Un barco guipuzcoano para rescatar refugiados

El barco de rescate Lifeline (antes llamado Sea Watch 2) que la ONG ha conseguido gracias a donativos vascos para socorrer a refugiados que huyen del «infierno» sirio.
El barco de rescate Lifeline (antes llamado Sea Watch 2) que la ONG ha conseguido gracias a donativos vascos para socorrer a refugiados que huyen del «infierno» sirio. / SMH

El próximo viernes zarpa de Malta hacia la costa siria la embarcación adquirida con donativos de la sociedad guipuzcoana y las instituciones vascas

IGNACIO VILLAMERIELSAN SEBASTIÁN.

Iñigo Gutiérrez es un quijote. Un caballero que, a diferencia del de la triste figura, no cabalga a lomos de Rocinante por los campos de La Mancha sino que navega, o lo hará en breve, por aguas del Mediterráneo a bordo de un viejo barco, el Lifeline, reacondicionado para intentar rescatar refugiados que huyan por mar del «infierno» sirio. Su objetivo no es otro, al fin y al cabo, que el del ingenioso hidalgo manchego. 'Desfacer' entuertos. «Porque creo que alguien tiene que hacerlo». Este publicista donostiarra, uno de los fundadores de la ONG Salvamento Marítimo Humanitario (SMH), con sede en Zarautz, cree que todo ser humano tiene derecho a la vida, «y no podemos dejar a toda esta gente sin respuesta».

«Si no hubiera ninguna ONG haciendo esta labor, los refugiados morirían», sostiene este marinero en tierra que el próximo día 15 se hará a la mar en el Mediterráneo Central, gracias en parte a la solidaridad de cientos de guipuzcoanos y de las instituciones vascas, que han colaborado con sustanciales donaciones para que su organización pudiese fletar un barco de rescate. «Ante la desesperación de otro ser humano no nos podemos quedar indiferentes».

El Lifeline

Lugar:
Partirá de Malta en dirección a las costas sirias la próxima semana para socorrer a migrantes que se encuentren en apuros. El barco tiene 50 años.

Una desesperación que puede hacer que a alguien con el «culo pelado» como Gutiérrez se le salten las lágrimas. «Te puedo decir cuando fue la última vez que lloré». Fue el 23 de diciembre de 2015 en la isla de Chíos, «hacia las 4 de la mañana». En ese momento llegó un bote lleno de refugiados afganos y «me dieron a una niña que apenas tendría 4 semanas de vida, la cogí en brazos y me pareció tan injusto que aquello estuviera ocurriendo, que los nervios se me rompieron y lloré, lloré como un niño», reconoce este hombretón hecho y derecho que peina canas en su barba marinera. «Tuvieron que venir los propios refugiados a consolarme».

La idea del proyecto Maydayterraneo, que es como han bautizado esta aventura solidaria, tuvo lugar hace unos meses durante un paseo por el muelle de San Sebastián. «Iba con el presidente de SMH y nos paramos delante del busto de Aita Mari». Su ONG llevaba prestando servicio en la isla griega de Chíos desde 2015, «pero este año la actividad allí se ha hecho más sanitaria, más estandarizada», por lo que decidimos «que había que dar un nuevo paso. Poner en marcha el barco de rescate». Un proyecto a tres bandas entre la organización vasca más la andaluza Proem-AId y la alemana Mission Lifeline. «Al proyecto Maydayterraneo le hemos puesto el apellido Aita Mari Zubia, en honor a alguien que perdió la vida salvando a los demás». José María Zubía, más conocido como 'Aita Mari' fue un marino y pescador que se convirtió en un héroe popular por los salvamentos marítimos que realizó. A lo largo de su vida fueron innumerables los rescates en los que participó, perdiendo la vida el 9 de enero de 1866 en una tormenta después de haber puesto a salvo a unos cuantos marinos en peligro.

La solidaridad engancha

El primer contacto con migrantes que tuvo Gutiérrez fue en Chíos. «He estado cinco veces allí, la primera durante las arribadas masivas de 2015 y luego cuatro veces más». El guipuzcoano no sabe describir exactamente lo que se siente durante una de esas llegadas de migrantes en apuros. «En ese momento no piensas, te centras en lo que hay que hacer, que es sacar a la gente del agua». El objetivo principal entonces es «que el barco llegue a tierra y se desembarcase de manera ordenada, tranquila y con seguridad. Sólo estás centrado en eso.».

Las preguntas transcendentales vienen después, y los sentimientos son encontrados. «Piensas que el mundo está loco, pero también que hay gente extraordinaria, que el ser humano es muy vulnerable a cosas que se escapan a nuestro control». Como verse inmerso en una guerra sin comerlo ni beberlo, por ejemplo.

«Piensas en el miedo que ha pasado esta gente. Un barco de refugiados huele a miedo. Es un olor frío, a heces y a sudor. Ver a los niños es los que más te afecta en un primer momento. Pero luego, cuando piensas mas fríamente, reparas en los mayores, que han perdido todo lo que tenían y que probablemente no lo vayan a recuperar jamás. Y te quedas con cara de tonto, diciéndote a ti mismo: esta vida es muy volátil», reflexiona.

A Gutiérrez la solidaridad le ha forzado y le ha podido. Le ha ganado la batalla. «La primera vez que me fui, mi hermana me dijo que volvería asqueado o apasionado». Parece que, en su caso, el gusanillo de la solidaridad le ha roído profundamente las entrañas. Pero, no solo a él. «La idea del barco de rescate es de SMH, pero buscamos la alianza de los famosos bomberos sevillanos que estuvieron detenidos en la isla de Lesbos (Proem-Aid) porque somos dos organizaciones de tamaño muy parejo y con una filosofía de trabajo casi idéntica». A los andaluces no les ha echado para atrás la experiencia de pasar unos días entre rejas por el mero hecho de intentar ayudar a los demás. «Todos los que formamos este proyecto tenemos muy claro que estamos defendiendo el derecho fundamental del ser humano, que es el derecho a la vida, y ante eso no te puedes echar atrás».

«Si no hubiera ninguna ONG haciendo esta labor en el mar, los migrantes morirían»

«Patrullaremos las costas sirias hasta diciembre, pero el año que viene volveremos»

Con esa premisa bien clara, «fuimos avanzando en el proyecto y vimos que había necesidad de otra pata más». Y fue entonces cuando contactaron con la ONG alemana Life line. Sin embargo, Gutiérrez deja bien claro que si no llega a ser por la solidaridad de los guipuzcoanos y de las instituciones vascas este proyecto nunca hubiera llegado a buen puerto. «Los sevillanos están asustados con la ayuda de la sociedad vasca».

El barco de rescate zarpará el 15 de septiembre con el objetivo de patrullar la zona de la costa de Libia. «Estaremos patrullando a la espera de que pueda haber algún aviso de una patera a la deriva. También buscaremos las que puedan estar en problemas y, en cuanto las localizamos, las llevaremos a un puerto seguro.

Por ahora tienen planificadas cinco misiones de 15 días cada una en la mar. «Hasta diciembre, que es cuando las condiciones marítimas suelen empeorar». Si son buenas, quizá sigan un poco más «y sino lo retomaremos el próximo año».

Gutiérrez concluye con una reflexión. «Si fueran los míos los que estuvieran con el agua al cuello literalmente, me gustaría que alguien acudiera a echarles una mano. Solo eso». Buena mar, marinero.

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