El cambio climático, una teoría que se cocina a altas temperaturas

Varios ciudadanos fotografían un termómetro que marca 39 grados en pleno mes de junio en Donostia. / JUANJO AYGÜES

Crecen las voces que atribuyen a este fenómeno episodios más frecuentes e intensos de calor | Los balances de la primavera, más seca de lo habitual, y las previsiones de un verano «más cálido de lo normal» afloran el discurso sobre el calentamiento mundial

GAIZKA LASASAN SEBASTIÁN.

Así son las amenazas más peligrosas. Sigilosas. Imperceptibles entre el ruido de lo cotidiano. Que la temperatura media de la atmósfera haya subido 1,1 grados desde la era preiundustrial -según la Agencia Meteorológica Mundial- no parece dato para alarmar a nadie. Ni que el nivel del mar vaya ascendiendo desde 1950 en 1,8 milímetros por año. Pero cuando uno sufre inundaciones por lluvias torrenciales u olas de calor y escucha a expertos vincularlas con el fenómeno bautizado como 'cambio climático', el asunto empieza a importar.

Si quien tiene aún presente la sensación abrasadora de los tres días previos al verano en Gipuzkoa lee que la Organización Meteorológica Mundial (WMO), un organismo dependiente de la ONU, ha advertido de que diferentes países del hemisferio occidental han experimentado en mayo y junio temperaturas extremas e inusuales olas de calor como una de las consecuencias del cambio climático, no es ilógico que ponga sus antenas en el asunto.

El ascenso de las temperaturas y la disminución de las lluvias -torrenciales, a menudo- son citados por expertos como dos efectos de este fenómeno. Con el reciente cambio de estación, tanto los balances de la primavera como los vaticinios del verano, encajan con su diagnóstico.

LAS FRASES. «Klima 2050 trata de mitigar el cambio pero también adaptarse a él porque ya está aquí» Elena Moreno - Gobierno Vasco

«El ascenso del nivel del mar puede traer una intensificación de daños por oleaje» Guillem Chust - Investigador de Azti

«Los animales de 'sangre fría' están en riesgo y ayudan a conservar el mundo» Mercedes Ortega - Profesora de fisiología (UPV)

Según Margarita Martin, delegada de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en Euskadi, durante los meses de marzo, abril y mayo en Gipuzkoa ha llovido un 25% menos de lo que se esperaba. De hecho, abril ha sido el cuarto mes más seco del territorio desde 1943. Las temperaturas, por su parte, han estado entre grado y medio y dos grados por encima de lo normal. Y en cuanto a las predicciones, el periodo estival se anuncia como «más cálido de lo normal» y la precipitación se mantendrá en niveles normales, no por numerosas jornadas de chubascos sino por ciertos días tormentosos.

Si salimos de nuestra burbuja territorial, la tendencia apunta en la misma dirección. La primavera ha sido la más calurosa en la historia de España desde que se tienen datos, según Aemet. Entre el 1 de marzo y el 31 de mayo, la temperatura media fue de 15,4 grados, 1,7 por encima de la media (con un periodo de referencia que va de 1981 a 2010).

Vayamos más lejos. En California, Nevada y Arizona se han superado este año ocho records de temperatura que, a su vez, ya se habían batido en 2016. En la ciudad paquistaní de Turbat el termómetro alcanzó los 53,5 grados el 28 de mayo. Si a esto unimos que la Organización Meteorológica Mundial relacionó en su informe de noviembre los desastres naturales con el aumento de las temperaturas provocado por el cambio climático -sequía en el este y el sur de África entre 2010 y 2015, inundaciones en el sureste asiático en 2011, olas de calor en India y Pakistán o el Huracán Sandy en América en 2012-, las advertencias toman cuerpo.

Se las toma en serio el Gobierno Vasco. La viceconsejera de Medio Ambiente, Elena Moreno, recuerda que «los expertos en inventarios sobre emisiones de gases invernadero, que se han reunido recientemente en Bilbao, han asegurado que adherirse a la teoría de Donald Trump de que el cambio climático es una invención supone un ataque contra la comunidad científica».

Moreno sostiene que este fenómeno «no solo implica futuro, sino que ya está aquí», por lo que el Ejecutivo vasco trabaja en dos direcciones: «por un lado, la estrategia de mitigación del cambio climático, centrada en limitar las emisiones, y por otro, la de adaptación al cambio mediante la planificación de actuaciones ante los impactos previstos y la vulnerabilidades del territorio».

En el mar y los animales

En el flanco mitigador, la prioridad de la estrategia Klima 2050 pasa por alcanzar para mitad de siglo un consumo de energía renovable del 40% sobre el consumo final. Se debe esto a que el sector de la energía supone el 35% de las emisiones totales, aunque las haya reducido un 36% respecto a 2005. «Tenemos que avanzar más en este terreo porque tanto en el transporte, que acapara un 30% del total de emisiones, como en la industria (20%), vamos por buen camino», señala Moreno.

Pero además de la labor a largo plazo, el Gobierno Vasco trabaja ya «para adaptarse a las problemáticas actuales porque cada vez sufrimos más fenómenos drásticos e intensos en periodos de tiempo cortos». Como ejemplo flagrante, cita que «en seis años ha habido cuatro episodios que se han llevado la cosecha en Álava». La viceconsejera cita como clave la apuesta por la innovación «para ver cómo adaptar ciertas especies o cómo anticiparnos a determinados escenarios».

LAS CIFRAS. 25%
Menos de lluvia de lo que se esperaba registró Gipuzkoa entre marzo, abril y mayo.
40%
De energía renovable quiere alcanzar en 2050 la estrategia del Gobierno Vasco.

Aunque la literatura sobre el cambio climático se orienta sobre todo a tratar las consecuencias en la meteorología, los efectos se reflejan también en el mar. Según Guillem Chust, investigador del centro tecnológico Azti, «el ascenso del nivel del mar bajo escenarios de cambio climático se prevé entre 42 y 86 centímetros en la costa vasca para finales de siglo». ¿Qué supone esto? «Un retroceso importante en la anchura actual de la parte seca de las playas, incluso riesgo de inundabilidad en zonas urbanas más una intensificación de daños por oleaje extremo».

El experto de Azti avanza que «no se prevé una afección severa en las zonas urbanizadas por el ascenso del nivel del mar», si bien alerta de que «una combinación del impacto del oleaje extremo con el ascenso del nivel del mar puede intensificar los daños puntualmente y ser problemática en zonas concretas como espigones o paseos marítimos».

El calentamiento del mar provocará, según Chust, el desplazamiento de las poblaciones de especies hacia el norte, o un avance estacional en las migraciones, o un desplazamiento vertical para buscar aguas más frías. «Habrá especies ganadoras y otras perdedoras», concluye. Por ejemplo, «la anchoa, al ser una especie de zonas tropicales y templadas, podría verse beneficiada en el golfo de Bizkaia. Otras como la anguila, cuyo ciclo vital es complejo, podría verse perjudicada».

¿Y los animales? La profesora de fisiología animal de la UPV, Mercedes Ortega, señala que «insectos, caracoles, gusanos, crustáceos, anémonas y tantos otros están en la base de la pirámide de la vida en nuestro planeta, y garantizan el mantenimiento de las condiciones de nuestros suelos y nuestras aguas». Asegura que «esos animales de 'sengre fría' están en riesgo por la dificultad de supervivencia de sus descendientes de cara a las nuevas condiciones. A corto plazo, muchas especies estarán en camino de desaparecer. Lo harán en silencio, no son osos, ni linces, ni lobos, pero no por ello son menos importantes para la conservación de nuestro mundo».

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