Una cabalgata con muchos caballos

Momento de la llegada del desfile a la zona hospitalaria./
Momento de la llegada del desfile a la zona hospitalaria.

Los integrantes de Motosaki recorrieron el complejo hospitalario Donostia repartiendo regalos

TERESA FLAÑO SAN SEBASTIÁN.

A medio camino entre el Olentzero, Papa Noel y los Reyes Magos, una particular cabalgata recorrió ayer el complejo hospitalario Donostia. Sus integrantes no iban a lomos de camellos o burros. Esta vez los caballos eran otros, los de la potencia de sus motos de gran cilindrada. Pero cumplían la misma labor: repartir regalos y un poco de alegría a personas que están ingresadas estos días.

Los participantes de este desfile contaban con un denominador común, eran médicos, enfermeras y celadores de Osakidetza, a los que se añadieron miembros de otros servicios asistenciales y ertzainas a los que les une su afición por las motos. El grupo se constituyó hace un tiempo, a iniciativa a de Arantza Corcuera, con salidas mañaneras mensuales bajo el nombre de Motosaki -de la unión de motocicleta Osakidetza-.

Ahora que, por ser invierno, están en el dique seco, decidieron realizar una salida especial y solidaria. Para ello prepararon sus motos para la ocasión tuneadas con luces, espumillones e incluso varios árboles de Navidad, bien sujetos. También había muñecos con motivos típicos de la época como olentzeros y papanoeles, y otros invernales como Olaf de la película 'Frozen'.

Durante los preparativos, en el parking cubierto del Materno, ya se respiraba ambiente de camaradería y buen rollo. Los miembros de Motosaki querían darlo todo, incluso una lesionada que, al no poder conducir su propio vehículo, tomó parte en el desfile subida en el sidecar de un compañero. En sus sacos, regalos para adultos, adolescentes y niños: cubos de rubik, juegos para aprender inglés y de Don Quijote, bolsas, auriculares, cargadores, peluches, helicópteros, puzzles, balones... «Algunos proceden de unos amigos que repartieron regalos hace unos días en Irun y les sobraron, otros de la Kutxa y también de la Ertzaintza», explicó Corcuera.

La primera parada fue ante el edificio Gipuzkoa, en el parking descubierto, para que los enfermos oncológicos les pudieran ver desde las ventanas de sus habitaciones. Antes de partir hacia una nueva área revolucionaron un poco sus motos, sin mucho ruido, por respeto a los pacientes. Después acudieron al área infanto-juvenil. En todas sus paradas fueron muy bien recibidos, pero donde mayores caras de sorpresa arrancaron fue en pediatría. Allí muchos niños les miraban incrédulos ante la inesperada visita. Como el caso de Sugaar, que fue ingresado ayer, después de, como decía su madre, «haber decidido comerse una cuchara de plástico», agarraba con fuerza su regalo, un muñeco que representaba a una hormiga roja.

Al final del recorrido la comitiva lo tenía claro: «Ha sido una gozada. El año que viene repetimos. El regalo ha sido para nosotros».

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