«Los abusos en Chad y Haití desprecian el trabajo altruista que realizamos»

El presidente de Oxfam Internacional fue detenido ayer por un presunto caso de corrupción. /REUTERS
El presidente de Oxfam Internacional fue detenido ayer por un presunto caso de corrupción. / REUTERS

ONGs que operan desde Gipuzkoa condenan los casos de explotación sexual cometidos por directivos de Oxfam Internacional

IKER MARÍNSAN SEBASTIÁN.

Rabia, dolor y vergüenza. Son los términos que utilizan representantes de varias organizaciones no gubernamentales que trabajan desde Gipuzkoa en países subdesarrollados al referirse a los dos casos que afectan a la ONG Oxfam, en su sección británica, con casos de abusos y explotación sexual en Chad, en el año 2006, y Haití, en 2011. La viceconsejera delegada de esta ONG que tiene 10.000 trabajadores repartidos en 90 países se vio obligada a dimitir este pasado lunes por estos hechos que «han causa el descrédito de la organización humanitaria».

Si hubo durante el día de ayer un colectivo profundamente afectado por estas confirmaciones fue el de los 33 voluntarios que Oxfam tiene en Gipuzkoa. Rosa Sarasola, responsable de la tienda de la ONG en la calle San Francisco 22 de Gros, reconoce que «como voluntaria de Oxfam siento vergüenza de actuaciones de este tipo». No obstante, explica que todos los componentes de esta entidad en Gipuzkoa creen en el trabajo y en el proyecto de la ONG, tanto el que se hace en comercio justo como en proyectos internacionales. «¿Una gran decepción de hace siete años mal gestionada puede más que lo que yo sé que hace esta organización?», se pregunta Sarasola. La donostiarra reconoce que su apuesta por la entidad acusada se mantiene intacta. A pesar de que las malas noticias no finalizan con los actos conocidos el lunes. Ayer Hellen Evans, quien entre 2012 y 2015 estuvo al frente de la comisión de salvaguardas de Oxfam Reino Unido encargada de investigar abusos por parte del personal de la misma, denunció que durante su labor descubrió otros abusos, incluidos a menores en tiendas de la organización en el país, pero ni la ONG ni la comisión parlamentaria pertinentes adoptaron medidas contra ellos.

«Tolerancia cero»

Muy crítica con Oxfam se muestra Patricia Viviana Ponce, directora de Haurralde Fundazioa. «Este tipo de noticias te generan rabia. No solo por el daño que puede hacer al resto de ONGs sino porque en principio es algo que ocurrió en 2011, que Oxfam no hizo público y que no denunciaron a las autoridades locales», explica. En opinión de la responsable de esta entidad que trabaja, entre otros aspectos, en la prevención de la violencia sobre las mujeres «creo que estamos siendo muy laxos con este tipo de cuestiones y realmente pienso que se debería retirar las subvenciones a las entidades que permiten este tipo de conductas. En este caso ha sido Oxfam pero no es ni el primer ni el único caso de este tipo que ha sucedido en los últimos lustros. Pido tolerancia cero ante estos comportamientos». Una de las claves para evitar situaciones como la sucedida en Chad y Haití es, según Ponce, realizar un seguimiento importante de los trabajadores que están en los países en los que se realizan este tipo de ayudas.

«Como voluntaria de Oxfam siento vergüenza», señala Rosa Sarasola

Para Haurralde, «estamos siendo laxos y se deberían retirar subvenciones»

Desde la ONG Alboan coinciden en esta apreciación. «Dentro de los controles que debe cumplir cada organización está la de ver cómo se trabaja en el terreno, cómo se pueden identificar los abusos de poder y sexuales que se producen e implantar mecanismos de sanción. Además de garantizar, por supuesto, que las víctimas puedan denunciar estas situaciones», añade María del Mar Magallón, directora de la entidad en Euskadi y Navarra. Al hilo de estos casos, que considera «intolerables», a Magallón le inquieta que se está comprobando que el mundo humanitario «no hace más que reflejar la sociedad que tenemos. Que haya personas que en un contexto de acción humanitaria abusen de personas vulnerables es vergonzoso».

Problema estructural

Preocupado también se muestra Juan Miguel Altuna, responsable de la Fundación Adsis de Gipuzkoa. Una entidad que trabaja en proyectos de empoderamiento de mujeres en Bolivia. Es claro al afirmar que las prácticas denunciadas «desprecian todo el trabajo que se hace de manera altruista y positiva por las diferentes ONGs». Considera clave ser «transparentes» en los proyectos emprendidos, escrupulosos en «los procesos de selección» y cree que todo el trabajo «positivo» que hace Oxfam no debe caer en saco roto.

Por su parte, Amaia Landaburu de Medicusmundi Gipuzkoa estima que los casos de abusos «pueden producir desconfianza o una falta de credibilidad entre las personas que colaboran con las ONGD y apoyan el trabajo de la cooperación». También creen desde esta entidad, cuyos trabajos de cooperación se centran en las mujeres y en la defensa de sus derechos, que «se trata de un problema estructural y de escala global», por lo que piensan que son necesarias unas medidas de actuación y de prevención desde el prisma de la tolerancia cero.

Relación directa tuvo con Haití en el año 2010 la ONG Behar Bidasoa. Un terremoto asoló el país caribeño y fallecieron 316.000 personas. «Desde Irun mandamos tres contenedores con ropa y alimentos de ayuda para paliar los daños del terremoto», recuerda el presidente de la asociación, Agustín Ugarte. Reconoce que «duele mucho la imagen que se proyecta de las ONGs con actos como los que hemos conocido». Aunque considera que «a nivel local la gente que nos conoce sabe cómo trabajamos y es un caso que repercute poco a nivel de socios y colaboradores».

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