El almuerzo sacia la falta de paloma

Temporada de caza

La veda general arrancó ayer en Gipuzkoa con poco movimiento de aves migratorias

Manex y Josu pasaron la mañana en la trepa de Ilarra en Gaztelu/Lobo Altuna
Manex y Josu pasaron la mañana en la trepa de Ilarra en Gaztelu / Lobo Altuna
IRAITZ VÁZQUEZ

«Si no levanta la niebla, poco podremos hacer hoy». El presagio de los cazadores de las cercanías de Berastegi no auguraba una buena jornada cinegética. Para la mayoría de ellos lo mejor llegó a media mañana. La hora del almuerzo. La jornada de ayer, festividad del Pilar, era una fecha señalada para los amantes de la caza, se abrió la veda general. Momento de desenfundar las escopetas, sacar de nuevo a los perros y por lo menos pasar una buena jornada con amigos y familiares. Porque a falta de palomas, buena es la compañía en la soledad del puesto.

La jornada para los cazadores comienza bien temprano. Antes de amanecer preparan todos los bártulos para subir al monte. «Solemos llegar para las ocho de la mañana, cuando amanece, porque antes no podemos disparar», explica uno de los cazadores desde su puesto de Gorosmendi en Berastegi. Son cerca de las ocho y cuarto, y los cartuchos permanecen intactos desde su atalaya. «Es el primer día y lo cogemos con ganas pero con esta niebla y este viento no creo que vayamos a cazar nada. Es un buen sitio para las malvices pero no sé qué pasará», señala Luis Ángel Etxeberria.

Los cazadores nunca pierden de vista el horizonte. En cualquier momento puede aparecer algún bando de palomas. Mientras el periodista pregunta y el fotógrafo busca la instantánea adecuada, el cazador acaba de perder una de las piezas codiciadas.

-Le acabáis de perdonar la vida. Un bando de malvices ha pasado por encima de su cabeza. «No pasa nada, más tarde pasarán más», tranquiliza el cazador. La bruma comienza a disiparse y los primeros rayos de sol aparecen entre los pinares. Los tiros son cada vez más continuados, pero las anheladas piezas escasean en los puestos de los cazadores. En el interior de Gipuzkoa no parece que vaya a ser una buena jornada de caza.

«Con la bruma que hay por la mañana es difícil que pasen», se lamentaba un cazador

Al otro lado del valle, que la autopista A-15 parte en dos mitades, en la zona de Ilarra, en la linde que separa las localidades de Gaztelu, Berastegi y Orexa, el panorama es muy parecido. En los puestos no se han podido derribar casi palomas y lo poco que hay son malvices. Como mucho, dos por persona es lo que han podido capturar.

En estos frondosos bosques llenos de pinos, los cazadores se suben a las trepas en busca del mejor mirador para capturar las palomas que emigran desde el norte de Europa hacia África en busca del calor. Todos los años esperan las mismas aves pero sus rutas van variando. Nunca se sabe qué camino escogerán para su migración.

Pero cuando todo apunta a que el madrugón ha sido en balde y volverán a casa con las manos vacías. Desde el horizonte aparece un bando de cinco palomas. El cazador apunta. Y bingo. La primera paloma de la temporada cae una hora después de abrir la veda general. «Ya he hecho el día, es increíble la suerte que he tenido», señala encantado el afortunado, con una sonrisa de oreja a oreja imposible de disimular. Su día ya no puede mejorar.

«Es increíble la suerte que he tenido», decía el afortunado que logró cazar una paloma

Prefiere no dar su nombre porque luego «en el pueblo me sacarán cantares». Aunque deja bien claro que en la zona en la que estaban cazando, «un buen año se pueden tirar unas veinte palomas y el mejor día unas diez o quince. De esos números no solemos pasar». Por eso está tan contento y porque «aquí estamos mejor que trabajando», sonríe. Menos suerte han tenido Josu y Unax -padre e hijo- que desde la trepa esperan a que pase el siguiente bando de palomas. «Por lo menos pasamos un buen día los dos», dicen.

Jon sigue con atención el movimiento que hay en la trepa de al lado. «¿Han cazado alguna paloma?», pregunta. «Es que cuando han pasado yo justo estaba abajo», se excusa. «Hoy pasará poco». Según explican estos primeros días lo habitual es que los bandos de palomas entren mucho por la costa, aunque las jornadas de caza más fuertes suelen llegar a finales de octubre, incluso a comienzos de noviembre. «Cada vez más tarde», se lamentan.

Al igual que ellos, 12.500 cazadores federados de Gipuzkoa se echaron ayer al monte en busca de las piezas más codiciadas. Representan tres cuartas partes de los federados en el País Vasco. La cifra real de quienes practican este deporte en todo el territorio, sin embargo, es mucho mayor. Las licencias de caza que se tramitan hoy en día superan las 16.500. Pero en realidad, según los datos de la Federación Guipuzcoana de Caza, el número de cazadores es mayor porque Gipuzkoa es un territorio que exporta expertos y eligen que Burgos, Extremadura, Huesca o Navarra como sus puntos de caza. Los trámites, en algunos casos, los realizan en otros lugares del Estado.

Patxi decidió quedarse en aquí seguir con la tradición y ayer esperaba paciente desde su trepa a la pasa de la paloma. «Creo que lo mejor que puedo hacer es coger algunos hongos», bromea. Y es que el que no se consuela en una jornada soleada como la de ayer es porque no quiere. A falta de las tan apreciadas presas, algunos de sus compañeros decidieron ir a por becadas.

Siguiendo el camino hacia el refugio de Uli, con las Malloas y Aralar al fondo, Aitor y Mikel hacen tiempo al sol. «En las trepas hace frío y hemos bajado». En toda la mañana solo han podido cazar una malviz. «No nos va a dar ni para hacer una paella», bromean los dos amigos que esperaban el día de ayer como agua de mayo. «Si nos quedamos en casa, al final vamos a estar pensando en la caza, así que decidimos venir».

Cerca de ellos está Luis Miguel Otaegi y a unos veinte metros su hijo Borja. «El refrán dice que por el Pilar la paloma verás pero hoy me parece que poco vamos a ver», dice el padre. La espera a muchos les abre el apetito, como en su caso. «A las nueve y cuarto ya quería el almuerzo, pero era pronto». El bocadillo sació la falta de palomas.

El dato

12.500
cazadores federados de Gipuzkoa se echaron ayer al monte en busca de las palomas o las malvices. Representan tres cuartas partes de los federados en el País Vasco. La cifra real de quienes practican este deporte en todo el territorio, sin embargo, es mucho mayor. Las licencias de caza que se tramitan hoy en día superan las 16.500.

Las claves

Puestos
Diariamente salen a sorteo cerca de 4.000 puestos repartidos por Gipuzkoa a través de las diversas sociedades de caza y clubes.
Gasto
Se estima que el gasto medio por cazador en los tres territorios del País Vasco es de 4.725 euros anuales.
Impacto
La actividad cinegética genera un impacto anual de 300 millones de euros en todo el País Vasco.
Emigrantes
Muchos cazadores deciden ir a cazar a Huesca, Navarra, Burgos o Castilla-La Mancha.

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