Diario Vasco

El movimiento Cafe Racer llega a Gipuzkoa

Hugo y Juanpa en el taller con una moto desmontada y lista para ser customizada.
Hugo y Juanpa en el taller con una moto desmontada y lista para ser customizada. / L. O.
  • La tendencia que nació en los años 50 en Reino Unido se implanta en el territorio con customizaciones que buscan la ligereza del vehículo y no tanto la velocidad, como ocurría antiguamente

Las manos de Juanpa se funden con el metal como las de un pintor sobre el lienzo. Retuerce el hierro hasta que logra la forma perfecta. Antes, ha descartado todo lo que no es indispensable. El objetivo principal es la ligereza. Antiguamente también lo era la rapidez. Manillares más bajos, asientos alargados, depositos de gasolina con más capacidad... La transformación de la moto se basa en simplificar la máquina de manera artesanal reutilizando componentes originales de la época o añadiendo nuevos. El resultados son motos únicas y personalizadas al gusto de cada piloto. Este es el espíritu Cafe Racer, un movimiento que nació en los años 50 en Reino Unido y que décadas después echó raíces en EE UU y Japón. Ahora llega a Gipuzkoa y lo hace «para quedarse».

«La gente veía café en el cartel y entraba aquí pensando que esto era un bar. Parece un chiste, pero es la realidad. Nos pasó más de una vez», recuerdan entre risas Juan Carlos y Hugo López, padre e hijo respectivamente, y Juan Pablo Santinelli. Ellos están detrás de Cafe Racer SSpirit. Reconocen que el movimiento «todavía no es muy conocido aquí», pero buscan hacerse un hueco en una de las ciudades con más motos por habitante de España. De momento, y para prevenir futuros equívocos, han optado por colocar una máquina de café en su recién inaugurado local del polígono 27.

Hugo conoció las motos customizadas cuando cursaba último curso de Marketing en Madrid. De vuelta a casa, les propuso a su padre y a su tío, aficionados al motor, crear su propia empresa en torno al movimiento Cafe Racer. «Nos metimos completamente a ciegas. Fue algo de corazón. Pensamos que igual que estas motos nos gustan a nosotros, también les pueden gustar a los demás», explica Juan Carlos. En unos meses el sueño se hizo realidad. Una Yamaha SR 500 fue la primera de estas joyas sobre ruedas que salió del taller. Hugo aún la conserva. Cada día pasa horas y horas buceando en internet en busca de motos clásicas que Juanpa se encargará después de customizar. Normalmente son motos de los años 70 u 80 fabricadas en hierro y, preferiblemente, con matrícula nacional ya que esto facilita la posterior homologación de las transformaciones.

Juanpa y Hugo en las instalaciones de Cafe Racer SSpirit

Juanpa y Hugo en las instalaciones de Cafe Racer SSpirit / L. O.

En busca de joyas clásicas

El problema con el que se encuentran es que el mercado interno no es tan amplio como el europeo. Tal y como explica Juan Carlos, en tiempos del régimen de Franco sólo se permitía la importación de vehículos procedentes de países aliados y por lo tanto las motos de marcas asiáticas de aquella época son escasas en comparación con las italianas o alemanas. «Son vehículos que venían normalmente de territorios 'free tax' como Ceuta, Melilla o islas Canarias. Otra opción es que fueran motos japonesas camufladas, es decir, vehículos con el 65% de las piezas fabricadas en Europa y claro, no se veía la marca original por ningún lado. Pero el coste de éstas era altísimo y por eso hay muy pocas motos japonesas aquí», indica. A pesar de las trabas, su rastreo ha dado buenos frutos y ya disponen de medio centenar de motos en su pabellón. Algunas ya están customizadas totalmente. Otras solo de forma parcial y siempre con la correspondiente homologación del vehículo y las piezas. El resto, están a la espera de que Juanpa les meta mano. «Darle forma al metal de las motos también es arte, como Chillida. La gente ve estas motos y le sale una sonrisa. La belleza de los vehículos se mezcla con los recuerdos. La gente recuerda la moto de un abuelo, un tío, la de su padre...», remarca este mecánico argentino que creció entre las dos ruedas en el taller de su abuelo.

Detrás de cada una de estas motos hay una media de dos meses de trabajo y su precio oscila entre los 6.000 y los 20.000 euros. «También hacemos pequeños retoques a motos que nos traen nuestros clientes», añade Hugo, que sigue ampliando su colección de motos de una tendencia que está en auge. Las propias marcas están volviendo a lanzar sus modelos clásicos y creando sus departamentos de customización. Algunas de estas casas ya han llamado a la puerta del garaje donostiarra. De hecho, Hugo y Juanpa han sido galardonados para ser los constructores España de Yamaha Yard Built 2017. Su customización de una XSR 700 y la de otras siete países se podrá ver en el próximo Wheels and Race que se celebrará en junio en Biarritz.

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