A la caza del 'katamotz' en los montes guipuzcoanos

Hasta hace solo dos siglos los baserritarras guipuzcoanos abatieron a fieros y enormes linces a los que confundían con tigres y leopardos

A la caza del 'katamotz' en los montes guipuzcoanos
ANTTON IPARRAGUIRRE

El jabalí es hoy día el animal más grande y peligroso que se puede cazar en Gipuzkoa. A buen seguro que a los habitantes del territorio hace decenas de miles de años, incluso unos pocos siglos, este mamífero artiodáctilo de la familia de los suidos les parecería bastante pequeño e inofensivo, aunque su ataque pueda ser letal. Nada tiene que ver con la envergadura y agresividad del león de las cavernas, el bisonte estepario, el oso, el leopardo, el jaguar, el tigre..., fieros animales que poblaban las cuevas y montes guipuzcoanos.

Afortunadamente muchos de estos depredadores desaparecieron hace unos 10.000 años. La primera causa de extinción fue un fuerte cambio climático que hizo subir las temperaturas y provocó que las sabanas pasaran a ser bosques, lo que llevó al paulatino final de sus campos de caza. La segunda razón se sitúa en la aparición del ser humano. Los, también fieros y 'salvajes', neardentales guipuzcoanos, armados de valor y movidos por el instinto de supervivencia, comenzaron a cazarlos en un escenario natural muy hostil.

Ilustración de un león de las cavernas, esqueleto del hallado en Arrikrutz, Oñati, y dibujo de un tigre en la época del neardental.

Pese a todo esto... ¿Cómo es posible que miles de años después, ya en la Edad Media, aparecieran en los montes de Gipuzkoa leopardos, tigres, leones....? En base a documentos históricos, una teoría achaca su presencia a la afición por la caza de los reyes navarros, de los que los guipuzcoanos eran vasallos. En escenas esculpidas en capiteles, ménsulas, tímpanos y archivoltas de muchas iglesias los soberanos aparecen armados de flechas, lanzas, chuzos, hachas y ballestas para sus monterías. Van acompañados de perros, pero también de onzas bravas (grandes felinos), leopardos y leones domesticados. Estas fieras eran traídas de expediciones a diferentes países, en ocasiones por las cruzadas. Los utilizaban para la caza de pelo, del mismo modo que los halcones para la volatería. Por ejemplo para abatir venados. Los soberanos llevaban en la grupa del imponente equino un leopardo, e incluso un guepardo al que llamaban onza. Cuando volvían de las cacerías los tenían a buen recaudo en su palacio de Olite, en un lugar que se conocía como 'la leonera'.

Recompensas por matar osos

El oso era otro depredador enorme y peligroso presente en nuestros montes. Sus continuos ataques tanto a ganado como a personas hizo que las localidades la unión de Enirio y Aralar, reunidos en Zaldibia el 20 mayo de 1578 redactaran una ordenanza en la que se prometía el abono de «seis ducados por matar premio á cada uno que matara un ejemplar». En las cuentas de Villafranca -actualmente llamada Ordizia- aparece que, desde 1579 al de 1608 se pagaron premios a los cazadores por matar, durante ese tiempo, 19 osos, 7 lobos y una 'onza brava', que se cazó en 1603. En Gaviria se abatió un oso en 1658, otro en Anzuola en 1666 y un tercero en el monte Aralar en 1735. Este último pesó 87 kilogramos, quitada la piel, y estuvo expuesto en el patio del palacio del Marqués de Valmediano, en Villafranca. En las cuentas de Oiartzun, correspondientes a 1787, figuran ocho reales entregados a un hombre que presentó un lobo muerto y otros ocho a un hombre que trajo un pellejo de 'tigre'. En Anzuola, el 4 Julio 1867, se dio una recompensa a un cazador por abatir un oso que pesó 14 arrobas (172 kilogramos).

Los monarcas venían a cazar sobre todo a la zona de Jaizkibel. Por tanto, no es aventurado pensar que algunos de estos depredadores se escaparan durante las batidas y comenzaran a matar al ganado y a atacar a los humanos para no morir de hambre. Además, tal vez por envidia o por parecer también poderosos como los soberanos navarros, la caza con fieras también se convirtió en uno de los pasatiempos preferidos de los parientes mayores de Gipuzkoa en tiempos de paz.

Está documentado que en 1603 en el municipio de Villafranca -actualmente Ordizia-, se abonaron distintos premios a los cazadores que mataron una 'onza brava' en Ataun, y tres años después a otros baserritarras que dieron muerte a un 'tiguere' en el monte Agaunza de la misma localidad. En el libro 'Notas acerca del pastoreo tradicional en Ataun', de Juan de Arin Dorronsoro, se señala que a comienzos del siglo XIX un pastor ataundarra se lamentaba de que un «katamotz» había intentado atacar a su rebaño de ovejas y que otro «se lanzó» contra una «vaca montesa» y le arrancó el hígado de un zarpazo justo cuando en su frenética huida la res estaba a punto de llegar al caserío.

Incluso relata que un ejemplar de este tipo intentó matar a un vecino del barrio de Aia que tuvo que trepar a un árbol y desde una rama le cortó las zarpas con el hacha que afortunadamente portaba. Afirma, por último, en que en 1820 entre Ataun y Altsasua se tendió una trampa a un 'katamoz' que «ahogaba» a las cabras y se ideó ponerle como cebo a «doce marranas» en un establo. Al día siguiente aparecieron en el techo las zarpas del felino que las «marranas» no pudieron alcanzar, el resto del cuerpo se lo habían comido.

Pero hay más historias. Según las crónicas de la época, en 1762 fue abatido en el monte Arno de Mutriku un «gato montés o tigre muy fiero» que pesó 23 kilogramos y era «rabicorto y de pintas negras muy finas».

El historiador zaldibitarra Juan Ignacio de Iztueta (1767 - 1845) escribe en 'Guipuzcoaco Provinciaren Condaira' que hacia 1776 pastores de Idiazabal colocaron estratégicamente un cepo en el monte Arantzazu y atraparon a un corpulento 'tigre'. «Pesó 39 kilogramos con su piel, y su color era entre encarnado y amarillo, con pintas negras relucientes», según el investigador. En 1755 unos vecinos de Zegama aseguraron haber cazado un «tigre o leopardo». En el Archivo provincial de Tolosa se guardan textos que atestiguan que en Litzartza se mataron dos «leopardos». El primero, según el escribano de la localidad, fue abatido en enero de 1777, en la zona del monte Illarrazu conocido como Mareobeltz; y el segundo, con un cepo, en diciembre de 1781, en Anzarreta. Por su parte, el historiador tolosarra Pablo de Gorosábel indica en 'Noticia de las Cosas memorables' que se cazó otro «leopardo» en 1820, pero no revela en qué municipio guipuzcoano.

¿Pero fueron realmente estas fieras exóticas cazadas en Gipuzkoa hasta hace solo doscientos años? Para resolver el misterio una pista la da el periodista y escritor donostiarra Ricardo de izaguirre publicó en 1934 un desvelador artículo en la Revista Internacional de Estudios Vascos titulado 'Las ciencias naturales y los archivos: katamotz= ¿tigre?', en el que echa por tierra esa teoría. Considera verosímil que durante las monterías de los reyes navarros en tierras guipuzcoanas, en las que se utilizaban, al modo asiático, los guepardos, leopardos y leones, éstos se pudieron escapar de la grupa del caballo durante la caza del venado.

Sin embargo, el periodista, que utilizaba el seudónimo de 'Tristán de Izaro' en sus artículos de prensa, destaca que al cabo de cuatro o cinco siglos es imposible que siguieran vivitos y coleando en nuestros montes. «Sería tanto como admitir la aclimatación absoluta de dichos animales en nuestra región, hasta el punto de reproducirse en ella. Lo que no puede aceptarse desde el punto de vista zoológico». Por tanto, desestima los términos de 'tigre' y 'leopardo'. Considera que en realidad se trataba de félidos del género Lynx pardinus, el lince, gato clavo o lobo cerval, que en tiempos pasados habitaron en toda Europa.

Los guipuzcoanos los denominaban a todos ellos en euskera con el término 'katamotz'. Pero no solo al lince ibérico, sino también al euroasiático o boreal, de mayor envergadura física y que también habitó en la cornisa cantábrica, según los estudios más recientes.

Ricardo de Izaguirre recuerda que ya la escritora azkoitiarra Vicenta de Moguel publicó en 1804 un libro en el que señalaba que «el catamotz es una especie de tigre, que se ve alguna vez en estos países, causando estragos entre ovejas y ganado vacuno, y que la mayor corpulencia de los tigres legítimos no impide el que a estos se les aplique el mismo nombre».

Se considera que el 'katamotz' tiene una longitud de entre 85 y 110 centímetros, una cola de 8-13 cm., una altura en la cruz de 40-45 cm. Su peso es de 9-12 kg (máximos para machos y mínimos para hembras).

El periodista y escritor aporta otro dato significativo sobre el supuesto leopardo cazado en Litzartza en 1777. El animal fue enviado, una vez disecado, al Museo de Historia Natural de Madrid. «En la correspondencia que con este motivo se cruzó -señala-, se hace alusión a este animal, llamándole con vaguedad animal montés y animal carnívoro. Tan sólo en una carta, en la que don Nicolás de Otaegui da cuenta a la Provincia de Guipúzcoa de haber entregado el envío al conde de Floridablanca en El Pardo, llama claramente al animal gato cerbal, y sabido es que con los nombres de gato o lobo cerval y gato clavo se designa vulgarmente a las especies del género Lynx, particularmente al Lynx pardellus ibérico».

Otra explicación de por qué en Gipuzkoa llamaban «tigre» o «tiguere», e incluso, «león», al lince, es barajada por Ricardo de Izaguirre . Aunque reconoce que es muy aventurada. No descarta que se debiera a los guipuzcoanos que retornaron de América. Aseguraban que tenían un relativo parecido con los felinos del nuevo continente y que allí se les conocía como «tigres».

Sea como fuere, para bien o para mal, ya no quedan linces en los montes de Gipuzkoa, pero el término 'katamotz' sigue presente en nuestras vidas de las formas más diversas, como la educación, la literatura y la música.

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