«Ahora en casa estaremos más tranquilos. Aún no entiendo cómo un loco así va con pistola»

Agad Ahmed todavía se recupera de las heridas que le produjo el disparo que casi le cuesta la vida

IRAITZ VÁZQUEZ SAN SEBASTIÁN.

Agad Ahmed todavía sigue recuperándose en su vivienda de Arrasate de las secuelas que le dejó el disparo que un desconocido le descerrajó por la espalda y que a punto estuvo de costarle la vida el pasado mes de abril. «Todavía sigo de baja y siento dolores debajo del corazón», relata a este periódico por teléfono con la serenidad y el sosiego que le da saber que su agresor ya se encuentra detenido. «En casa estamos más tranquilos ahora. Lo importante es recuperarse y disfrutar de la familia», explica.

Eran las 13.30 horas de un miércoles cualquiera. Agad Ahmed decidió bajar a la plaza Kurtze Txiki de Arrasate para disfrutar en el parque con sus tres hijos, en uno de esos pocos momentos de descanso que le deja su trabajo de repartidor en un establecimiento especializado en kebabs de la zona. Mientras los niños jugaban en los columpios, este paquistaní de 40 años de edad se encontraba de espaldas a la carretera. Entonces, sin mediar palabra, el detenido se bajó del coche y le pegó un tiro por la espalda. No se conocían de nada, la víctima fue elegida de manera aleatoria. Desde ese momento las escenas de dolor y pánico se desataron en la zona. Nadie entendía lo que había ocurrido. Agad tampoco.

La bala, que le entró por la espalda, quedó alojada cerca del corazón. La víctima tuvo que ser trasladada de urgencia al Hospital Universitario Donostia donde fue intervenida inmediatamente. «Los médicos me dijeron que estuve a punto de morir. Gracias a Dios me he podido salvar y no ocurrió nada más grave», explica mientras de fondo se escucha a sus hijos juguetear. Agad Ahmed tuvo que estar ingresado casi un mes en el centro hospitalario. Tras la intervención tuvieron que ponerle 23 puntos de sutura debajo del corazón. Aún se está recuperando de las secuelas que no le dejan reanudar su trabajo. «Quiero volver de nuevo cuanto antes a la normalidad», asegura.

En los casi cuatro años que lleva viviendo en la localidad del Alto Deba, Ahmed explica que ha llevado una vida de lo más convencional. «De casa al trabajo y del trabajo a casa. No he hecho otra cosa que sacar a mi familia adelante estos último años». Nunca se ha metido en líos, ni ha tenido problemas con los vecinos. El único objetivo en todo este tiempo para este cabeza de familia, que tuvo que dejar atrás su tierra, ha sido conseguir que sus tres hijos tengan «un futuro mejor».

Ahmed ayer por la tarde aún continuaba aturdido después de conocer que su agresor, con problemas mentales, podía portar un arma. «Cómo a un loco le dejan salir a la calle con una pistola, no entiendo que una persona que tiene esas características pueda ir con un arma y salir a la calle tranquilamente», reflexiona.

La vida de Agad Ahmed ha pasado desapercibida en todo este tiempo para sus vecinos. Su día a día ha transcurrido entre el kebab y su casa, y los pocos momentos de asueto los pasa con su familia. Hasta el momento del intento de homicidio se encargaba de repartir los pedidos en una moto gris, explicaron los vecinos el día del tiroteo. Félix Berasaluce, propietario entonces de una tienda de chucherías cercana a la zona del tiroteo, indicó que acudía a diario a la tienda con sus tres hijos. «Es un tipo muy simpático y educado. Siempre pregunta por el negocio y si todo va bien...».

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