Diario Vasco

Zuhaitz-pe, el refugio de la protectora de animales, cumple 20 años

Iciar Mintegui posa en las instalaciones del refugio Zuhaitz-pe.
Iciar Mintegui posa en las instalaciones del refugio Zuhaitz-pe. / IÑIGO PUERTA
  • «La concienciación de la gente ha avanzado mucho y cada vez hay menos abandonos», destaca Marisol Zubiaurre, secretaria de la Protectora

El refugio que ha velado por la protección animal en Gipuzkoa cumple hoy dos décadas de andadura, en las que guardan recuerdos de historias animales desgarradoras a las que les han podido dar un final feliz, con un reencuentro o una nueva oportunidad. Iciar Mintegui es la presidenta de esta asociación sin ánimo de lucro a la que se ha dedicado en cuerpo y alma desde unos inicios que recuerda complicados. «Antes estábamos en Altza, en Villa María Luisa, pero no reunía las condiciones que merecen los animales».

Cuando la zona creció, la presión vecinal terminó por desplazarles. «Tuvo un trágico final. Se formó una nueva junta pero no había dinero. Se compró un terreno en Ángel de la Guarda que también generó rechazo. No tenía agua y en el Consorcio de Aguas nos negaron la posibilidad». Todo cambió el día en el que «una socia nos habló de un terreno a 100 pesetas el metro. (117.000 m2). Cuando lo vimos nos encantó».

A la hora de financiar la compra en las entidades bancarias «solo con decir 'animal' estábamos en la calle, pero la Kutxa nos concedió el crédito. Acudimos a la Diputación, donde el entonces diputado general Eli Galdós e Iñaki Txueka se portaron de maravilla. También el entonces alcalde de San Sebastián Odón Elorza colaboró. Ayudaron a que el proyecto empezara a dar sus primeros pasos». La presidenta se disculpa de antemano por «toda la gente que me dejo en el tintero y que ha colaborado para sacar esto adelante». Tras quedar viuda en 1995, su dedicación al proyecto fue absoluta. «Le fuimos dando cara al refugio dentro de nuestro presupuesto». Unas partidas de dinero limitadas a las que se sabe que Iciar ha aportado más que su mero trabajo.

Primeros pasos

«Un grupo pequeño nos centramos en ir a cada ayuntamiento para explicar nuestro servicios. Inauguramos, compramos una furgoneta... Comenzamos con un veterinario y con otro de prácticas» rememora. Al poco tiempo, las recogidas de animales perdidos o abandonados se disparó, pero bajo un clima especial. «Aquí había mucha ilusión y camaradería. A los perros que llegaban se les bañaba ahí mismo -señala una barandilla de madera expuesta al sol-. Hemos recogido animales en simas, con puñaladas en la cabeza... Nadie creería los casos que han llegado y han salido con vida» recalca Iciar. El aumento de actividad supuso un crecimiento para la Protectora, que actualmente suscribe convenios con 27 ayuntamientos. «Ahora tenemos un equipo de 15 personas que da servicio durante todo el año e incluso por la noche una persona vive aquí».

El cambio más positivo que han observado durante estos veinte años es que «la concienciación de la gente ha avanzado mucho y cada vez hay menos abandonos. Sobre todo en periodos de vacaciones. Ahora ha habido agostos en los que hemos dado más perros o gatos de los que hemos recibido. La difusión y las campañas informativas han ido calando», destaca Marisol Zubiaurre, secretaria de la Protectora. «Hace 20 años no se avisaba si se veía un perro abandonado», prosigue Iciar. «Ni había la comunicación que hoy en día tenemos con la policía». Eso sí, todavía quedan por erradicar prácticas como la de «atar a perros en las entradas de las villas y los caseríos».

Entre otros avances destacados, «el uso del microchip, los ordenadores, nuestro tesorero... son avances de gestión importantes cuando antes sobrevivíamos» recuerda Iciar. «Llegaron también la construcción de nuestra web y la página de Facebook» que ayudan a la difusión y a la captación de nuevos adoptantes más allá de Gipuzkoa. Nuevos formatos de ayuda, como las acogidas temporales para los más viejitos (con tratamientos pagados por la Protectora) y para cachorros lactantes, empiezan a funcionar.

También destacan el haber dotado de los últimos avances técnicos a la clínica veterinaria que albergan en sus instalaciones. «Las consultas externas de la clínica y las ventas en la tienda son también fuentes de ingresos para la protectora», apunta Mintegui.

El dinero, caballo de batalla

«Tenemos muchas ideas de mejora, como dotar al refugio con una instalación que pueda cuidar a animales en cuarentena, pero la limitación es la de siempre, el dinero. Mientras, hacemos todo lo posible para que los animales estén bien» reitera Iciar.

El mayor activo para sostener Zuhaitz-pe «son nuestros socios. Hay gente que cree que los ayuntamientos nos dan millonadas. Tenemos casi mil socios y su aportación es importantísima». El servicio que prestan a las localidades se basa en la recogida de animales. «Los recogemos y los mantenemos durante treinta días, que los paga cada ayuntamiento. Tras ese periodo en el que no se pueden entregar por ley, los gastos pasan a cargo de la Protectora».

Educación y futuro

El refugio de Zuhaitz-pe se ha consolidado como una institución de protección animal de referencia y de cara al futuro ven la educación respecto a los animales como fundamental para seguir avanzando contra el maltrato y los abandonos. Aunque en comparación con otros países europeos las leyes y regulaciones sobre mascotas tienen un menor recorrido aquí, «acudimos a convenciones europeas para mejorar y hemos colaborado con asociaciones de menores y colegios dando charlas para seguir concienciando a la sociedad de que los animales no son juguetes. No hay que apoyar adopciones de mascotas por petición de un niño, tiene que que ser una decisión consensuada por los adultos de la familia», concluye Iciar. Detrás de ella nos vigila 'Mattin', un mastín que fue encontrado con un disparo en la nuca y dado por muerto. A día de hoy pulula por las instalaciones de Zuhaitz-pe. Se le ve feliz, «pero todavía le cuesta confiar en las personas».

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