Diario Vasco

«El 40% de los afectados no tiembla»

  • En Aspargi han atendido a afectados desde los 29 a los 90 años, «pero la media es de unos 65»

El perfil de pacientes de párkinson que atienden en Aspargi es variado: desde jóvenes de 29 años a personas mayores de más de 90. «Pero el rango medio es de gente de 60 a 65 años», explican desde la asociación. En ocasiones, la detección se suele demorar, «aunque es cierto que cada vez se hace antes. Pero otras veces supone un proceso largo porque en función de la sintomatología es posible que se derive a traumatología o psiquiatría, porque pueden aparecer síntomas que se asocian a la depresión, y no hay un síntoma claro que lleve al diagnóstico de párkinson. Luego hay gente en la que por lo que sea la sintomatología aparece antes y se hace un diagnóstico temprano, pero no es lo habitual», explica la neuropsicóloga Nagore Bengoa.

Carmen de Olazabal recalca que, en contra de la creencia popular, «hay un 40% de afectados que no tiembla», y por eso subraya que la rigidez muscular y la depresión como otros síntomas. «Y la lentitud», añade Sebastián Vilchez.

En estos casos, es muy importante iniciar el tratamiento cuanto antes. Y también acudir a los talleres y actividades, como los que ofrece Aspargi, para frenar el avance de la dolencia y mantener al máximo la funcionalidad. «Siempre explicamos que si la rigidez, por ejemplo, no ha hecho demasiado efecto en esa musculatura, ésta va a estar más predispuesta a captar los beneficios de la fisioterapia. Así que cuanto antes vengan a rehabilitación, mejor», advierte la trabajadora social, Maider Palacios.

Ella conoce de cerca la realidad de los afectados que tocan a la puerta de la asociación. Se informan «pero igual no tienen la decisión de empezar. No es lo ideal, pero sí lo habitual, que las personas vengan cuando están un poco más afectadas, cuando la enfermedad está haciendo mella. Nosotros trabajamos el lado preventivo, para mantener el grado de autonomía de las personas».

Todavía se oculta

Maider también constata que, aunque cada vez menos, persiste cierto tabú. «Cuando vienen a la primera cita hay gente del entorno que desconoce la situación. No les han dicho nada por no preocupar, en otros casos hay cierto temor al rechazo… Hay gente que se lo calla hasta que puede. En caso de que tengan temblor, se sujetan una mano con la otra o se la meten en el bolsillo», explica.

En estos casos, como en cualquier otra enfermedad, la red de apoyo con la que se cuenta es muy importante. Sebastián Vilchez es un afortunado en ese sentido: su mujer Ana le acompaña a las actividades y está dispuesta a echar una mano en todo, al igual que sus hijos. «Lógicamente, el diagnóstico no lo recibimos con mucha alegría, pero tampoco lo llegamos a ocultar», relata Ana. En estos diez años con párkinson, Sebas ha mantenido su actividad social. No perdona la partida de cartas, que se puede prolongar tres horas, todas las tardes. «Tiene su espacio, es importante para evitar el aislamiento social que en algunos casos puede producir la enfermedad», subrayan desde Aspargi.

Aspargi: aspargi@arpargi.org www.aspargi.org & 943327715

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