». Añadió que se había logrado cerrar el círculo de pruebas, desde que el que acusado tomó los mandos del transporte, durante la conducción y en los instantes posteriores al siniestro. «Desde el momento en el que se incorporó a la N-1 empezó a recibir señales acústicas y luminosas por parte de los conductores. Además, nadie ha podido demostrar que su conducción fuera anómala» y precisó que «no hay nada que permita sospechar que sufriera un síncope por una pérdida de consciencia o un mareo».

El letrado manifestó que la prueba contra el acusado era «palmaria» y sostuvo que el chófer mantuvo «su capacidad de comprender», aun cuando la tasa de alcohol que arrojó fue elevada. «Es bebedor habitual y tenía una capacidad de asimilar el alcohol muy por encima de la que pueda tener una persona normal que habría dado una sintomatología mucho más clara», dijo.

«No era consciente»

El letrado de la defensa, por su parte, tras «lamentar profundamente» el fallecimiento de Beatriz Hernández, y «comprender» que las acusaciones pretendan con este caso dar una respuesta a la demanda social que exige penas más graves para quienes protagonizan este tipo de episodios, precisó que «el camino no debe ser este. Si el legislador hubiese querido penalizar de una manera diferente las imprudencias graves con resultado de muerte, hubiera modificado el Código Penal. Sin embargo, si leemos la redacción del articulado del de 1995 y el de 2015, es prácticamente la misma», afirmó el abogado Miguel Escribano.

El letrado afirmó que «no se puede calificar un delito como doloso cuando no se tiene ninguna intención de matar a nadie». Y sostuvo que «ese error o ese despiste» que tuvo su cliente, «ocasionado por el consumo de alcohol o la coingesta de alcohol y el medicamento para la presión arterial, le llevó a salir por el lado equivocado».

Argumentó que su cliente creyó que conducía correctamente. «Se situó a la derecha e incluso advirtió al resto de usuarios, pensando que los que iban circulando mal era ellos. No era consciente de lo que estaba realizando», concluyó.

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