Diario Vasco

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Un ciudadano se desplaza en bicicleta por un bidegorri en Hondarribia, localidad que se unirá con Irun a través de una vía ciclista. / F. DE LA HERA

La red foral de bidegorris alcanza ocho millones de desplazamientos

  • Gipuzkoa cuenta hoy con 335 kilómetros de vías ciclistas y la Diputación apuesta por construir más para promover la movilidad sostenible

Para los que trabajan, para los que pasean, para los que miman su salud, para los que cuidan el medio ambiente, para los que ahorran -dinero y contaminación-, para los que disfrutan del paisaje, para los nostálgicos del pasado y para quienes anticipan el futuro... el bidegorri acepta casi tantos usuarios como el refresco que se vendió en su día con el célebre spot que evoca esta entradilla. Aporta además un poco de cafeína vital ante el amodorramiento del motor. La 'chispa de la vida' de cada desplazamiento, sin azúcar añadido.

Si aquella bebida introdujo una moda, las vías ciclistas que se expanden por Gipuzkoa han insertado un hábito. La manera de moverse para muchos ciudadanos del territorio empieza a transformar aquel modelo desarrollista que importó a la vez el escarabajo y la coca-cola. La Diputación ha apostado por abrir caminos a la sostenibilidad y con los últimos tramos peatonales y ciclistas inaugurados durante el 2016, ya son 214 los kilómetros de bidegorri que se expanden por una red que se ve complementada por la que tejen los municipios con ayuda foral. En total, Gipuzkoa cuenta con 335 kilómetros por donde poder desplazarse en bicicleta por caminos preparados exclusivamente para ello.

El Consejo de la Bicicleta ha desvelado en su balance del año 2016 que la red foral guipuzcoana de bidegorris ha rondado los ocho millones de desplazamientos. Los flujos ciclistas de movimientos diarios y usos cotidianos han aumentado nueve puntos porcentuales hasta el 38% del total. El incremento se ha producido principalmente entre las personas que utilizan la vía por motivos de «cuidado de personas, gestiones y compras», así como por «estudios», con una subida de 4 y 3 puntos respectivamente. El descenso de desplazamientos directamente relacionados con el deporte pasa del 49% al 38% y el incremento de los desplazamientos por motivos de «ocio, paseo» suben del 18 al 25%.

7 kilómetros en 2016

Durante el último año se han puesto en marcha cuatro nuevos tramos que han sumado siete kilómetros a la red foral con un importe de más de un millón de euros. Se han habilitado para bicicletas las conexiones Lasarte-Txikierdi, Astigarraga-Zakurmendegi, Anoeta-Tolosa y Sorabilla-Aduna. Pero la conquista de nuevas vías para el transporte más sostenible no cesa y para este año está prevista la construcción del bidegorri Lezo-Pasaia, la redacción del proyecto constructivo del tramo Azitain-Malzaga (Eibar) y la inauguración de la ruta que une Irun y Hondarribia entre el Hospital del Bidasoa y el cruce del barrio de Amute (dentro del proyecto Ederbidea).

Hoy es posible desplazarse desde Donostia hasta Oiartzun, Lezo o Errenteria sin necesidad de pisar la carretera, y se puede unir la capital guipuzcoana con Irun, salvando algunos tramos, gracias a los 29 kilómetros de bidegorris que unen ambas ciudades. De Donostialdea hacia el Goierri parten una serie de caminos que forman 58,3 kilómetros de vías ciclistas hasta Beasain. Por citar otros núcleos de población importantes, cabe destacar que en el valle del Deba (Eibar, Soraluze, Elgoibar, Deba) hay disponibles 34,2 kilómetros para recorrer sobre ruedas, o que en el valle del Urola (Azkoitia, Azpeitia, Zestoa, Aizarnazabal) existen 33 kilómetros de bidegorri.

Aunque los avances han sido notables, el Plan Territorial Sectorial (PTS) de Vías Ciclistas de Gipuzkoa deja un amplio margen de mejora. Los 214 kilómetros actuales de la red foral suponen un nivel de ejecución del 48,74% respecto a la longitud total prevista en dicho plan. El territorio puede albergar aún otros 225 kilómetros de vías ciclistas y el departamento de Movilidad de la Diputación, con Marisol Garmendia (PSE) al frente, se ha marcado como objetivo estratégico «el fomento del uso de la bicicleta y de las vías peatonales desarrollando nuevos bidegorris».

Mientras el aspecto cuantitativo de la red foral de bidegorris crece poco a poco, el cualitativo recibe la aprobación de los usuarios. Según el 'Estudio sobre la utilización de las vías ciclistas forales de Gipuzkoa 2016', el 70% de las personas que frecuentan estas vías se muestran «muy satisfechas» con el estado del firme o asfalto, y el 30%, «satisfechas». La puntuación media obtenida para el estado del firme es de 8 sobre 10, siendo éste, tras la seguridad ciudadana, el factor mejor valorado. La puntuación más baja es para la vía Zumarraga-Azkoitia, con 7 puntos, y la mayor para el tramo Zizurkil-Asteasu con 8,8. En la encuesta han participado 400 ciclistas y 150 peatones.

Además de favorecer una práctica saludable para el usuario y sostenible para el entorno en el que habita, el despliegue de la red de vías ciclistas implica, como efecto colateral, la profundización de relaciones con Navarra y los Pirineos Atlánticos dentro de una iniciativa transfronteriza que impulsa un itinerario entre Baiona, Donostia y Pamplona.

La actuación estrella prevista para este año entre Irun y Hondarribia ha sido presentada al Programa de Cooperación Territorial España-Francia-Andorra por su aportación a la integración económica y social de la zona fronteriza. Las ayudas Feder -Fondo Europeo de Desarrollo Regional- sufragarán un 65% del coste del camino, valorado en 1.245.099 euros, al entender que se alinea con el objetivo estratégico del desarrollo de actividades económicas, sociales y medioambientales en zonas transfronterizas. Así que, además de contribuir a la vida saludable de quienes se desplazan por la zona, el futuro bidegorri tendrá la misión de dinamizar las relaciones transfronterizas a nivel social, turístico y económico.

El tramo se proyecta además en las inmediaciones de la Zona de Especial Conservación 'Txingudi-Bidasoa' y de la Zona de Especial Protección para las Aves de 'Txingudi', con el valor medioambiental y ecológico consiguiente.

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