La RGI baja en casi mil perceptores en Gipuzkoa, la mayor caída desde la crisis

La RGI baja en casi mil perceptores en Gipuzkoa, la mayor caída desde la crisisGráfico

Cierra 2017 con 14.128 titulares, un 6% menos que el año anterior, pero crece el volumen de personas que necesitan la ayuda para completar su sueldo y evitar la pobreza

ARANTXA ALDAZSAN SEBASTIÁN.

La herida social abierta por la crisis no se ha curado, pero el reguero de damnificados ha empezado a disminuir. 2017 confirma la tendencia descendente iniciada un año antes en la demanda de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI), la principal prestación contra la pobreza en Euskadi. Diciembre se cerró en Gipuzkoa con 14.128 perceptores, lo que supone una caída del 6% en doce meses, el mayor descenso desde que golpeó la crisis, cuando la bolsa de perceptores prácticamente se dobló.

El volumen de personas que necesitan la RGI para sobrevivir no se acerca todavía a los niveles anteriores a la recesión económica, un escenario probablemente imposible de recuperar. Allá por 2008, en el territorio se contabilizaban alrededor de 8.000 personas que cobraban la ayuda mensual, de entre 644 y 915 euros al mes (en función del número de componentes del hogar). Pero, pese a la enorme distancia, el balón de oxígeno en la demanda era la señal que se esperaba en el Gobierno Vasco para acompañar el mensaje de la recuperación económica: también entre las personas que peor lo están pasando se empiezan a percibir síntomas de mejoría. En Gipuzkoa, 911 personas consiguieron salir de las listas de Lanbide en todo el año. El balance arroja un saldo similar en todo Euskadi, con 60.405 titulares de la ayuda, frente a los 63.797 de diciembre de 2016.

Las cifras

21,2% de la demanda
se corresponde con trabajadores pobres que completan su salario con la ayuda social.
48% de los titulares de la RGI
cobran además los 250 euros al mes de ayuda al pago del alquiler.

En la zona de sombras aparecen realidades no tan optimistas. En el último año ha crecido el volumen de perceptores que tienen que completar su sueldo bajo con la prestación social, para poder evitar así la pobreza. Ya suponen el 21,2% de la demanda, una cifra que ha ido escalando décima a décima. Son los llamados trabajadores pobres, un fenómeno que llegó con la crisis para quedarse. Estos estímulos al empleo se introdujeron dentro del sistema de rentas mínimas para evitar la llamada 'trampa de la pobreza', que los perceptores prefieran cobrar una ayuda que trabajar. El Departamento de Empleo y Políticas Sociales ha insistido en que la cronificación en el sistema «no es alta», pero sí se están elevando las tasas de intermitencia, es decir, el número de personas que entran y salen del sistema con cierta frecuencia precisamente por la inestabilidad del mercado de trabajo.

El balance de 2017 permite ahondar en el perfil del perceptor. El 38% de los titulares en Gipuzkoa son personas nacidas fuera de España. El colectivo de pensionistas, con bajos ingresos, se mantiene en torno a casi un tercio del total de perceptores. Y casi la mitad (48%) de los beneficiarios reciben también la ayuda mensual de 250 euros para el alquiler.

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