Día contra la violencia hacia la mujer

«Fui agredida sexualmente, pero me siento cuestionada como víctima»

Su caso aún está en instrucción, pero alza la voz para decir que «lo peor no se acaba al denunciar», aunque anima a hacerlo. El juicio a ‘la manada’ le ha hecho revivir sus miedos

ARANTXA ALDAZ

«‘La manada’ somos todas». Sí, pero bajo ese todas hay mujeres para quienes el clamor se queda corto. El testimonio anónimo que presta a este periódico una víctima de una agresión sexual cometida en Gipuzkoa tampoco llega a retratar del todo «el pozo oscuro» al que cae una mujer cuando es violada. «Ni con la mayor empatía del mundo se puede entender el infierno por el que pasamos». Pero ella, una mujer de voz clara y dulce, que se acelera en el relato al otro lado del teléfono, quiere contar su experiencia. Los detalles del caso se los tiene que ahorrar, no porque quiera ocultarlos, sino porque la denuncia se encuentra en fase de instrucción y cualquier revelación podría entorpecer el proceso en su contra. «Me agredieron, ya está».

No utiliza la palabra violación. «Me cuesta. Y el apellido sexual lo pongo cuando no me queda otro remedio porque tengo que acotar el tema en alguna declaración. Pero sí, fui agredida sexualmente». Duele escuchar la frase. El juicio por la supuesta violación grupal de los sanfermines de 2016 en Pamplona le ha hecho revivir sus miedos. «Está siendo muy desagradable. Ahora que sé lo que significa poner una denuncia y todo lo que viene después, entiendo que las mujeres no se atrevan. Crees que cuando la pones ha pasado lo peor, pero se abre otra fase nada buena. Hay que hacerlo, por supuesto, pero es muy difícil».

Se ha sentido víctima de nuevo. «Entiendo que cuando hay que sostener una acusación y garantizar el derecho a la defensa nos tengan que hacer preguntas para cerciorarse de la veracidad de lo que contamos, pero es una situación tan compleja que cada vez que tienes que responder es como si te siguieran haciendo daño. Solo el día que presenté la denuncia, tuve que contarlo a cuatro personas distintas. Primero a los médicos en el hospital, luego en comisaría. Te sientes cuestionada. Duele cada vez más. Yo no he tenido que escuchar frases del tipo ‘si cerré bien las piernas’ -como preguntó una jueza de Vitoria a una mujer en un juicio, lo que causó las protestas de colectivos feministas, entre ellas la asociación Clara Campoamor-. Pero cualquier comentario que ponga en duda tu sufrimiento ante una situación que tú no querías te hiere».

Son, por ejemplo, preguntas sobre si la relación fue consentida. «Me preguntaron si dije que no. Por supuesto que dije que no. Pero, ¿y si no lo hubiera dicho no hubiera sido una agresión?». Habla con rabia. Pero no solo señala al proceso judicial. Las dudas de varias conocidas, de las que se alejó inmediatamente, le han marcado. «Quise contárselo a dos chicas de un grupo en común para prevenirlas, porque ellas también conocían a la persona que me hizo esto. Me dieron su apoyo, pero al final me preguntaron: ‘¿estás segura de que ocurrió?, ‘igual no te ha querido hacer daño’ y lo remataron con un ‘¿sabes la repercusión que puede tener para la familia del él?’. Me hicieron daño, pero lo peor es que ese tipo de comentarios acaban justificando cosas injustificables. Y eran mujeres».

Tardó varios días en acudir a comisaría a poner la denuncia. «Y es una de las cosas que me cuestionan. Pero no tengo respuesta. Hay cosas que no se pueden explicar. Simplemente hasta ese día no fui capaz. El primer día después de lo que me hizo no tenía ni saliva para poder hablar. Un día más tarde, todavía no te lo puedes creer y no paras de darle vueltas». Hasta que se lo confesó a su pareja. «Fue él quien me dijo que tenía que denunciarlo sí o sí». Tomó aire y dio el paso.

«La vergüenza»

Se presentó en el hospital donde activaron el protocolo en casos de denuncia de una agresión sexual. «Me tengo incluso que alegrar de que pudieran recoger muestras y que hallaran restos biológicos del agresor». Ha pasado por Urgencias y por las consultas de infecciosos para recibir el tratamiento preventivo ante un posible contagio de enfermedades de transmisión sexual. «El trato fue correcto, pero frío, muy frío». Luego fue a comisaría, donde empezó a darse cuenta de lo que iba a suponer el camino que había emprendido. «Quise hacer una ampliación de la denuncia, y nos volvimos a presentar mi pareja y yo al cabo de unos días. Entonces nos dijeron que no nos podían atender porque no había suficiente personal. Me dio una crisis de ansiedad». Aquella mala experiencia le hizo desistir de pedir ayuda. «En la copia de la denuncia venía el teléfono del servicio de asesoramiento a la víctima. Pero nunca llamé». Prefirió tocar a la puerta de la Casa de las Mujeres de Donostia, donde recibió un asesoramiento que agradece.

Siguió con su vida, por supuesto. Ese lunes fue a trabajar. «No paré, pero hubo un momento en que exploté y salió todo. Me recomendaron cogerme la baja». Está en tratamiento psicológico. «Empiezo a reconocerme en el espejo. Antes no era yo. Pero persiste la vergüenza. Tengo que seguir trabajando. Cambió toda mi vida. He tenido primero que reconocer esos cambios, dejar de hacer cosas, de frecuentar amistades. Cambia tu relación profesional, con tu pareja, con tus amigos. Cuando miro hacia atrás, veo que tenía una vida envidiable, y ahora estoy recuperando bastante. Pero no dejo de sentir ahí esa cosa de que puedes caer en cualquier momento, lo vulnerable que eres, y solo por el hecho de ser mujer».

Los datos

45
mujeres han sido asesinadas por su parejas o exparejas en lo que va de año en España. La última ayer. La cifra supera ya al total de víctimas mortales del año pasado
8
menores han sido asesinados a manos de sus padres o de las parejas o exparejas de sus madres. Entre ellos está el pequeño Markel, hijo de Rakel, la eibarresa asesinada en Madrid el pasado mes de mayo. Además, 23 menores han quedado huérfanos por la violencia de género.
5,5%
de las denuncias por violencia de género acaban siendo retiradas en Gipuzkoa, una de las más bajas del Estado. En Euskadi, el 11% de las mujeres que denunciaron se acogieron a la dispensa legal de declarar, cifra similar a la del conjunto de las comunidades autónomas.
52
mujeres viven escoltadas en Euskadi. De ellas, 14 están en Gipuzkoa, 30 en Bizkaia y 8 en Araba. Además, 4.370 mujeres tienen medidas de protección
38
casos de agresión sexual han sido denunciados hasta octubre en Gipuzkoa, un 36% más. Las infracciones contra la libertad sexual también han crecido un 31%.
60%
de las denuncias son presentadas por las víctimas, mientras que la Policía hizo lo propio en un 27,5% de casos y solo el 3% se debió a la intervención de un familiar.

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