«Ni con cadenas, los coches están cruzados»

Los 500 metros del acceso desde Pasaia a la autopista se convirtieron en una expedición imposible, que atrapó durante más de tres horas a los conductores

Bloqueados. El acceso desde Pasaia a la autopista atrapó a decenas de conductores, entre ellos a Carlos Martínez./ARANTXA ALDAZ
Bloqueados. El acceso desde Pasaia a la autopista atrapó a decenas de conductores, entre ellos a Carlos Martínez. / ARANTXA ALDAZ
Arantxa Aldaz
ARANTXA ALDAZ

A media mañana, con el paisaje del asfalto de nuevo fundido a negro, nadie hubiera dicho que esos 500 metros de carretera de acceso a la autopista se hubieran convertido en una expedición imposible para los conductores. Entre las 6.30 y las 10.30 horas, no hubo forma ayer de hacer cumbre en la estación, perdón, en la rotonda de Molinao en Pasaia. «Ni con cadenas, porque los coches se han quedado cruzados y no hay ni quien suba ni quien baje», se quejaba Beñat Vaz, uno de los pocos en ese tramo que había sido precavido y había incluido lo básico para hacer frente a la nevada: cadenas. No le sirvió de nada y acabó igual que quienes ignoraron las alertas, por exceso de optimismo o por imprudencia, y salieron rumbo a su trabajo sin medidas para tal contingencia.

Tampoco lo pusieron fácil las autoridades. En ese tiempo, no pasó un quitanieves y, si había sal esparcida sobre el asfalto, ya había quedado sepultada por la madrugadora nevada. «Solo ha pasado una patrulla de la Ertzaintza que nos ha dicho que nos quedemos aquí, que no nos movamos porque a las once pararía», respondían Maite Rey y Ali Ait, metidos en su coche, con la calefacción puesta y, por suerte, el depósito lleno. Y paró. Pero para entonces cada uno ya había intentado salir como pudo de aquella ratonera. «Hemos querido dar media vuelta y nos hemos dado con un coche», contaba esta pareja de Errenteria. No llevaban ni cadenas ni ruedas de invierno porque pensaron, como muchos otros, «que no iba a ser para tanto». Se equivocaron. Pero al menos, sí iban aprovisionados de mantas y ropa, porque la intención era que Ali llegara al trabajo y Maite aprovechara para la mudanza a su nuevo piso. «Frío no vamos a pasar», sonreían ya rendidos ante la intensidad de la nevada.

La cifra

3 horas y media
tardaron ayer por la mañana algunos coches en poder cubrir los 500 metros del acceso a la autopista desde Pasaia, donde se quedaron cruzados varios coches por la nieve y el hielo.

Enseguida quedó claro que iba a ser un día extraordinario. «Yo he salido más o menos bien de casa. A las 6.30 horas ya estaba nevado, pero hasta aquí no he tenido mayores problemas. He venido despacito y listo. Pero aquí han empezado a patinar los coches y a cruzarse en la carretera», señalaba Carlos Martínez, de Lezo, hacia la cuesta que separa la rotonda de Pasai Antxo y la de Molinao, donde se apelotonaron los vehículos, cada uno por un lado. Tampoco llevaba cadenas y, a falta de ellas y de que pasara el quitanieves para abrir camino, se resignó a que capeara el temporal.

A Juan Mari Alzaga también le sorprendió el embudo en Pasaia. «Vengo de Irun y he subido Gaintxurizketa sin problemas», pero ya en la incorporación en la rotonda de Capuchinos, la carretera se puso fea. Fueron muchos quienes optaron por desviarse hacia el vial de Molinao, que discurre en paralelo, pensando que al esquivar la variante de Errenteria, con un trazado en cuesta y en curva, salvarían el obstáculo.

«Estaba previsto»

Eric, del barrio de Agustinas de Errenteria, era uno de los pocos que hacía autocrítica y asumía su parte de «culpa». «La nevada estaba prevista y, aunque es verdad que no te esperas que se ponga la cosa así, la culpa también es mía por no llevar cadenas. Ayer -por el lunes- llené el depósito precisamente porque anunciaban nieve. Pero en lugar de coger el Topo, he cogido el coche y me ha pillado», decía este chico que ya en los primeros metros de salida de su casa empezó la aventura. «La bajada desde mi barrio estaba complicada. Me he chocado contra un quitamiedos, pero no me ha pasado nada y he seguido. Si lo llego a saber...», se arrepentía.

Ante la ausencia de ayuda, Eduardo Millán, Beñat Vaz, Mohamed Aitabdelmalek y Alberto Granada se pusieron manos a la obra para intentar empujar a los coches que sí lograban escalar esos metros de pared helada o a aquellos que querían dar la vuelta y deshacer el camino, una maniobra arriesgada porque casi todos acababan en el arcén. «A mí lo que me sorprende es que con la previsión de nieve que había, por aquí no haya pasado ni una máquina quitanieves», reflejaba su enfado Beñat, vecino de Hernani, que miraba impotente cómo circulaban los coches por la autopista. «Y nosotros aquí parados». Se dirigía a trabajar a un polígono industrial entre Lezo y Gaintxurizketa, pero se quedó a unos cuantos metros. «Lo peor es que he hecho el camino más o menos bien, se circulaba. El problema ha sido al salir ya de la autopista. Nadie nos ha indicado que esto estaba así de mal».

«He salido bien de casa, aunque estaba nevado, pero ha sido llegar aquí y ya no poder avanzar» CARLOS MARTÍNEZ

«No llevo cadenas, no esperaba encontrarme con tantos problemas para circular» c. martínez

Eduardo Millán había hecho una ruta más larga, pero había llegado hasta el mismo punto. «He salido a las tres de la mañana de Basauri para hacer el reparto de fruta». Paró en Tolosa a descargar parte de la mercancía, «y ya en Andoain estuve una hora parado». Cuando se reabrió la carretera, siguió circulando. No pasó de Molinao. Y se quedó tan solo a unos metros de llegar a su destino, Pasai Antxo, donde iba a continuar con su reparto. Ya se hacía a la idea de llegar tarde a casa, porque, aunque con retraso, tuvo que completar su ruta.

Mohamed iba camino de Hernani con su furgoneta de reparto. «He salido de Lezo con problemas», pero tiró para delante, como el resto de conductores camino a su trabajo, pensando en que los accesos a la autopista iban a estar despejados. «Piensas que la carretera va a estar limpia, o que al menos abran un carril para la circulación, pero no te imaginas esto». Alberto Granada coincidía casi palabra por palabra con el resto de sus compañeros de nevada. «Vivo en San Juan y he salido con nieve, pero se podía circular. Aquí nos ha sorprendido. Los únicos que han pasado son una patrulla de la Ertzaintza, y para decirnos que nos quedáramos aquí hasta que dejara de nevar. Nadie ha venido para limpiar la carretera».

La rotonda de Molinao parecía más un parking de coches que una carretera. Bajo los tableros de la autopista, varios conductores dejaron sus vehículos en el arcén. Laura Villar, de Hernani, se dirigía hacia Errenteria y le ocurrió lo que a casi todos los que se desviaron por esa salida. «Me he quedado aquí tirada. Nadie nos ha señalado que si salíamos nos íbamos a encontrar esto», se quejaba, antes de probar suerte de nuevo con su coche, ya con la carretera algo más expedita.

Inma Martín e Itxaso Oiarzabal intentaban recabar información de los coches que lograban subir hasta la rotonda sobre el estado de la carretera unos metros más abajo. «He pasado la barrera del peaje en Oiar-tzun, porque cobrar sí que nos han cobrado, y me han dicho que la carretera estaba complicada. Pero por el carril derecho se podía circular poco a poco». La trampa se la encontraron al pasar a la altura de Beraun. «La carretera hacia delante tenía peor pinta y, en lugar de salir en Pasai San Pedro, he decidido bajar por Molinao», explicaba Inma, sin saber lo que se iba a encontrar.

Mucho más rápido, y sin ningún problema, llegó su marido, Iñaki Rico, que le acercó unas botas para soportar el frío. «He tardado una hora en venir desde Oiartzun a Pasaia». Fue el único que cumplió el tiempo esperado. Porque cubrió el trayecto a pie.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos