«Al acabar la rehabilitación me quedé en tierra de nadie, pero aquí soy feliz»

Iñaki Díez y José Antonio Tomé acuden tres días por semana a la asociación Atece./MIKEL FRAILE
Iñaki Díez y José Antonio Tomé acuden tres días por semana a la asociación Atece. / MIKEL FRAILE

Iñaki y José Antonio se encontraron «perdidos» cuando en el ambulatorio les dijeron que no podían atenderles más, hasta que recalaron en la asociación Atece de Gipuzkoa

I. VILLAMERIELSAN SEBASTIÁN.

«Pasar tres meses ingresado en la residencia tiene su aquel. La noche crea monstruos. Me despertaba a las 3 de la mañana y pensaba, ¿qué voy a hacer yo ahora? Hay que pagar la hipoteca y no puedo trabajar». Iñaki Díez estaba postrado en una cama hospitalaria y no sentía el lado izquierdo del cuerpo. Sin embargo, sus pensamientos cabalgaban desbocados por caminos tortuosos. «Fue muy duro, llegué a pensar que igual mi mujer se separaba de mí. Pero lo que más miedo me daba era bajar de nuevo a la civilización, a Intxaurrondo, y ver qué impresiones iba a causar en mis vecinos».

El mismo día que recibió el alta tuvo ocasión de enfrentarse cara a cara con esos temores. «Me encontré con el vecino de arriba en la plaza Sagastieder. 'Hombre Iñaki, te veo bien', le dijo este. Y añadió: 'bueno, por lo menos veo que no te has quedado tonto'», le soltó sin mala intención pero con poco tacto. «Porque todo el mundo cree que si te da un ictus, que es un derrame cerebral, te quedas tonto sí o sí. Y yo tenía miedo a ese rechazo, aunque al final salió todo bien», reconoce aliviado Iñaki Díez.

Este donostiarra campechano recuerda perfectamente aquel domingo de mayo de hace cinco años en el que «sin comerlo ni beberlo» un ictus le paralizó el lado izquierdo del cuerpo. Iba en su moto por la calle Prim cuando empezó a notar «que no veía bien y no tenía equilibrio». No le respondían las manos y se asustó. Paró la moto.

«En Atece trabajamos la memoria, tenemos fisio, salimos de excursión...», enumera Iñaki Díez «Un día se acabaron las sesiones en el ambulatorio y lo pasé muy mal», afirma José Antonio Tomé

«Un día se acabaron las sesiones en el ambulatorio y lo pasé muy mal», afirma José Antonio Tomé

«Estaba completamente mareado y tuve la suerte de que una doctora justo circulaba detrás de mí. Tras una rápida exploración lo tuvo claro. Sacó su móvil, marcó el 112, y dijo las palabras clave: 'Código ictus a la calle Prim 33'. «Me acuerdo como si fuese ahora mismo».

«Y la segunda suerte fue que, como había una carrera, estaba la ciudad llena de ambulancias y me subieron rápido, porque cada segundo se van muriendo neuronas, según me explicó el doctor», asegura Díez, a quien el ictus «le dio» en el lado derecho del cerebro y por tanto le afectó al lado izquierdo del cuerpo. «Tengo una hemiplejía pero camino. Cojeando, pero ando», reitera con un punto de orgullo no disimulado.

«Los rehabilitadores me dijeron que haciendo ejercicio puedo mantener los avances que conseguí, y como soy diestro, tengo la suerte de poder escribir, asearme y utilizar la mano con la que más destreza tengo. Para todo me valgo solo, y otra suerte que tuve es que si me llega a afectar al lado izquierdo del cerebro me hubiese quedado sin habla, y yo que hablo mucho, lo habría pasado muy mal», reconoce divertido.

Díez lo tiene claro: «Dentro de la desgracia he tenido mucha suerte», asegura una vez más este irredento optimista que tras el trimestre de rehabilitación hospitalaria continuó con los ejercicios en el ambulatorio de Amara. «Pero al año se acababa. El médico me lo dijo muy sinceramente: 'Ya no podemos hacer más por ti', y se lo agradecí. 'Te vas a poder mantener, pero mejorar, ya no vas a mejorar más'», le comunicó el doctor.

«Y me quedé en tierra de nadie. ¿Ahora qué hago, me siento en el sofá de casa a esperar?», pensó. «Y entonces me dijeron: 'hay una asociación que se llama Atece en la que te pueden ayudar. Y vine, vi, y fue mi salvación». Se trata de la Asociación de Daño Cerebral Adquirido de Gipuzkoa en la que personas que han sufrido una lesión cerebral por distintas causas, como Iñaki Díez o José Antonio Tomé, que también sufrió un ictus, explican que «trabajamos la memoria, tenemos fisio y una neuropsicóloga, hacemos excursiones y nos sentimos como en familia».

Tanto Iñaki como José Antonio acuden los lunes, martes y miércoles a Atece y afirman que «nos ha dado la vida», por lo que hacen un llamamiento público para que las instituciones colaboren en que esta asociación sin ánimo de lucro pueda conseguir un local más grande. «Se nos ha quedado pequeño y nos hace mucho bien», apostillan.

José Antonio Tomé vive en Irun y le dio un ictus cuando tenía 63 años. El 6 de julio de 2015 se levantó a ver el encierro de San Fermín y se quedó sin habla. «No podía articular palabra. Si no llega a ser por mi hija, que llamó rápidamente a una ambulancia, igual estaba en el otro barrio. Tras 16 días en el Hospital Donostia recibió cuatro meses de rehabilitación en el ambulatorio de Amara. «Y luego nada. Osakidetza dijo que se acabó».

Al acabar la rehabilitación ambulatoria lo pasó muy mal. «No podía hablar y por tanto no tenía ganas de vivir». Tanto es así que llegó a comunicar a su familia que estaba valorando quitarse de en medio. «En cualquier momento me tiro», fueron sus lapidarias palabras. Por suerte, superó ese bajón y remontó el vuelo. «En parte gracias a Atece, que son unos ángeles», sostiene. «Aparte del apoyo de mi familia, en esta asociación somos una piña, y lo único que reclamamos es un local más grande porque aquí ya no cabemos», concluye José Antonio.

Fotos

Vídeos