¿Para qué sirve el periodo de adaptación escolar?

¿Para qué sirve el periodo de adaptación escolar?
Foto: EFE

Los niños que empiezan el colegio y sus padres se sumergen estos días en un proceso que busca facilitar esta nueva etapa para los más pequeños

TERESA FLAÑO

La llegada de septiembre suele suponer la vuelta a la rutina, el reencuentro con la vida cotidiana para muchos, aunque hay un colectivo, por definir a sus integrantes de alguna manera, que ven sus horarios trastocados, deben pedir vacaciones o hacer turnos para poder volver al cole, aunque sea por unos días: son los padres cuyos hijos van por primera vez a la escuela y para ello deben realizar un periodo de adaptación, una práctica implantada desde hace años en haurreskolas, guarderías y otros centros que cuentan con educación infantil. Todo para que este bautizo en una etapa escolar que se alargará durante años no sea demasiado traumático. Los pequeños llegan después de estar con su padres, abuelos y cuidadoras el 100% del tiempo y el cambio es total.

La pedagoga Maider Goenaga desarrolla su trabajo en la haurreskola donostiarra Musuka, que ahora está inmersa en las adaptaciones que suelen durar aproximadamente una semana, aunque depende también de cómo se integre el niño, porque no todos reaccionan igual. Responde a la pregunta de si son realmente necesarios estos procesos. Ella se muestra muy partidaria: «Sirven para conocernos, tener un primer contacto y recopilar información sobre el niño, sus costumbres, que se vaya acercando poco a poco al entorno donde va a estar el curso entero. Viene bien a todos, también a los padres, porque al final es un cambio grande para todos».

Los niños se enfrentan a nuevos espacios, tiempos, materiales, personas en un contexto diferente al de su casa. Para ello se recomienda que la entrada sea poco a poco, el primer día aproximadamente una hora, con los padres entrando al aula a dejar y recoger a sus hijos «para que los niños vean que existe una buena relación entre sus aitas y la andereño. Les da seguridad entender que hay una relación».

«Hay que despedirse para que los niños sepan que vamos a volver a por ellos y superen la idea de abandono» maider goenaga. pedagoga

«Es conveniente hablar a los niños de lo que va a pasar en la escuela y transmitirles seguridad»

Ese primer día es recomendable dejarles solos unos minutos para ver cómo reaccionan los niños, «pero siempre despidiéndose de ellos para que sepan que se van a ir, pero que van a volver y así superen poco a poco la idea del abandono». A medida que transcurren las jornadas ese tiempo sin la persona de apego a su lado va aumentado. «Lo normal es que la primera vez se queden llorando, pero luego enseguida se hacen con el entorno», señala Goenaga. Aunque también se suelen dar los dos extremos: «Algunos se ponen a jugar como si estuvieran en su casa y otros no paran de llorar en todo el mes».

Por esa razón las adaptaciones nunca tienen unos plazos concretos en la mayoría de los centros, según como viva cada uno esa ruptura de la fase de apego en la que el bebé o el niño está muy unido a sus padres. «Los niños no están preparados para separarse. Están muy a gusto y en un entorno nuevo tienen que buscar su hueco. Por eso es conveniente hablarles de lo que va a pasar -que van a conocer a niños en un sitio nuevo-, siempre mostrando mucha seguridad, ilusión y alegría para que lo lleven mejor». También es cierto que en bastantes ocasiones son los padres quienes se sienten más nerviosos y compungidos porque también para ellos supone un cambio. «Hay de todo. Es muy difícil controlar las emociones. Algunos lo llevan muy mal y salen llorando del aula, otros intentan mantener el tipo. En general, cuesta y hay que tener en cuenta que estamos hablando de emociones».

A pesar de que los aitas estén compungidos, nunca deben abandonar el aula sin despedirse para que su hijo no les vea llorar porque «entonces es cuando sienten el abandono, los buscan y no los encuentran. Aunque sean pequeños entienden mejor si se les da una explicación».

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