«El barco se iba cada vez más abajo y dábamos ya todo por perdido»

Iñaki Ruiz Ezenarro, Santiago Navarro y Sebastián Múgica, tres miembros de la tripulación, en el puerto junto al pesquero. / VIÑAS

La tripulación del 'Berriz Patxiku' vivió momentos de pánico tras chocar contra las rocas. El pesquero, con base en Getaria, permanece semihundido en el muelle de Pasai Donibane a la espera de que se apruebe un plan para reflotarlo

ELENA VIÑAS SAN SEBASTIÁN.

«Hoy hemos vuelto a nacer», suspiraban aliviados algunos de los nueve tripulantes del 'Berriz Patxiku', mientras observaban cómo apenas la proa y el puente de mando de este pesquero con base en Getaria asomaban por encima de las aguas de la bahía de Pasaia. A la luz del día y sin poder apartar la vista del barco con el que salen a diario a faenar, trataban de reconstruir los minutos en los que su vida estuvo a punto de truncarse pocas horas antes.

Cuando zarparon a las ocho de la tarde del domingo para pescar entre San Sebastián y Pasaia, ninguno de ellos presagiaba lo que iba a ocurrir esa misma madrugada al este de Picachilla, una roca sumergida situada a pocos metros de la superficie marina, en las faldas del monte Ulia. «Era la una y media de la madrugada cuando el viento que se había levantado y las olas nos llevaron a las rocas. Cuando nos hemos dado cuenta, ya estábamos encima de ellas», señalaba Iñaki Ruiz Ezenarro, mientras sus compañeros Santiago Navarro y Sebastián Múgica asentían con gesto serio.

Sus esfuerzos se centraron en liberarse en medio de la profunda oscuridad existente en ese lugar que se encuentra a dos millas de la dársena guipuzcoana. El primer intento resultó en vano. El segundo tampoco dio resultado. «Gracias a Dios, a la tercera, el barco pudo salir justo, justo, porque en ese mismo momento el motor se paró, se fue la luz y empezó a entrar agua por donde había reventado», explicaban los arrantzales, en su mayoría naturales de Getaria y poblaciones cercanas.

«Somos nueve familias que no sabemos qué va a pasar a partir de hoy con nuestro sustento»

La desesperación fue máxima, lo mismo que la impotencia que sentían sin poder hacer nada más que aguardar la respuesta de los servicios de emergencia a la alerta que enviaban. «El barco se iba cada vez más abajo y lo dábamos ya todo por perdido. Con la mar que hacía era imposible saltar a las rocas, porque nos iban a reventar», declaraban.

A su llamada de socorro llegó enseguida al 'Kantauri', otro buque de pesca también de Getaria que se encontraba a muy poca distancia, con la intención de remolcarles hasta Pasaia. Minutos después de las dos de la madrugada atravesaban la bocana del puerto. A las tareas se unieron los remolcadores de Facal y embarcaciones de Salvamento Marítimo y Cruz Roja. Estos equipos trataron, en un primer instante, de varar la embarcación en el Astillero Zamakona.

Sin embargo, el estado en el que se hallaba ésta lo impidió, obligando a llevar a cabo su atraque provisional, parcialmente hundida ya, en el muelle de Nabalaldea, en Donibane. «Entramos en la bahía muy escorados; y de popa, muy metidos además. Ha sido llegar al muelle y hundirse aún más», comentaba Sebastián Múgica.

Afortunadamente, los nueve miembros de la tripulación, incluido el patrón, resultaron ilesos. «Hemos tenido suerte», aseguraba Ruiz Ezenarro. «Suerte de todo tipo -añadía Navarro-. Hoy hemos vuelto a nacer. No hay otra historia».

La suya era una opinión compartida por Sebastián Múgica, el más veterano del grupo con varias décadas de experiencia en la mar. «Estoy acostumbrado a este trabajo, pero no a accidentes tan importantes como éste», admitía.

Pendiente de reflotarse

Pasado el susto inicial, los responsables del pesquero comenzaban a realizar a primeras horas de la mañana de ayer gestiones con la Autoridad Portuaria de Pasaia y Capitanía Marítima, entre otras entidades, con el fin de intentar estabilizar el pesquero y sacarlo a tierra para su reparación. Las primeras labores se acometían hacia la una del mediodía, cuando, con ayuda de una grúa, varios buzos y de todos los tripulantes del 'Berriz Patxiku', se retiraban las redes para tratar de aligerar el peso de la nave.

El siguiente paso previsto era el de vaciar el tanque de combustible de este moderno barco de pesca de cerco construido hace catorce años. Como medida de precaución, horas antes ya se había desplegado una barrera anticontaminante en torno a la embarcación para evitar posibles fugas.

Fuentes portuarias consultadas por este periódico señalaron que el armador y el seguro habrán de proponer a Capitanía Marítima un plan de remoción del buque para que sea aprobado. Una vez que el documento reciba luz verde, podrán comenzar los trabajos. No hay una previsión de plazos de momento.

Los arrantzales no ocultaban su preocupación por los puestos de trabajo que desde ayer quedan en suspenso. «Habrá que ver qué ocurre, si el patrón decide arreglar el barco o si, por el contrario, opta por convertirlo en chatarra. Somos nueve familias que no sabemos lo que va a pasar a partir de hoy con nuestro sustento», confesaban.

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