El camionero 'kamikaze' de la N-1 será condenado por homicidio doloso

El camión que conducía el acusado volcó tras el impacto con el vehículo de la víctima./UNANUE
El camión que conducía el acusado volcó tras el impacto con el vehículo de la víctima. / UNANUE

El tribunal de la Sección Primera de Gipuzkoa desvela su decisión en un auto en el que decide mantener al acusado en la cárcel

JAVIER PEÑALBASAN SEBASTIÁN.

El conductor 'kamikaze' que hace dos años causó la muerte de la errenteriarra Beatriz Hernández Rivas, después de que circulara nueve kilómetros por la N-1 en dirección contraria y en estado de embriaguez, será condenado por homicidio doloso. Es la decisión alcanzada por los tres magistrados que a finales del mes pasado juzgaron al chófer, de 52 años y nacionalidad portuguesa, para quien las acusaciones fiscal y particular solicitaron 12 años y 6 meses y 15 años de prisión respectivamente. Así lo ha desvelado la propia Sección Primera, en un auto hecho público la semana pasada en el que rechaza la puesta en libertad del procesado.

La resolución, que tiene fecha del pasado día 12, da respuesta a una petición formulada por la defensa del acusado. El conductor permanece en la cárcel desde que recibió el alta médica, a las pocas horas de que tuviera lugar el suceso. Desde entonces, han sido varias las ocasiones en las que su representación legal había solicitado la puesta en libertad. La última vez fue el pasado 28 de noviembre, a la finalización del juicio. Tras la exposición de los informes, el presidente del tribunal concedió un turno a las partes para que se pronunciasen sobre la situación personal del transportista. Las acusaciones pidieron que se prorrogara la prisión, mientras que la defensa solicitó la libertad.

La Audiencia, sin embargo, ha desestimado la demanda del abogado defensor. Lo ha hecho, además, en un auto en el que desvela el contenido del fallo que próximamente hará público y que a tenor de su redacción será condenatorio por homicidio doloso.

Las acusaciones han defendido a lo largo del proceso que los hechos eran constitutivos de un delito de conducción bajo la influencia de bebidas alcohólicas, en concurso con otro de «conducción con manifiesto desprecio a la vida de los demás» y «homicidio».

El tribunal, integrado por los magistrados Iñaki Subijana, presidente de la Audiencia, Augusto Maeso y María José Barbarin, da la razón a las acusaciones y adelanta que, «tras deliberar la causa sometida a enjuiciamiento», ha resuelto que la calificación jurídica que fue formulada al unísono por el ministerio fiscal y la acusación particular «será finalmente la acogida».

Valoración de la prueba

El tribunal fundamenta que su decisión se produce después de valorar todos los medios de prueba practicados en el plenario, «tanto de cargo como de descargo». Por tanto, dada la gravedad de los hechos y la calificación jurídica, que conlleva la imposición al acusado de una pena de 12 años y 6 meses prisión, junto a su «falta de arraigo» en el territorio nacional, llevan a la Audiencia a mantenerle en prisión provisional.

Este escueto avance del fallo realizado por el tribunal guipuzcoano encontrará amparo en los fundamentos jurídicos que se conocerán cuando la sentencia se haga pública. La decisión de la sala seguro que, no obstante, marcará un antes y un después en los procesos judiciales que se incoan por fallecimiento en casos de conducciones temerarias o bajo los efectos del alcohol, que hasta ahora se resolvían con penas leves y la aplicación del delito de homicidio imprudente. La muerte de Beatriz también podría haber terminado de igual manera. Sin embargo, la determinación de la acusación particular que, en nombre de la familia de la víctima ha ejercido el abogado donostiarra Iñaki Sánchez, ha permitido que el proceso tuviera un recorrido bien distinto. El apoyo en este sentido de la entonces fiscal de Seguridad Vial de Gipuzkoa, Estela Rodríguez, ha sido también crucial.

Desprecio a la vida

Sánchez y Rodríguez defendieron en la vista oral que el transportista actuó con «manifiesto desprecio a la vida de los demás conductores». Ambos coincidieron en señalar que quedó «constatado» que el acusado, tras ingerir bebidas alcohólicas, se subió al camión, arrancó, se introdujo en sentido contrario por la N-1 y circuló a lo largo de 9 kilómetros y 400 metros, durante nueve o diez minutos, hasta provocar el accidente que causó la muerte de Beatriz Hernández Rivas. Añadieron también que el chófer puso en «inminente y concreto riesgo» a los demás usuarios de la vía, «hasta el punto de que algunos tuvieron que realizar maniobras evasivas para no impactar contra el transporte».

Iñaki Sánchez sostuvo que la «exhaustiva» prueba había permitido acreditar que el acusado era «plenamente consciente de que sabía y conocía el peligro que generaba y lo aceptó». Añadió que «desde el momento en el que se incorporó a la N-1 empezó a recibir señales acústicas y luminosas por parte de los conductores. Además, nadie ha podido demostrar que su conducción fuera anómala» y precisó que «no hay nada que permita sospechar que sufriera un síncope por una pérdida de consciencia o un mareo». El letrado manifestó que la prueba contra el acusado era «palmaria».

El abogado del acusado defendió que «no se puede calificar un delito como doloso cuando no se tiene ninguna intención de matar a nadie».

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