«Agudizó sus sentidos ante la necesidad de dar con sus dueños»

A. H. SAN SEBASTIÁN.

«Nunca llegamos a comprender algunos comportamientos del perro que ni dependen de la inteligencia únicamente, ni del instinto ni de las percepciones», recoge una antigua publicación.

Hace tres décadas, la búsqueda de Bostik suscitó gran curiosidad entre expertos del comportamiento canino, quienes pusieron como ejemplo entonces el caso de Barón, el perro de Víctor Hugo que el poeta decidió regalar a un amigo residente en Moscú. Un día el perro desapareció y no se volvió a saber de él hasta que dos meses después se presentó «flaco, sucio y agotado» en la puerta de casa del dramaturgo en la capital francesa. La diferencia con la historia del can donostiarra es que aunque se trató de una distancia menor, Bostik nunca había realizado ese recorrido.

La educadora canina Nora Oteiza explica que el olfato de los perros «además de estar muchísimo más desarrollado que el del ser humano, puede dar con pistas a kilómetros de distancia en función de cómo corra el viento, si llueve o no, etc.». En este sentido, resalta además la capacidad de estos animales y pone como ejemplo el caso de algunos canes que «en Rusia cogen el metro para ir a por comida y vuelven a subirse en el metro para regresar a casa», remarca poniendo en valor su capacidad de adaptarse al entorno.

Respecto al caso de Bostik, Oteiza se decanta por su capacidad olfativa, y para explicar cómo accedió a la carretera nacional desde el Antiguo cuando sus dueños habían tomado la salida de Amara, dice que «quizás pudo ser casualidad y que una vez avanzado en el trayecto diera con un rastro olfativo que le guiara hasta Tafalla. No lo sé y es difícil determinar», apunta. No obstante, lo que queda claro es la «necesidad» que sintió el animal «por estar con sus propietarios, lo que hizo que agudizara sus sentidos para localizarlos», indica.

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