22 años desde la última gran nevada en San Sebastián

Nieve sobre Donostia en 1996/capdequi/easoflyers
Nieve sobre Donostia en 1996 / capdequi/easoflyers

A primeras horas de la mañana del 20 de febrero de 1996 la nieve comenzó a caer sobre San Sebastián. Todo empeoró al día siguiente

JAVIER GUILLENEA

Hace 22 años, el 20 de febrero de 1996, cayó sobre la costa guipuzcoana la última gran nevada que se recuerda. Desde entonces la nieve nos ha visitado en numerosas ocasiones, pero lo que se dice nevar en condiciones, con las calles cubiertas por varios centímetros y las carreteras colapsadas, como aquella vez ninguna en nuestra historia más reciente salvo la de este miércoles. Y si retrocedemos algo más, ni comparación con el gran frío de febrero de 1956, cuando toda Europa quedó hermanada en un mismo congelador.

Eran otros tiempos. Entonces sí que nevaba, al menos en cantidad, porque ahora caer sí que cae. Pero la nieve no termina de cuajar. Las playas y las calles se cubren el tiempo suficiente para sacar un par de fotografías antes de que el hermoso manto blanco se transforme en una espesa mugre grisácea. Poco más. Nieva pero no hace el frío suficiente para que los copos se mantengan unidos.

El 9 y el 10 de enero de 2010 la nieve alcanzó en Igeldo un espesor de 5 centímetros. Es la máxima altura que se ha registrado en lo que va de década en San Sebastián a la espera de los datos de la nevada de este 2018.

Nada que ver con lo que ocurrió el 20 de febrero de 1996. Después de una década con inviernos muy templados y pocas jornadas de nevadas que no cuajaban en San Sebastián desde 1988, ese día se desencadenó una gran tormenta que trajo lluvia, granizo y nieve. Y también frío. La temperatura mínima en el observatorio de Igeldo fue de -1,4 grados y la máxima de 3,4.

Los donostiarras ya estaban avisados de lo que les esperaba pero no por eso dejaron de sorprenderse cuando a primeras horas de la mañana empezó a nevar en la costa como si nunca lo hubiera hecho. Entre las ocho menos cuarto y las nueve de la mañana cayó nieve suficiente para cubrir los principales viales de la capital. Los accesos a los hospitales quedaron cerrados al tráfico durante una hora y se hizo necesario el uso de cadenas para subir a los barrios altos de la ciudad. En algunos lugares la nieve alcanzó los 40 centímetros de espesor.

La nevada de febrero de 1996 colapsó la ciudad / DV

Decenas de traumatismos

Todo empeoró al día siguiente, hace 22 años. Aquel miércoles, al granizo y a la nieve se le unió un descenso de las temperaturas, que alcanzaron una mínima de -3 grados y una máxima de 4 grados. Gipuzkoa entera quedó paralizada y en sus hospitales se atendieron decenas de traumatismos.

A primera hora de la mañana la capa de nieve en San Sebastián era ya de 15 centímetros, lo bastante como para que los esquiadores lucieran sus mejores equipos en La Concha y Alderdi Eder. La ciudad se veía bonita de tan blanca y con tanta juventud lanzándose bolas de nieve a falta de clases y de otra cosa que hacer. Pero tras el paisaje de postal se ocultaba la realidad de una urbe y un territorio colapsados.

La circulación de camiones quedó prohibida en las principales carreteras de Gipuzkoa. En San Sebastián el tránsito de vehículos se volvió imposible, sobre todo por la mañana. Las cadenas seguían siendo imprescindibles para subir a barrios como Egia y Aiete. Por algún motivo difícil de comprender, los guipuzcoanos se dedicaron a comprar pan y vaciaron las panaderías. Como si temieran una catástrofe.

Llega el hielo

Los miedos comenzaron a desvanecerse el día siguiente. Nevó algo, pero bastante menos que las dos jornadas anteriores, y la temperatura mínima descendió hasta los -3,2 grados. El temporal empezaba a remitir y, sobre todo, el cielo se despejó durante varias horas por la mañana. Los habitantes de la costa por fin pudieron ver el sol.

La nieve empezó a derretirse, lo que permitió abrir las principales carreteras, pero el intenso frío propició la formación de placas de hielo que en San Sebastián entorpecieron el servicio de autobuses en las zonas altas. Fueron las últimas consecuencias de un temporal que el día 23 empezó a convertirse en pasado y a unirse a otras fechas que han quedado grabadas en la memoria histórica de Donostia, como la de 1956.

El 3 de febrero de ese año los aires siberianos llegaron a Gipuzkoa tras cruzar toda Europa. Empezó así lo que el geógrafo José Manuel Puente denomina «la ola de frío más intensa del siglo XX». «La capital se cubrió con unos 5 centímetros de nieve, pero más que la nevada lo excepcional fue el frío extraordinario que se abatió sobre la ciudad. El día 3 la temperatura mínima en Igeldo fue de -12,1 grados, con una máxima de -1,8», recuerda Puente en un trabajo sobre la nieve en San Sebastián. Durante todo el mes Gipuzkoa vivió otras dos oleadas siberianas que convertían rápidamente en hielo los copos que caían. Eran otros tiempos, otras nieves. Que algún día volverán.

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