Ángel Gabilondo: «Un pacto de Estado por la educación nunca llegará a serlo si no hay un pacto entre los territorios»

Ángel Gabilondo participa esta semana en el curso 'Si volviera a nacer' en el Palacio de Miramar.
Ángel Gabilondo participa esta semana en el curso 'Si volviera a nacer' en el Palacio de Miramar. / JOAQUÍN PAÑEDA
Ángel Gabilondo, exministro de Educación

El filósofo donostiarra aboga por que el Ministerio de Cultura y Educación asuma el protagonismo para conseguir la «necesaria» estabilidad educativa

TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN.

Ángel Gabilondo (San Sebastián, 1949) participará este martes y el miércoles en los Cursos de Verano de la UPV, concretamente en el que lleva por título 'Si volviera a nacer'. Catedrático de Filosofía, exrector de la Universidad Autónoma de Madrid, exministro de Educación y actualmente portavoz del grupo socialista en la Asamblea de Madrid, reflexiona sobre la vida y la experiencia, sobre los últimos acontecimientos que ha vivido la sociedad española y, claro, sobre Educación en el inicio de un curso en el que se intentará seguir avanzando en un pacto social para la enseñanza.

- El título de su ponencia es 'Efímeros: nacer cada día'. ¿En qué se va a centrar?

- Todo nace de una frase de Píndaro en la que nos define como efímeros, seres de un día, con lo que quiere decir que nuestra vida es muy vulnerable y que, como luego han dicho otros como Marco Aurelio o Séneca, hay que vivir cada instante como si fuera el último de la vida o vivir cada día como si estuvieran juntas todas las estaciones del año. Es una cierta idea de intensidad y finitud en la vida, pero con plenitud; en vez de dejar pasar la vida, vivir cada instante como una suerte de eternidad. La idea de efímero significa un mortal que sabe vivir.

- ¿Y sabemos vivir?

- Creo que a veces estamos distraídos, entretenidos en peripecias, ocupados, no sé si para no pensar, para olvidar o para soportar la propia vida, pero tenemos que aprender a nacer cada día, es decir a renacer cada vez. La pregunta del curso es 'Si volvieras a nacer'. Cuando pienso en eso, reflexiono sobre todo en el daño que he podido hacer a otros. Tengo el privilegio de vivir, pero la preocupación que me queda es, a la hora de plantearme qué haría si volviera a nacer, el daño que he podido hacer, aunque sea sin querer o por descuido.

«Los profesores están desorientados y así no se puede avanzar en un proyecto educativo»

- Pero ese concepto de daño es muy relativo según cada persona, porque estamos marcados por muchos condicionantes externos como la sociedad, la familia en la que se ha nacido, la educación recibida...

- Es verdad. Estamos viviendo una civilización que hace de la culpabilidad el centro de todo. Pero es curioso, porque por un lado nos sentimos siempre culpables y por otro parece que somos irresponsables. Es difícil que alguien diga 'he sido yo', que asuma las consecuencias de un acto o una actitud, aquí nadie se hace responsable. Vivimos en esa paradoja: por un lado está la sensación de culpabilidad y por otro tenemos dificultades para asumir nuestras responsabilidades.

- ¿Cuando habla de nacer cada día, qué valor tiene la experiencia? Porque no se puede aplicar la teoría de la tabula rasa de uno de sus filósofos preferidos, Platón, en la que señalaba que el recién nacido es como una tablilla en la que no hay nada escrito.

- Exactamente. Por eso hablo más de renacer, nunca se parte de cero. Lo vivido está ahí como un poso. La experiencia es decisiva, no solo para reiterar o repetir lo ya vivido, sino para saber decidir. Vivir es elegir y preferir; en la vida se aprende. Yo soy muy partidario de aprender y de dejarse acompañar en ese aprender. Hablamos como si la vida fuese una tarea individual, pero es de nosotros porque aquellos con quien vives son determinantes. Hay gente que te hace crecer, mejorar, superarte... mientras que otras personas te secan.

- Estos últimos días, tras el atropello terrorista en las Ramblas y ver la reacción de muchas personas parece que no hemos aprendido demasiado.

- Es que también aprendemos lo malo. Tenemos una raíz de violencia. Educar es aprender a convivir, a vivir en paz con personas que no opinan como tú o que son diferentes. Hay unos límites, los Derechos Humanos, que son universales, que no tienen ni territorio, ni geografía y tampoco religión. Los Derechos Humanos deben aplicarse siempre. Argumentar cualquier supuesta explicación basada en razonamientos de cualquier tipo, incluso religiosos, para no defenderlos, demuestra que estamos equivocadísimos. Tampoco vale decir 'yo soy tolerante y que cada uno haga lo que quiera' porque los Derechos Humanos son innegociables, empezando por el derecho a la vida.

«Tras las Ramblas pido unidad, las discrepancias no pueden ser usadas como argumentos en estos casos»

- ¿Cuando reflexiona sobre tragedias como la de Barcelona, con los enfrentamientos posteriores entre políticos y fuerzas policiales por poner unos ejemplos, qué faceta suya pesa más, la de filósofo o la de político?

- Pienso como siempre. La utilización del dolor para intereses partidistas y sectarios es lamentable absolutamente. La clave está en la educación, educamos en todo momento, no solo en el aula, y con toda la sociedad. Hay que hacer una apuesta decidida, nacional e internacional, para defender lo que uno piensa por caminos pacíficos. En la educación está todo, pero repito que educación son los entornos sociales, familiares, los valores... A veces cargamos en las espaldas de los profesores demasiada responsabilidad, cuando es toda la sociedad la que debe pensar seriamente qué está haciendo mal.

- Actitudes como la de la presidenta de su comunidad, Cristina Cifuentes, que llegó a decir que no iba a acudir a la manifestación de Barcelona porque no había sido invitada, no ayuda mucho en esa apuesta que usted reclama.

- Todos nos tenemos que sentir concernidos por estos asuntos y evitar cualquier tipo de atención singular o protagonismo. No digo que ella lo haya buscado. Todos los demócratas, todos los que amamos la paz y la justicia, debemos hacer un frente común. La línea está ahí, en demócratas y no demócratas, defensores de Derechos Humanos o no. La discrepancia no puede ser utilizada como argumento en casos como el que acabamos de vivir. Abogo por la unidad, no solo para hacer, sino para reflexionar y para tomar decisiones. La imagen de unidad no puede tener detrás un fondo vacío. Ya que estamos unidos, ¡vamos a hacer algo!

- Una de las premisas del curso en el que va a participar es reflexionar constantemente, ir más allá del ¿y si...? ¿Esa reflexión debe ser fruto de una enseñanza desde niños o es algo que debemos aprender solos?

- Vivir es aprender a pensar crítica y problemáticamente, cuestionándonos lo que hay y buscando mejorarlo. El pensamiento no es una actividad mental sin más, una especie de entretenimiento para aburridos o para aburrirse más. Es un compromiso en la transformación y mejora de la sociedad. Es lo que tenemos que aprender, pero no a través de conferencias, sino con los valores, que muchos de ellos los hemos visto en casa. A mí no me dieron charlas sobre el esfuerzo, eso me lo trasmitieron mis aitas. Vi en ellos una disposición por luchar, por sacar adelante la familia y por pensar en los demás. Se educa por contagio y por contacto.

- Habla de aprehender los valores en el entorno, pero qué papel juega la escuela. ¿No sé están primando en ella las materias técnicas en detrimento de las humanidades y los valores?

- Todas las materias nos forman y nos ayudan. No me preocupa especialmente que haya cierta desconsideración hacia los pensamientos clásicos, filosóficos o artísticos, sino que se extienda a todas las materias en general, incluidas las matemáticas, la física y la química, a todo aquello que es pensamiento, concepción del mundo y de la realidad. El descuido de eso es algo fatal. Parece que tenemos que aprender solo cosas prácticas, inmediatamente rentables, que se puedan aplicar al momento. Parece que nos preparan para ejecutar, para ser ejecutivos. Pues no, la formación como ciudadanos activos y libres es otra cosa. Hay dos modelos de educación, el que busca crear personas formadas para simplemente insertarse en un mercado laboral y otro, que es formar como ciudadanos activos y libres. Ahí es donde la programación en las escuelas debe ser distinta de la que se imparte.

- Comenta que a los profesores se les carga con muchas responsabilidades.

- Sí. Creo que deberían enseñar a aprender porque, al final, en la vida uno debe tomar sus propias decisiones, tomar sus propios caminos y no hay un maestro al lado constantemente para decirnos cómo gestionar esa libertad. La educación tiene que tener tres aspectos: conocimientos, competencias o actitudes y valores.

«Educar es aprender a convivir, a vivir en paz con personas que no opinan como tú»

- Durante su época como ministro propuso un pacto de Estado por la Educación que no fraguó y hace unos meses fue uno de los ponentes de un nuevo pacto de Estado en el que se está trabajando en el Congreso y el Senado a propuesta del actual Gobierno. ¿Cree que esta vez sí llegará a buen puerto?

- Lo que creo es que la sociedad y la comunidad educativa tienen una convicción absoluta sobre la necesidad de una estabilidad educativa. Es necesaria esa estabilidad tanto en objetivos, como legislativa y de financiación. Ahí hay unanimidad social. Pero resulta que políticamente hay algunas dificultades importantes. Una de ellas es que el Parlamento tiene una gran pluralidad, que está muy bien, pero conlleva una cultura de diálogo y acuerdo que lleva su tiempo conseguir y que exige un liderazgo. Por otro lado, la Educación está transferida a las comunidades autónomas y éstas han hecho sus propios proyectos. Además está el debate del modelo territorial de España, que también añade algunas complicaciones, que no digo que sean malas, pero que no dejan de ser complicaciones. Un pacto educativo no podrá nunca llegar a serlo si no hay un pacto de Estado y por tanto un pacto entre los territorios. En este momento se está debatiendo cuál es el modelo territorial, si debe ser federal o no, si debe abrirse la Constitución o no para dar cabida a esas modalidades, lo que también condiciona algunas decisiones. Por eso es muy importante, y lo digo con todo el respeto, que desde el Ministerio de Educación se asuma el liderazgo de forma clara, con protagonismo. Además, no habrá ningún cambio si la comunidad educativa, que es la clave en este tema, no tiene condiciones para participar activamente, lo mismo que los agentes sociales, las familias, los responsables de las cooperativas educativas...

-¿Qué dice de un país que en diez años haya tenido tres leyes de educación tan distintas?

- Sinceramente, es algo que me parece mal. Quiere decir que la elaboración de esas leyes no obedeció a algunos elementos que son muy importantes: la máxima participación, el máximo consenso y la máxima visión de futuro. Los países que se ponen como ejemplo de los buenos modelos de educación tienen siempre bastante estabilidad en las leyes sobre este tema. Solo hacen cambios puntuales. En nuestro caso tanto activismo legislativo desconcierta y desanima. Los profesores están desalentados y así no se puede avanzar en un proyecto educativo. Nos dicen que estemos quietos, que les demos un campo de juego que no cambie constantemente y donde poder plasmar su creatividad. Los profesores echan en falta recursos, no solo económicos sino humanos para poder hacer una enseñanza más diferenciada, inclusiva y singular. Si falta todo esto es muy difícil que cualquier intento llegue a buen puerto.

- ¿Esa incertidumbre se refleja en un descenso de la calidad de la formación que reciben los alumnos? Por ejemplo España ha bajado puestos en el Ranking Académico de Universidades del Mundo (ARWU), que realiza cada año Shanghai Ranking Consultancy.

- Habría que hacer un análisis muy cuidadoso de ese listado porque evalúa muchos factores complejos y sofisticados. Pero las mejores universidades del mundo lo que tienen son muchos recursos, mucha autonomía y rendición de cuentas. Lo que tenemos que ver es cómo andamos nosotros de esas cosas. No suelo tener tendencia a hablar de algunas cosas porque parece que me estoy quejando constantemente, pero ha habido muchos recortes en investigación, un asunto que se valora mucho a la hora de hacer rankings, pero también para captar grandes nombres internacionales, y para mantener a los de aquí. Ahora es muy complicado poder tener algo parecido a una carrera profesional en la universidad.

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