Diario Vasco

Al vertedero, ni acercarse

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Gorka Mitxelena y Marta Barandiaran, en el gran almacén de Irun. / FOTOS: MIKEL FRAILE

  • La planta de Irun del grupo Uvesco recicla casi el 100% de los productos de alimentación

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Fueron los trabajadores quienes propusieron buscar alternativas para dar una salida a los residuos que se generaban antes de que terminaran en el vertedero. La empresa escuchó, estudió un plan, lo aplicó y el resultado ha sido más que positivo ya que BM Supermercados opta a los Premios EWWR, que se fallarán el próximo mayo dentro de The European Week for Waste Reduction-Semana Europea de la Prevención de Residuos, el máximo reconocimiento que otorga la Unión Europea a las mejores acciones relacionadas con esta materia.

Gorka Mitxelena, subdirector de Logística de la planta de Irun del grupo Uvesco que engloba los supermercados BM y Super Amara, explica cómo les llegó la candidatura: «Hace tres meses vino un representante de una consultoría que trabaja para el Gobierno Vasco. Comprobaba cómo se gestionan los residuos en empresas de distribución de alimentación de dimensiones importantes para después estudiar cómo se pueden mejorar esos recursos».

Lo que le mostraron debió gustarle porque no solo no les realizó ninguna indicación, sino que fueron reconocidos como la mejor iniciativa de gestión de residuos en la Semana de la Prevención de Recursos de Euskadi. De ahí surgió que se planteara la candidatura para el galardón del próximo mayo.

No generar

Como explica Mitxelena, la filosofía para un buen reciclaje de residuos es «no generarlos». Ahora, con el sistema a pleno rendimiento, evitan que 5.100 toneladas de restos de sus productos acaben en el vertedero. El primer paso, y el más importante, es derivar gran parte al Banco de Alimentos. «En 2016, fueron 370.000 euros en mercancías los que destinamos a esa ONG desde esta planta». En la otra, en Corrales de Buelna en Cantabria, el volumen ascendió a 200.000 euros.

El resto de los restos se gestionan a través del departamento de mejora continua y procesos, cuya responsable es Marta Barandiaran. «Comenzamos a aplicar los equipos de mejora en 2008 y el 30% de la plantilla, unas 35 personas, está implicado. Muchos de los procesos para generar menor cantidad de residuos se centran en el sistema de trabajo: limpieza, mejora de instalaciones como estanterías para la reducción de roturas de los paquetes y cambios en sus formas de manipulación. En los productos más frágiles hemos tenido una reducción del 7%». Hay que tener presente que prácticamente a diario sale de esta planta situada en el barrio de Ventas el abastecimiento para más de ochenta establecimientos repartidos entre Gipuzkoa, Araba, Navarra y La Rioja, -la de Cantabria atiende a más de cien tiendas y supermercados de esa comunidad y de Bizkaia-, además de la llegada constante de grandes camiones procedentes de todas partes de Europa para mantener los almacenes llenos.

La nave, de unos 12.000 metros cuadrados, cuenta con una zona para 'seco' -todo lo envasado, como azúcar o legumbres, y conservas-, otra para 'fresco', con pescadería, fruta, las cámaras de frío para carnes y por último la de congelados, con una temperatura de 25 grados bajo cero.

Otra de las fórmulas empleadas para reducir los residuos implica a las tiendas que tienen su propia cuenta de resultados. «Con el afán de que todo lo que se venda esté en perfecto estado, si el establecimiento nos devuelve los productos con tiempo suficiente para que lleguen en condiciones al Banco de Alimentos, el almacén se los abona y no afecta a sus números. Eso ha incitado que la recogida sea mayor. El año pasado fue casi un 20% más hasta llegar a esa cifra respetable de 370.000 euros», explica Mitxelena. Lo que no es comida también tiene un destino solidario porque se destina a Cáritas.

Agustín Iridoy es el encargado de separar los alimentos que se van a destinar a la ONG y aquellos que irán al reciclaje. «Son dos palés diarios los que se envían. Se ha reducido un 50% la cantidad que iba a los contenedores de residuos», comenta este empleado de Uvesco.

Hasta aquí el destino de los alimentos que todavía pueden consumirse, pero ¿qué pasa con el resto?

Salida sostenible

Su recorrido comienza con la correcta separación de cada tipo de material para maximizar los beneficios del reciclado y generar nuevos productos a través del retorno de los residuos. Así, los restos de pescado, carne, frutas y hortalizas tienen un tratamiento específico y separado, mientras que el plástico y el cartón tienen su propio sistema de gestión. De esta forma, se les da una salida sostenible y útil a todos los residuos que se generan derivados de la actividad de la distribución alimentaria.

Toda aquella mercancía de alimentación en 'seco' que no se puede aprovechar para el consumo humano se envía a una planta de cogeneración en Mendigorría (Puente la Reina, Navarra) donde se utiliza para generar metano y turba para el abono de campos. «A día de hoy solo el poliespan -corcho blanco- que se usa en las cajas de pescado es lo único que no reciclamos».

Iker Morales, un empleado con una discapacidad psíquica que lleva siete años ocupando el puesto, es el encargado de separar la fruta que viene devuelta de los plásticos y cajas de madera en las que se encuentra. Esa fruta orgánica se traslada a una empresa de Ormaiztegi que se dedica a producir compostaje.

Con los restos de carne se sigue un procedimiento bastante estandarizado en la producción. Se lleva a Sebería Donostiarra en el Polígono 27 de Martutene donde se fabrican jabones y pieles sintéticas. Por último, el pescado se congela y termina en la empresa Barna de Mundaka para reconvertirse en harinas y abonos para piscifactorías. Cartón, papel y plástico son enviados a gestores autorizados, que van variando según la fluctuación del mercado.

«Hemos intentado llegar al aprovechamiento cien por cien, integrando en la cadena al máximo posible de los empleados. También es importante el hecho de que las empresas a las que recurrimos para estos procesos son locales. La actividad se queda en la zona y se fomenta la economía local», apunta Marta Barandiaran.

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