Los alimentos donados tienen dueño

La mexicana Esther Avellano muestra la despensa donde guarda los alimentos que recibe cada mes./UNANUE
La mexicana Esther Avellano muestra la despensa donde guarda los alimentos que recibe cada mes. / UNANUE

Esther Avellano y Jesús Ramos son dos de las miles de personas que se beneficiarán de la Gran Recogida. La campaña prenavideña que promueve cada año el Banco de Alimentos de Gipuzkoa apuesta por superar hoy y mañana los 650.000 kilos

ESTRELLA VALLEJOSAN SEBASTIÁN.

Han pasado varios años desde aquel día en el que se vieron en la difícil situación de tener que acudir al punto de reparto de alimentos, un lugar en el que nunca se imaginaron y al que, según comentan, hay personas necesitadas que no se acercan por la «vergüenza» de ser vistos.

Esther Avellano y Jesús Ramos son solo dos rostros de los más de 19.000 que cada año se ven obligados, aunque también agradecidos, a recurrir a este servicio para poder tener algo que llevarse a la boca. El Banco de Alimentos de Gipuzkoa da el pistoletazo de salida a la Gran Recogida, que se celebrará hoy y mañana sábado en 79 establecimientos de todo el territorio. Los destinatarios «no podemos estar más agradecidos», coinciden.

Las asociaciones y ONGs que se encargan de hacer el reparto de alimentos son testigos de tantos casos como personas que atienden. Esther Avellano, de 58 años, llegó desde México DF hace cuatro años, y ahora cuenta su historia a Abre la despensa y se pueden ver paquetes de lentejas, garbanzos, pasta, conservas... Varios árboles de Navidad que ha hecho con sus propias manos decoran la mesa del comedor, donde también se alza su inseparable termo de café. Y comienza por el principio: «Vine a visitar a mis hijos». Pero lo que iba a ser una escapada puntual de ida y vuelta, terminó convirtiéndose en un viaje sin retorno debido a la situación familiar delicada que se encontró.

Tras pasar un año residiendo en la vivienda junto a su hija, la pareja de esta y su nieta recién nacida, pasó a un piso compartido donde «se dieron situaciones de violencia y abusos». Volvió a cambiar de residencia, por última vez hasta la fecha, a un piso en el centro de Hernani, junto a su hija y su nieta. Los trabajos intermitentes de ambas adultas hacían difícil llegar a final de mes, hasta que una conocida de Esther la invitó a acudir al punto de recogida de alimentos, donde debió acreditar previamente que carecía de recursos económicos para costearse la alimentación.

19.073 personas

son beneficiarias de los alimentos que se reciben en la Gran Recogida. Una cifra que ha disminuido un 5% respecto al año pasado, cuando se contabilizaron más de 20.100 personas. En 2013, cuando la crisis azotó con más fuerza, el número de receptores alcanzó los 24.500.

«De pronto me vi allí, haciendo cola y me pesó la corona. No podía parar de preguntarme '¿Pero qué hago yo aquí?'», señala mientras le brotan las lágrimas. Pero la respuesta era obvia, los ingresos con los que contaban, aún sumando la ayuda social, no eran suficientes. «De los mil euros que entran en casa, 650 son para pagar el alquiler y con los 350 euros restantes tenemos que vivir las tres», explica.

Además de la visita mensual al punto de recogida, «las monjas nos ayudan con frecuencia y un día nos dan pescado, otro fruta... En la iglesia nos dan ropa, mantas, sábanas...», dice con gesto de agradecimiento, sin separarse de su pañuelo para secarse las lágrimas con una mezcla de gratitud y lamento.

Cinco años en paro

Con una actitud diferente aparece Jesús Ramos. Este hernaniarra de 54 años, en cambio, se debate entre la frustración, el enfado y la resignación. Llega caminando desde su nuevo lugar de residencia, una vivienda de alquiler social de la que ha resultado adjudicatario hace relativamente poco tiempo. Todo un respiro teniendo en cuenta que lleva en paro desde que la crisis empezara a azotar con fuerza al sector de la construcción al que se dedicaba.

En 2012 pasó de estar dado de alta en autónomos a irse directamente al paro, aunque no fue hasta 2015 cuando tomó la decisión junto a su mujer de recurrir al servicio de recogida de alimentos. «Cobro una ayuda de 800 euros, casi 300 euros se van al alquiler y la comunidad y nos quedamos con menos de 500 euros para vivir cuatro personas todo el mes», explica. El primer día que se puso en la cola para recibir alimentos le resultó «extraño», pero enseguida tomó conciencia de que «no tenía de qué avergonzarme». «Voy allí al igual que otras tantas personas que lo necesitan. Vergüenza para robar, aunque sé de personas que prefieren no acudir solo para que la gente del pueblo nos les vea», expone.

«De pronto me vi haciendo cola y me pesó la corona. '¿Pero qué hago yo aquí?', me preguntaba» Esther Avellano Mexicana, 58 años

«No me gusta depender de estas ayudas, pero es lo que nos permite respirar y llegar a final de mes» Jesús Ramos Hernaniarra, 54 años

De su etapa como azulejista, que duró 22 años, aún mantiene contacto con jefes de obra de grandes empresas por si pudiera surgir una oportunidad. «Pero en seguida te dicen que las opciones son nulas porque la gente está tirando los precios». Ramos expone que si en su época solían cobrar entre 12 y 15 euros el metro cuadrado de azulejos, los precios por los que están trabajando ahora los operarios, apenas superan los tres euros. «Y contra eso no se puede competir», lamenta.

Ha perdido la cuenta de los currículos que ha echado, las visitas a Lanbide y las veces que ha permanecido mirando el móvil esperando a que sonara. «Pero quién va a querer contratar a alguien de mi edad. Si se pusieran más esfuerzos en mejorar la contratación a mayores de 50...», insinúa. Ahora, con la esperanza por volver a encontrar trabajo casi disipada, añora aquellos años en los que se iba a cenar con su mujer y sus hijos o hacían una escapada cercana en familia. «No me gusta depender de ayudar sociales pero es lo que nos permite respirar. Nos han regalado un décimo de lotería y con un poco de esfuerzo hemos comprado otro, esperemos que este año nos caiga algo», ruega el hernaniarra.

Más de 1.600 voluntarios

El Banco de Alimentos de Gipuzkoa arranca hoy su fin de semana frenético. En total serán 79 comercios y supermercados repartidos por 21 municipios los que participarán en una nueva edición de la Gran Recogida prenavidad. Cerca de 1.600 voluntarios se repartirán en esta ocasión por cada uno de los locales adheridos a la campaña con la única función de guardar a buen recaudo los alimentos que los guipuzcoanos vayan entregando para ayudar a familias en apuros como la de Esther y Jesús.

Gracias a esta campaña, los almacenes que el Banco posee en Oiartzun y Bergara consiguen recolectar el 40% de los alimentos que luego se reparten durante todo el año. Y en esta ocasión, confían en poder superar la cifra de 650.000 kilos que recogieron el año pasado, aunque el censo de beneficiarios haya bajado un 5% con respecto al de 2016. «El registro oficial de beneficiarios a los que queremos llegar es de 19.073 personas», señala Pineda, frente a las 20.100 a las que se ayudó en la Gran Recogida del año anterior.

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