'Vaya fauna' a la guipuzcoana (I)

En Gipuzkoa hay muchas historias curiosas y divertidas protagonizadas por los más variopintos animales, aquí van algunas (1ª parte)

ANTTON IPARRAGUIRRE

Una vaquilla interesada en ser panadera

Una vaquilla dio un susto de muerte en una panadería de Hernani. Entró al establecimiento durante su huida en los encierros de San Juan, el 28 de junio del pasado año. Y eso a pesar de estar agarrada por los mozos con una cuerda. La asustada res, llamada Lola, se quedó durante unos momentos, encajonada dentro del local. Los mozos tiraron de la cuerda que la agarraba por los cuernos hasta que consiguieron sacarla. A lo mejor solo estaba interesada en conocer el negocio del pan. Solo por el olor le parecería atractivo, aunque es verdad que con hierba la miga le gustaría más. Sería cuestión de probar.

La ballena que vino a morir a La Concha

El 6 de diciembre de 2012 los viandantes se vieron sorprendidos por la presencia de una ballena varada en La Concha. Se trataba de un rorcual que medía 16.6 metros y pesaba unas 10 toneladas, la mitad de lo que debía pesar. Tras unas horas de agonía, que presenciaron decenas de personas, el rorcual murió. La muerte le sobrevino por una neumonía que se le complicó en el riñón y el hígado, lo que hizo que se debilitase y buscase un lugar protegido como es la bahía donostiarra. Además, los rozamientos con la arena y las rocas le produjeron heridas en la piel. El animal fue enterrado en Zubieta, a la espera de que la naturaleza haga su trabajo, se descompongan las partes blandas y puedan recuperarse los huesos para ser expuestos en algún museo. La llegada de ballenas a las costas guipuzcoanas no es nada nuevo. El 3 de enero del pasado año se pudo ver en la dársena del puerto de Getaria un ejemplar de 12 metros, y el 22 de noviembre otro ejemplar en Zarautz. Solo por citar los últimos casos. Los arrantzales guipuzcoanos fueron durante siglos expertos en la pesca de ballenas, tanto lejos como cerca de su costa.

¿Cómo llegó un jabalí a estar encima de una cabina telefónica?

En Aretxabaleta tuvo lugar el 18 de noviembre de 2012 un caso sorprendente, pero también muy macabro y que no tiene ninguna gracia. Un joven jabalí de unos 25 kilos apareció encima de una cabina telefónica en el centro urbano, muy cerca de la parroquia atxabaltarra y del edificio consistorial. En su momento la principal hipótesis fue que el animal fue atropellado y que posteriormente un grupo de personas se encargó de dejarlo en ese lugar. Un guarda forestal de la Diputación lo retiró y lo llevó a la zona de Orkatzategi, en Oñati, para que sirviera de alimento para los buitres. Un triste final para un animal que no tuvo derecho a la última llamada antes de morir.

La ciudad no es para los jabalíes

El 28 de noviembre de 2016 un grupo de cazadores abatió a tres de los cuatro jabalíes que aparecieron en el barrio donostiarra de Intxaurrondo. Ante la crítica desde sectores animalistas, el Ayuntamiento indicó que la decisión fue necesaria para evitar peligros mayores en la población, puesto que no fue posible cercarlos ni mantenerlos controlados. Los animales llevaban días campando por sus anchas por las carreteras y zonas urbanas de San Sebastián. Desgraciadamente, no sabían que la ciudad no es para los jabalíes. Por lo menos no para los de cuatro patas y ralo pelaje.

La tortuga laúd recala sin prisa pero sin pausa

La tortuga laúd recala sin prisa pero sin pausa

No solo recalan en Gipuzkoa especies llegadas desde los hielos. Arrastrados por las corrientes del Golfo, también lo hacen animales tropicales, y a pesar de los miles de kilómetros recalan sin prisa pero sin pausa. El más espectacular de todos fue la tortuga laúd. Es el mayor de los reptiles que vive hoy en día en el planeta. Puede alcanzar dos metros y medio de longitud y más de una tonelada de peso. Es la tortuga marina más antigua y la mejor adaptada a la vida oceánica. En diciembre de 1986, una tortuga de dos metros se adentró en la bahía de la Concha. Más tarde fue vista en Getaria. Invirtió tres días en recorrer los 17 kilómetros que separan las dos localidades. Precisamente un pesquero de esta localidad, el ‘Bizi Nahi’ capturó en septiembre de 1988 una tortuga de 400 kilos de peso entre Orio y Getaria. El animal se había quedado enganchando en las redes. Dos meses después, apareció otra en San Sebastián. Es la que permanece disecada en el Aquarium. El 20 de noviembre de 2013 una tortuga laúd de un peso de entre 200 y 300 kilos fue recogida muerta por uno de los tractores encargados de la limpieza en la playa de Hendaya. Por desgracia llevaba mucho tiempo a la deriva, con su cabeza atrapada entre unas redes.

A la caza del esquivo poney

A la caza del esquivo poney

La Guardia Municipal de San Sebastián recibió la tarde del 22 de octubre de 2012 una insólita llamada desde Añorga Txiki. Un vecino informó de que un poney trotaba en libertad por la zona. Tras varios intentos de captura, el animal llegó a las inmediaciones del antiguo edificio del geriátrico, ubicado frente a la estación del Topo de Lugaritz. Ante la mirada de varios curiosos armados con cámaras y móviles, el pequeño caballo pasó buena parte de la tarde pastando en un jardín, huyendo de los intentos de captura. Ni el socorrido truco de la zanahoria funcionó. Se ve que la hierba fresca era más apetecible. Con un cubo de agua tampoco hubo suerte. Tras varias carreras arriba y abajo, con cuatro esforzados agentes de la ley detrás, finalizó su carrera ante la puerta de un garaje. Pero, dentro, la oscuridad, las columnas y las decenas de vehículos eran un laberinto perfecto para seguir jugando un poco más al 'a que no me pillas, cara de tortilla'. Al final pudo ser capturado por varias personas no sin esfuerzo. Se acabó la aventura del pequeño equino. Seguro que estuvo varios días vigilado y castigado en un recinto cerrado por vallas.

El perro que recorrió 120 kilómetros para no perderse las vacaciones con sus amos

El perro que recorrió 120 kilómetros para no perderse las vacaciones con sus amos

El 13 de agosto de 1987 comenzó una historia protagonizada por un pastor alemán donostiarra que dio la vuelta al mundo. Incluso, entró en el Libro de los Récords. El can, llamado 'Bostik', fue capaz de recorrer los 120 kilómetros que separan San Sebastián de Tafalla para ir en busca de sus dueños. ¡Y a 40 grados! Resulta que la familia se fue de vacaciones a la localidad navarra y no podía llevarse a la mascota, por lo que decidieron hospedarle en una 'pensión' para perros del barrio donostiarra del Antiguo. Pero el perro no estaba dispuesto a pasar cinco días alejado de sus dueños y sin 'vacances'. Cuando uno de los cuidadores abrió la jaula para sacarle a pasear, 'Bostik' echó a correr. Con su bozal puesto y la correa colgando, sin comer ni beber durante más de dos días, el can atravesó Tolosa, bajó el puerto de Azpiroz, llegó a Ventas de Mugiro, superó dos noches, asustado por los focos de los coches, temor que se le quedó de por vida, y llegó a Tafalla. Exhausto, tras esa soprendente odisea pudo reunirse con la familia que tanto quería y protegía. ¿Olfato, instinto, casualidad? Tal vez de todo un poco. Lo que está claro es que por algo se dice que el perro es el mejor amigo del hombre. Nunca te deja solo.

El arao al que confundieron con un pingüino

El arao al que confundieron con un pingüino

Esta sí que es una visita rara. Un arao apareció el 20 de marzo de 2016 en la playa de Deba. Se trata de un ave marina de cuerpo alargado, pico fino y patas en posición retrasada. Se publicó una foto que se hizo viral rápidamente. En los primeros momentos se llegó a pensar que en realidad se trataba de un pingüino. Sin embargo, los expertos confirmaron que se trataba de un pequeño arao, una ave muy poco frecuente en nuestras costas en invierno y más habitual cuando las temperaturas ascienden. Aunque no se dejan ver mucho en público. ¿Serán tímidos? Al menos parecen divertidos, como los pingüinos.

La 'rata gigante' que coloniza Gipuzkoa

La 'rata gigante' que coloniza Gipuzkoa

La ciencia le bautizó como 'Myocastor coypus', aunque para la mayoría de los mortales es simplemente un coipú. Los primeros datos sobre su presencia en Gipuzkoa se remontan a finales de la década de los 70. La colonización llegó desde el otro lado de la muga. Por eso, el primer espacio en el que se instalaron fue la cuenca del Bidasoa. Desde entonces, su población no ha dejado de crecer. Es una especie ya asentada en el río salmonero por excelencia de Euskadi. Pero el coipú, este roedor, de aspecto mitad castor, mitad nutria, que tanto se asemeja a una rata gigante, no conoce de fronteras, y ha dado el salto a otros valles del territorio. Incluso han sido vistos en plena calle. Así, el 23 de mayo de 2015 los vecinos de Amara se sobresaltaron con la aparición de lo que parecía una gigantesca rata en la zona de Eustasio Amilibia. La Guardia Municipal dio aviso a los servicios forales de recogida de animales, que redujeron al bicho no sin dificultad. Además de bastante repelentes se ve que son fieros.

Las bañistas más imponentes de La ConchaKutxateka

Las bañistas más imponentes de La Concha

¿Te imaginas estar dándote un chapuzón en la playa donostiarra de La Concha y encontrarte en tu camino hacia el gabarrón o la isla con un elefante? Pues a los grandes paquidermos también les gusta el mar, como lo prueba esta foto tomada en 1929, en el que aparecen cinco ejemplares montados por sus cuidadores. Todos ellos pertenecían al entonces prestigioso circo Kroner. Se encontraba de gira en San Sebastián aprovechando que la ciudad era uno de los focos turísticos más importantes a nivel europeo en los años 30 del pasado siglo. Aquí venía la 'crème de la crème'. Menos mal que en aquel entonces la playa no estaba tan masificado como ahora. ¿Dónde pones la toalla si tienes a tu lado una manada de elefantes? ¿Reservarían hamacas y toldos?

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