Un aniversario por todo lo alto

El Orfeón Donostiarra, en una de sus interpretaciones dirigidas por Sainz Alfaro.
El Orfeón Donostiarra, en una de sus interpretaciones dirigidas por Sainz Alfaro. / MICHELENA

El CGPJ celebra los veinte años de su centro de documentación en Donostia

JAVIER PEÑALBASan Sebastián

Fue una celebración por todo lo alto. La ocasión lo merecía. No faltó nadie. El recuerdo de quienes no pudieron estar se dejó sentir entre los presentes. El Palacio de Justicia de la calle San Martín de Donostia albergó el veinte cumpleaños de la entrada en funcionamiento del Centro de Documentación del Judicial. Dos décadas han bastado para que este servicio del Consejo General del Poder Judicial se haya convertido en una referencia internacional para los juristas. En este tiempo, se ha pasado de la era del papel a la de la informática.

La celebración contó con la presencia de más de un centenar de invitados, muchos de los cuales llevan años sin estrecharse la mano. Entre ellos, el expresidente del Tribunal Supremo y del CGPJ Pascual Sala y el exlehendakari José Antonio Ardanza, los firmantes en 1996 del protocolo por el que el Gobierno Vasco autorizó la cesión de uso a título gratuito por 50 años prorrogables de parte del edificio para instalar la sede del Cendoj.

Asimismo, asistió el presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, y todos los vocales del CGPJ, que aprovecharon la conmemoración para celebrar el Pleno mensual en la capital guipuzcoana. Tampoco faltaron a la cita el presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, Juan Luis Ibarra; la fiscal superior de Euskadi, Carmen Adán; la de Gipuzkoa, Idoia Zuriarrain y la decana del Colegio de Abogados, Lurdes Maiztegui. Hizo de anfitrión el presidente de la Audiencia guipuzcoana, Iñaki Subijana.

La representación civil estuvo encabezada por el delegado del Gobierno en el País Vasco, Javier de Andrés; y el Ararteko, Manuel Lezertua.

Estaban también presentes aquellos que pusieron en marcha el servicio, entre ellos sus exdirectores Juan Mateo Ayala, y Joaquín Silguero y José Luis de Benito. Hubo un emotivo recuerdo para el fallecido Antonio Guerra. Y acudieron igualmente los trabajadores que hacen posible que el centro sea la referencia que es, con sus cuatro letradas: María José Aguirre, Inés Valor, Edurne Uranga y María Jesús Villa.

Recuerdo a Lidón

José Luis de Benito, hoy vicesecretario general del CGPJ y que fue el primer director del centro, rememoró los primeros días del servicio y a algunos de quienes contribuyeron a su puesta en marcha y que hoy ya han fallecido. También tuvo palabras de recuerdo para el magistrado de la Audiencia de Bizkaia José María Lidón, asesinado por ETA en 2001 y cuyo nombre lleva el Cendoj. «Su trayectoria vital y profesional, truncada por mano criminal, ha dado nombre y calidad humana a este centro», afirmó.

En el acto intervino Carlos Lesmes, quien destacó que el proceso constante «de mejora y de crecimiento, de consolidación de los objetivos iniciales y de búsqueda de nuevas metas, de innovación y valentía» han convertido el centro en «una referencia, tanto nacional como internacional, en materia de nuevas tecnologías y Justicia».

El director del Cendoj, Iñaki Vicuña, se refirió al futuro. «Se abre un mundo de posibilidades en áreas que ya empiezan a dar sus primeros resultados», dijo. Recordó el vertiginoso avance que la tecnología había experimentado en las dos décadas transcurridas. «Cuando en 1997 se creó el centro se inventaron el DVD, las memorias USB y no existían cosas como Google, YouTube, Facebook o Twitter», subrayó.

La consejera de Trabajo y Justicia del Gobierno Vasco, María Jesús San José, destacó la importancia de mantener la colaboración interinstitucional para afrontar los retos del futuro, entre los que citó la consecución de una Justicia cercana al ciudadano y alcanzar el objetivo del «papel cero» en todas las fases del procedimiento judicial

El acto no pudo tener mejor broche final. El Orfeón donostiarra, con su director José Antonio Sainz Alfaro, interpretó diez composiciones que sonaron a gloria en una repleta sala de vistas de la Audiencia Provincial, donde, entre tanto juez, por una vez, las togas brillaron por su ausencia.

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