Diario Vasco

«Fernando siempre estaba dispuesto a todo, le echaremos de menos»

Imagen del exterior de la residencia Gisasola de Zestoa.
Imagen del exterior de la residencia Gisasola de Zestoa. / K. ARRIZABALAGA
  • La Ertzaintza investiga las causas de la muerte del hombre de 56 años cuya ropa ardió mientras fumaba un cigarrillo en una residencia de Zestoa

Fernando acostumbraba a pasear por el centro de Zestoa todos los lunes. Pero ayer, sus compañeros y sus conocidos le echaron de menos. El infortunio hizo que el domingo falleciera quemado cuando se encontraba fumando en el exterior de la residencia Gisasola. A falta de que se conozca el resultado de la autopsia, todo indica que el hombre de 56 años murió como consecuencia de las graves quemaduras provocadas por el fuego y no por inhalación de humo. La Ertzaintza ha abierto una investigación para esclarecer los hechos y en la Diputación de Gipuzkoa permanecen a la espera de los resultados de la autopsia y de la investigación de la Policía autonómica. Según señalaron fuentes forales, el fallecido ocupaba una de las seis plazas concertadas para personas con discapacidad.

Trabajadores, residentes y vecinos de Zestoa seguían ayer compungidos. El centro cuenta con una treintena de residentes a los que durante la mañana les fueron comunicando el fatal desenlace de la víspera. «Sus más cercanos están destrozados, sobre todo quienes solían fumar con él», explicaba una de las trabajadoras del centro. Será difícil saber exactamente qué pasó. Algunas fuentes apuntaban a que Fernando pudo haberse quedado dormido al salir a la terraza a fumar, por lo que no se percató que su ropa había prendido. Y cuando fue encontrado por otros residentes ya era demasiado tarde. «Todavía no nos explicamos cómo un cigarro puede provocar un fuego de estas características y que se muera una persona», incidió la trabajadora.

Una concatenación de casualidades puede estar detrás del accidente. «Normalmente, suele haber un responsable del centro con la gente que fuma. Además, es una zona que se ve muy bien desde dentro pero ayer no sé qué ocurrió», relataba. Se trata de una terraza muy utilizada por los usuarios, como Fernando, adictos al tabaco. En verano y en primavera es un lugar muy aprovechado tanto por los residentes como por los trabajadores. «Muchas veces, si hace bueno, solemos salir a comer», subrayaba la empleada.

Apenada por lo ocurrido, sobre todo porque nadie pudo hacer nada por salvar la vida de Fernando. «Fue cuestión de segundos y una casualidad. Justo unos minutos antes una compañera del centro, un residente y un familiar estaban en la huerta que está al lado de la terraza. Pero nadie se dio cuenta de lo que ocurrió». Según explicó el mismo domingo el fundador del centro, Miguel Elorza, fueron varias personas que paseaban en ese momento por la zona, que se ve desde el exterior, quienes se dieron cuenta y acudieron a auxiliarle con la ayuda de extintores «pero ya era demasiado tarde, estaba quemado».

Plaza concertada

La diputada de Políticas Sociales, Maite Peña, explicó que el hombre fallecido presentaba «problemas de movilidad». Además, añadió que «desafortunadamente para cuando el personal de la residencia se dio cuenta ya era demasiado tarde». La residencia Gisasola es privada, aunque la Diputación de Gipuzkoa tiene plazas concertadas en este centro.

Los residentes y trabajadores del centro sin duda echarán de menos a Fernando. «Nos va a quedar un recuerdo muy bonito de él. Le echaremos en falta, sobre todo porque siempre estaba dispuesto a participar en todas las actividades», recordó la trabajadora. «Le gustaba mucho la informática y tenía una tablet. Al ser tan joven, era un perfil diferente para una residencia de ancianos y le daba un toque distinto. También era muy aficionado al ajedrez», subrayaba con cariño.

Según explicaron fuentes de la residencia, Fernando había nacido en Francia y al parecer no tenía familiares cercanos. «Nos hablaba de un pariente lejano pero con el que había perdido el contacto hacía muchos años». Antes de residir en Zestoa había vivido en Villabona, Galicia o Barcelona, entre otros lugares. El fallecido llevaba dos años en la residencia y solía mostrar gran ansiedad por fumar. «En más de una ocasión intentamos convencerle de que lo dejara, pero no pudimos», se lamentaba ayer la trabajadora del centro.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate