Carlos Calderón: «Urge cambiar la atención primaria ante el reto del envejecimiento»

Carlos Calderón ayer, en el Palacio Miramar de San Sebastián, donde ofreció una ponencia.
Carlos Calderón ayer, en el Palacio Miramar de San Sebastián, donde ofreció una ponencia. / SARA SANTOS
Carlos Calderón, médico jubilado del Centro de Salud de Alza

Apuesta por promover una atención primaria de calidad como una «exigencia» ante el reto de envejecimiento activo de la sociedad

ELENA VIÑASSAN SEBASTIÁN.

Aunque recientemente jubilado, Carlos Calderón trabajó durante más de dos décadas como médico de familia y tutor de médicos residentes en el Centro de Salud de Osakidetza en el barrio donostiarra de Alza y formó parte de las unidades de investigación de atención primaria de Bizkaia y Gipuzkoa. Doctor en Medicina, licenciado en Sociología, máster en Salud Pública y especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, en la década de los 80 participó en la creación de los primeros centros de salud y de la unidad docente de MF y C de Gipuzkoa de la que fue coordinador. Ayer compartió su experiencia, distinguida con el Premio José Mª Segovia de Arana, ofreciendo una ponencia sobre los retos que plantea el envejecimiento de la sociedad, dentro de los Cursos de Verano de la UPV.

-La pirámide poblacional como tradicionalmente la conocíamos parece haber mutado, pasando a igualar su base con la altura a consecuencia del incremento del envejecimiento de la sociedad.

-Es cierto. En la actualidad, en Gipuzkoa el 21% de la población corresponde a personas mayores de 65 años. Previsiblemente, en el año 2030, ese porcentaje se elevará hasta un 28%, según los datos facilitados por el Eustat. El incremento en la esperanza de vida en el País Vasco es de 80,2 años en hombres y 86,2 en mujeres en 2015; pero también ascenderá, en 2030, a 82,6 y 88,4 respectivamente. Esos cambios se acompañan de otros en los niveles de discapacidad. El fenómeno del envejecimiento poblacional y los efectos que conlleva en el ámbito de la salud constituyen motivos de justificada preocupación tanto a nivel social como sanitario.

-Ante esa nueva fotografía de nuestra sociedad, ¿urge un cambio en el modelo de la atención primaria que tenemos hoy en día o ya se plantearía con retraso?

-Aún estamos a tiempo. Es un reto imprescindible, porque está demostrado que los países que cuentan con una atención primaria desarrollada y sólida, tienen mejores niveles de salud, ofrecen una atención más eficiente, con menores costes, y además, contribuyen a que las desigualdades sociales sean menores. En el caso de la población anciana, esto es especialmente importante porque la complejidad de la salud de esas personas se hace todavía mayor. En ocasiones, suman mayor número de enfermedades, mayor número de fármacos y pueden presentar contextos familiares y sociales complejos que requieren de una atención muy personalizada e integrada; en la mayor parte de los casos, continuada en el tiempo.

-En ese sentido, usted aboga también por una atención individualizada.

-Exacto. Tiene que tenerse en cuenta a la persona en su conjunto y siempre pensando en la necesaria coordinación con otros recursos y otras especialidades tanto sanitarias como no sanitarias. Promover una atención primaria de calidad constituye una exigencia político-sanitaria, profesional y ciudadana ante los retos que conlleva el envejecimiento saludable.

-Dentro de la vertiente sanitaria, asegura apostar por prescribir con prudencia.

-Hay estudios recientes que aseguran que el porcentaje de mayores de 80 años con cuatro o más enfermedades crónicas alcanzaría al menos el 50%. El aumento del número de diagnósticos se relaciona con la cantidad de medicaciones prescritas. La polifarmacia surge como un nuevo problema vinculado a una mayor fragilidad y mayor riesgo de efectos adversos. Las llamadas a la prudencia en la prescripción se vienen acompañando en los últimos años en Gipuzkoa de experiencias formativas y prácticas de deprescripción, es decir, de actividades orientadas a revisar de manera sistemática, con fundamento científico y con la participación del propio anciano, su listado de medicaciones. De este modo, se retiran aquellas innecesarias o que pueden conllevar más riesgo que beneficio, especialmente en las etapas finales de la vida.

-En esas últimas etapas surgen nuevos problemas...

-Además del acompañamiento a lo largo del tiempo a la persona mayor por parte de la atención primaria, venimos asumiendo desde hace tiempo otro reto, el de acompañarle también en las fases finales de la vida para ayudarles en su deseo de 'morir bien'. En los casos en los que sea preciso contar con otros recursos más especializados, siempre debemos de tener presentes puentes de colaboración. En muchos casos lo que hace falta es formación, pero también dedicación, compromiso y vinculación con esa persona para ayudarle al bien morir.

-¿Cómo valora la inversión que el estado pueda realizar en bienestar social y más concretamente en atención sanitaria?

-Es clave. En la medida en que las inversiones en los recursos públicos disminuyen, el riesgo de generar desigualdades tanto en el acceso a la salud como en la respuesta por parte del individuo a su salud va a ser diferente. Por ello es importante que, dentro de las políticas de atención sanitaria que se diseñen pensando en las personas mayores, no se pierdan de vista esos componentes de equidad. No sólo hay que hablar de envejecimiento, sino del conjunto de las personas mayores.

-Pese a que califica de muy importante la formación de quienes prestan esa asistencia sanitaria a la hora de tratar a personas mayores, también critica que la especialidad de médico de familia haya desaparecido de muchas universidades.

-Es inaceptable que después de más de 30 años de que se creara la especialidad de medicina familiar, ésta no esté presente en la universidad, a diferencia de lo que ocurre en otros países de nuestro entorno que para otras cuestiones nos sirven como modelo. Es importante, además, que las médicas de familia -porque la mayoría son mujeres- y los médicos de familia estén satisfechos con su trabajo, puesto que, a la vez, ellos son docentes de los nuevos médicos de familia. Si éstos son vocacionalmente activos, están al día y hacen su práctica bien, están enseñando a los residentes a hacer las cosas de forma correcta. De lo contrario, lo que se puede enseñar es algo más cercano a la queja y al desagrado.

«La atención primaria es la que peor parada ha salido de los recortes que ha habido en Sanidad»

«Tenemos los médicos de familia mejor formados de la historia, pero empieza a haber signos de queja»

-En su ponencia no se ha mostrado especialmente favorable a la irrupción de las nuevas tecnologías en el ámbito sanitario.

-Soy absolutamente favorable. De hecho, es imprescindible estar al día de todo lo que se innova. Lo que ocurre es que a nuestras responsabilidades asistenciales y de evaluar la efectividad de los recursos terapéuticos, ahora se incorpora también la tarea de evaluar la necesidad real de las nuevas tecnologías. La salud en general y particularmente, en el ámbito de la tercera edad, en la medida que va a ser mayoritaria, constituye un nicho de negocio y corremos el riesgo de que las propuestas de nuevas intervenciones e incorporaciones tecnológicas no respondan tanto a necesidades reales como de beneficio económico. Con lo cual, deberemos de ser especialmente cuidadosos en ese sentido.

-La actual coyuntura de crisis económica, ¿también ha hecho mella en ese esfuerzo de la atención primaria por adaptarse al envejecimiento de la población?

-A nivel de recortes en todas las comunidades autónomas, la que peor parada ha salido ha sido la atención primaria, pero no es tanto un problema de recursos como de estrategia. Más allá de la retórica, la atención primaria debería configurar el centro de esos sistemas sanitarios de calidad, eficientes y equitativos que queremos promover también para la población anciana.

-¿Y la realidad no responde a esas expectativas?

-Observo determinados signos de alarma. Se da la paradoja de que tenemos los médicos de familia mejor formados de la historia, pero empieza a haber signos de frustración y de queja, no por ganar más o menos, sino por no trabajar lo suficientemente bien. Eso requiere de una estrategia propia de manera que cuando hablemos de integración dentro de los sistemas sanitarios, nos preocupemos de que cada componente de esa integración aporte lo mejor. Lo que no tiene calidad, no aporta a la integración. Por eso considero importante insistir en la necesidad de una atención primaria de calidad.

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