El barco guipuzcoano salva 315 vidas

Parte de la tripulación del Lifeline durante el traslado de las personas rescatadas el martes. / MAYDAYTERRANEO

El Lifeline despacha a guardacostas libios que dispararon al aire para recuperar a los refugiados. Mañana regresará a Malta para efectuar un cambio de tripulación y comenzar el domingo la segunda misión de Maydayterraneo

ESTRELLA VALLEJOSAN SEBASTIÁN.

El Mediterráneo sigue siendo testigo del miedo, el hastío y de las ansias de huir de quienes se arrojan al mar esperanzados por que alguna embarcación de salvamento les intercepte por el camino, porque saben que de lo contrario no llegarán a tierra con vida.

El martes, el Lifeline, que inició su primera misión de rescate denominada Maydayterraneo el pasado día 22, logró rescatar a 315 personas que trataban de alcanzar Europa. «Estamos satisfechos», reconocía ayer el donostiarra Iñigo Gutiérrez, uno de los fundadores de la ONG Salvamento Marítimo, en una entrecortada conversación desde el barco que permanece alerta en aguas del Mediterráneo Central.

El Lifeline es un viejo buque que ha surcado los siete mares durante más de medio siglo. Pero gracias en parte a la solidaridad guipuzcoana y a diferentes instituciones -el Gobierno Vasco aprobó una ayuda de 150.000 euros-, fue rebautizado y se le asignó un nuevo cometido ideado por la ONG zarauztarra, en el que colaboran también la andaluza Proem-Aid y la alemana Mission Lifeline: patrullar las costas cercanas a Siria en busca de embarcaciones de migrantes que se encuentren en apuros para desembarcarlos en «puertos seguros» de Europa.

El martes tuvieron que hacer frente a la primera jornada de rescate. El día amaneció con el avistamiento de una embarcación hacia las 8.30 horas de la mañana. Se encontraba a la deriva con unas 55 personas a bordo. Poco después, otra nueva patera, también fabricada con madera, apareció en el horizonte con otros 60 ocupantes. Tras comunicarlo al Centro de Coordinación de Rescate Marítimo en Roma (MRCC), éste ordenó prudencia. Vigilar la embarcación pero sin acercarse en exceso. Minutos después, nuevo mensaje. El Lifeline tenía vía libre para rescatar a los ocupantes y subirles a bordo.

Pero en ese momento, con el buque lleno de rescatados, una patrullera de los guardacostas libios se aproximó hasta el barco guipuzcoano y lanzó un disparo al aire, «mientras otro agente amarraba un cabo a nuestro barco y dos de ellos abordaban el buque sin nuestro consentimiento», relata indignada la tripulación.

Los marineros libios exigieron a los miembros del Lifeline la entrega inmediata de las personas rescatadas por encontrarse, según decían, en aguas libias, cuando los rescates se habían efectuado en torno a las 20 millas de distancia de la costa. «Nuestro capitán, desde la calma pese a los gritos de los marineros libios, se ha negado en todo momento y ha argumentado que estábamos en aguas internacionales y que ellos no tenían soberanía en esta zona», describen. A pesar de la tensión del momento y la preocupación de las personas rescatadas que aún veían abierta la posibilidad de regresar a territorio libio, los guardacostas abandonaron el Lifeline.

«Si no hubiéramos conseguido encontrarlos, habrían muerto», asegura Iñigo Gutiérrez

«No lograrán echarnos pese al acoso de los guardacostas», indica la tripulación del Lifeline

Rondaban entonces las dos de la tarde, y mientras parte de la tripulación lidiaba con los guardacostas, otros miembros habían zarpado en una lancha de rescate a por una tercera patera, en este caso de goma, que asomaba a unas 20 millas de la costa con unas doscientas personas subsaharianas «completamente hacinadas en su interior», explica Gutiérrez.

La situación se agravó cuando el bote neumático empezó a perder aire «por ir demasiado cargado», y debían aguardar la llegada del buque, que a su vez esperaba que los guardacostas se hubieran alejado lo suficiente para acudir en su busca. «Fue una espera muy tensa, porque no tenían espacio ni para ponerse los chalecos salvavidas. Pero por suerte conseguimos hacerles mantener la calma», se felicita el donostiarra, quien insinúa que doscientas personas «nerviosas en medio del mar puede desencadenar situaciones de alto riesgo».

Por orden del MRCC, los 315 rescatados fueron transferidos a un buque de mayores dimensiones que se encontraba en la zona y que trasladó a los refugiados a Sicilia, donde se estima que llegaron ayer.

Desde Maydayterraneo, denunciaron «el acoso» sufrido por los guardacostas libios. Aseguraron haber sido testigo de episodios similares en otros barcos, como el de sus compañeros de Proactiva OpenArms, lo que consideran que responde «a una táctica, en connivencia con la Unión Europea, para intimidar a quienes queremos ayudar con el objetivo de echarnos, pero no lo conseguirán. No quieren posibles testigos de las violaciones de los Derechos Humanos y de los tratados internacionales que se producen en esas aguas», denunciaron.

Segunda misión

Las aguas del Mediterráneo Central amanecieron ayer más agitadas. Pero el oleaje, al menos, garantizaba que pocas embarcaciones se arrojarían al mar en busca de un futuro mejor, aun a sabiendas de que puede terminar en tragedia. «Las embarcaciones encontradas estaban a veinte millas de la costa y les quedaban otras cien para llegar a tierra. Ese tipo de lanchas no resisten», asevera Gutiérrez. Es por ello, que la tripulación -únicos que actúan en esa zona- se muestra satisfecha de haber salvado la vida a trescientas personas que de lo contrario «habrían muerto en una zona cada vez más peligrosa».

El Lifeline finaliza el sábado la primera misión, que ha sido más breve de lo esperado por problemas burocráticos que retrasaron la salida de La Valeta. Mañana pondrán rumbo a Malta y una vez en tierra, el barco de rescate cambiará el personal a bordo y volverá a zarpar el próximo domingo 1 de octubre.

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