Una central nuclear segura 'made in Gipuzkoa'

El físico donostiarra Javier Larrión./Lobo Altuna
El físico donostiarra Javier Larrión. / Lobo Altuna

El accidente de Fukushima inspiró al físico donostiarra Javier Larrión a inventar el modelo | La principal diferencia es que los edificios están enterrados por debajo del nivel del mar. La patente ya ha sido aprobada en Europa, EE UU y Japón

Aiende S. Jiménez
AIENDE S. JIMÉNEZSan Sebastián

El 11 de marzo de 2011 Japón sufrió un terremoto de magintud 9.0, seísmo que provocó a su vez un maremoto que llegó a alcanzar olas de 40 metros de altura. Estos fenómenos causaron graves daños en numerosos puntos de la isla, incluida la central nuclear de Fukushima, donde los desperfectos derivados por el seísmo provocaron el accidente nuclear más grave desde el desastre de Chernóbil, siendo además el único que le iguala en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares. El accidente provocó una serie de explosiones, una triple fusión del núcleo y la liberación de radiación al exterior, por lo que el Gobierno japonés declaró el estado de emergencia nuclear, evacuando a toda la población que vivía en un radio cercano a la central.

La catástrofe fue seguida con preocupación en todo el mundo. Desde Donostia, el físico Javier Larrión pensó que el accidente fue «estúpido» y «evitable». «Falló lo que se conoce como seguridad pasiva, la que tiene que funcionar sin que nadie intervenga. Y falló porque se les fue la luz. Algo tan simple como increíble», señala indignado. A pesar de no haberse dedicado profesionalmente a la ciencia a la que se había formado, ya que siempre ha trabajado dentro del mundo de la industria, la pasión de este donostiarra por la física, en especial por todo lo concerniente a las energías nucleares, despertó su interés y decidió estudiar en profundidad los pormenores del accidente de Fukushima y el funcionamiento de las centrales en activo. Con un objetivo claro: idear una central segura en la que ese tipo de catástrofes no puedan producirse.

Esa idea se fue desarrollando hasta convertirse en proyecto. Un proyecto que Larrión ya ha conseguido patentar en Europa, Estados Unidos y Japón, a la espera de poder acceder a Canadá o Israel. La característica que le diferencia de las centrales nucleares convencionales es que la suya está enterrada bajo tierra, a unos 65 metros por debajo del nivel del mar.

Junto al mar

El funcionamiento es sencillo. «La central que he diseñado tiene un fusible térmico que en cuanto en el interior se alcanza una temperatura entre los 1.200 y los 1.800 grados, se funde instantáneamente y se inunda de agua», explica su inventor. El agua se vierte desde una piscina situada en el exterior que contiene una mezcla de agua de mar y agua borada -agua mezclada con ácido bórico que sirve como refrigerante de los reactores en las centrales nucleares-. De esta manera, señala Larrión, «se detiene la progresión de la reacción nuclear».

La condición para poder construirla es que esté al lado de una gran fuente de agua, como el mar o un lago, «por ello en Europa la patente solo sirve para zonas costeras, Suiza o Alemania». Además la central es antiterremotos, porque está situada como mínimo a 65 metros bajo tierra, antitsunami y está preparada contra un ataque terrorista.

Detalle del plano de una de las centrales nucleares.
Detalle del plano de una de las centrales nucleares. / Lobo Altuna

El físico donostiarra aclara que a pesar de que el método para evitar los accidentes nucleares sea inundar la central, esta puede volver a estar operativa, «ya que se puede recuperar a través de unas bombas de agua que vacían todo el contenido». Además, los trabajadores que se encontrasen trabajando en el interior podrían ser evacuados a través de un ascensor que funciona sin electricidad y que también ha patentado en algunos países.

La central diseñada es antiterremotos y está preparada contra un ataque terrorista

No obstante, como todo invento, la central nuclear segura 'made in' Gipuzkoa tiene un pero: su elevado coste. A la gran inversión que supone construir cualquier central nuclear habría que sumar los costes de la excavación de miles de metros cúbicos de tierra. Además, su aplicación no sirve para las centrales que ya existen y solo es posible en el caso de nuevas construcciones. «Aún y todo sería rentable si en vez de darle 30 años de vida se le dan 40», asegura su inventor, que añade que en el momento en el que se quisiera desmantelar «sería muy sencillo, porque todo está bajo tierra. Actualmente el cierre de una central nuclear exige unas inversiones enormes».

La instalación subterránea apenas produce contaminación, asegura Larrión

Aunque el proyecto está perfectamente plasmado en el papel, Larrión recuerda que «esta es una idea básica que aún requiere de muchas horas de trabajo de ingeniería. Si una empresa se plantea crear una nueva central nuclear puede recurrir a este modelo, aunque aún no he recibido el contacto de ninguna», reconoce Larrión, quien cree que su idea podría materializarse «en unos diez años, como pronto».

Menos contaminante

Su invento llega en un momento en el que las nucleares no gozan de buena reputación, donde se están desmantelando buena parte de las que aún se mantienen en activo en todo el mundo y cuando la apuesta por las energías renovables es cada vez mayor. Sin embargo, Larrión afirma que la energía nuclear «es inevitable en el futuro, ya que el petróleo se va a agotar y las renovables no van a ser suficientes para cubrir todo el abastecimiento. Ambas tendrán que aprender a convivir».

El físíco afirma además que la energía nuclear resulta más rentable que la renovable. «El coste de instalación en el caso de las energías renovables es de aproximadamente un millón de euros por megavatio, y en la nuclear es de entre dos y tres millones. Pero el rendimiento de una central nuclear es de unas 8.000 horas al año, y el de una granja eólica es de unas 2.500-3.000 horas. Se invierte más, pero el kilovatio es más barato». No obstante, Larrión insiste en que esta no es sino «una fuente más de energía, nunca podría ser sustituta completa de toda la generación de energía eléctrica».

Asimismo, afirma que la central subterránea apenas produce contaminación. «En las actuales se generan grandes presiones de vapor que se filtran a la atmósfera, pero en la que he proyectado los vapores van directos a la piscina de agua borada, donde se eliminan».

Larrión confía en que este nuevo modelo de estación nuclear puede ser una «buena herramienta de marketing para demostrar a la opinión pública que es posible construir una central nuclear más segura y menos contaminante».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos