Los casos de melanoma aumentan un 10% cada año en Euskadi

Dos personas tendidas en la arena de la playa de La Concha reciben excesiva radiación solar. / LOBO ALTUNA

Junto con el de pulmón, es el cáncer que más aumenta su incidencia. El 98% se cura. «El lunes fui al médico y el jueves ya me estaban quitando aquel lunar de la espalda», relata el donostiarra Eneko Etxenagusia, a quien le diagnosticaron un tumor maligno hace dos años

AIENDE S. JIMÉNEZSAN SEBASTIÁN.

Las consultas de los dermatólogos atienden cada vez a más pacientes que acuden por causas derivadas de una sobreexposición al sol. Quemaduras, manchas y, en los casos más graves, tumores. Porque aunque todavía hay muchos que no se toman en serio la influencia que tiene la radiación solar en sus cuerpos, lo cierto es que el cáncer de piel es, junto al de pulmón, uno de los que sigue aumentando año a año, ya que está directamente relacionado con nuestros hábitos de vida.

Así lo constata cada día el doctor Aitor Xabier de Vicente en su consulta, quien asegura que el mensaje de que el sol daña la piel no termina de calar en la sociedad, especialmente entre los más jóvenes. «Vemos muchas quemaduras y gente con eritemas solares, generalmente por la tendencia a querer estar moreno», señala el dermatólogo. Es algo cultural, asegura, debido a que la mayoría asocia estar bronceado con la belleza y la salud. Pero los expertos afirman que el sol es la causa principal, aunque no la única, en la aparición de melanomas.

El riesgo de padecer cáncer de piel es mayor en algunas personas. Aquellos que tienen muchos lunares y una piel muy clara son más sensibles, así como los que tienen antecedentes en familiares de primer grado con este tipo de tumores. Pero el sol es una amenaza para cualquiera y su huella, una marca real. De hecho, se ha demostrado que las quemaduras que se producen durante la infancia y la adolescencia incrementan el riesgo de desarrollar un melanoma en la madurez. «Por eso es muy importante que la prevención vaya dirigida hacia la educación de los niños», opina el dermatólogo guipuzcoano. «Es fundamental que los padres inculquen en sus hijos la importancia de protegerse del sol».

¿Cuál debería ser la protección adecuada? «Siempre decimos que la protección ideal es el sentido común», afirma De Vicente. Esto significa tomar en cuenta los típicos pero prácticos consejos de los médicos: utilizar crema solar de factor 30 o 50, aplicarla antes de salir de casa y reponerla cada hora, no exponerse al sol en las horas centrales del día o durante un tiempo prolongado y llevar gorra o sombrero y gafas de sol. Además, en los niños menores de dos años no se recomienda la exposición solar directa.

Datos oficiales, no reales

El cáncer de piel se suele dividir en dos grupos: no melanoma y melanoma. Dentro del primero se incluyen los tumores más frecuentes, como el carcinoma basocelular o el escamoso cutáneo, que son menos agresivos que el melanoma. La mayoría de ellos se curan fácilmente con cirugía. «Aparecen en gente mayor, que por el lugar en el que viven o su trabajo han tenido una exposición solar muy intensiva», apunta el dermatólogo.

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Pero es el melanoma el que más preocupa a los médicos y el que entraña mayor riesgo para la salud. Los datos confirman que la incidencia del melanoma aumenta un 10% cada año en Euskadi. Anualmente se detectan 100 nuevos casos en Gipuzkoa, 400 en Euskadi y 4.000 en el Estado. Estas cifras, tal y como afirma Maider Sierra, de la Asociación Contra el Cáncer de Gipuzkoa, «son oficiales, pero no reales». La incidencia es mucho mayor. «Muchos no se registran debido a que los pacientes no llegan a ser hospitalizados», afirman desde la AECC. «Es una realidad que nos preocupa mucho, ya que esto hace que los datos de los cánceres cutáneos no sean reales, y la población siga sin tener una percepción real del problema sanitario que generan nuestros hábitos de exposición solar».

El melanoma es un tipo de cáncer que se cura en la mayoría de los casos (en torno al 98%), y el tratamiento más común es la cirugía, en la que se extirpa el tumor y el tejido de alrededor. Sin embargo, aquellos que desarrollan metástasis resultan muy agresivos, y la supervivencia al mismo a los 5 años es tan solo del 15 al 20%.

Eneko Etxenagusia se sometió a una intervención por melanoma hace dos años. Este donostiarra de 43 años cumple con todos los requisitos para ser una persona con riesgo de padecer cáncer de piel. Tez blanca, ojos claros, y muchos lunares en la espalda. Uno de ellos, de un centímetro de diámetro en mitad de su dorsal, alarmaba a sus allegados. «Me decían que me lo mirara, pero yo no le daba importancia».

Finalmente acudió a su médico de cabecera, que inmediatamente le derivó a un especialista. «El lunes fui al médico y el jueves ya me estaban operando», recuerda. Ese gran lunar en su espalda era en realidad un melanoma, un tumor maligno.

A Eneko le cuesta hablar de ello. La palabra cáncer pesa demasiado. Por suerte, el lunar era superficial y «no había echado raíces». Desde entonces cada tres meses pasa controles, y una vez al año se somete a un estudio exhaustivo de todos sus lunares. «Siempre realizamos un seguimiento de aquellos que han desarrollado melanoma, porque existe riesgo de que pueda reproducirse», señala Aitor de Vicente.

Eneko usa protección 90, tanto cuando va a la playa como para trabajar. «Además, cuando voy a la playa o a la piscina me pongo una camiseta de licra como las que llevan los surferos». Y advierte de que «el sol no es como antes. Que la gente no se ande con chorradas y tenga cuidado, porque no es ninguna broma».

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