Diario Vasco

El traslado de basura a Tudela y Mutiloa se retrasa por problemas con los permisos

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Planta de residuos de El Culebrete, en Tudela, a donde Gipuzkoa pretende exportar sus desechos a la mayor brevedad posible. / BLANCA ALDANONDO

  • Todos los residuos guipuzcoanos viajan hoy a Cantabria, la opción más lejana y cara de las tres

  • La planta navarra de El Culebrete iba a empezar a recibir camiones en enero y la de Mutiloa aún no ha comenzado a acondicionar su instalación

Algunos plazos siguen un ritmo pausado y otros corren. Los que tienen que ver con la gestión de los residuos de Gipuzkoa vuelan. Cuando el año va a consumir su segundo mes, el territorio aún no ha activado ninguna de las soluciones provisionales halladas por la Diputación el pasado otoño para llevar la basura mientras se construye la incineradora de Zubieta, cuyas obras también se anunciaron en su día para inicios de año. Ni el vertedero de El Culebrete, en Tudela, empezó a finales de enero a recibir residuos guipuzcoanos -tal y como estaba previsto-, ni la empresa Cespa ha iniciado las obras de acondicionamiento de la planta Lurpe de Mutiloa para poder albergar residuos sólidos urbanos.

Los plazos vuelan cuando los guipuzcoanos generan basura todos los días a razón de 160.000 toneladas de fracción resto al año, pero el vuelo se aceleró cuando en diciembre el vertedero de Lapatx (Azpeitia) cerró sus puertas, otorgando a la planta de Meruelo de Cantabria la función de almacenar el cien por cien de la errefusa generada en Gipuzkoa. Significa esto que mientras no entren en funcionamiento las dos alternativas buscadas por Gipuzkoako Hondakinen Kontsortzioa (GHK) hace ya varios meses, toda la basura del territorio pivota sobre la opción más cara, lejana y lesiva para el medio ambiente.

Aunque sea de manera temporal -no se sabe hasta cuándo-, el peor de los presagios del departamento foral de Medio Ambiente se está cumpliendo: 25 camiones recorren todos los días 400 kilómetros para depositar la basura guipuzcoana en Meruelo, con un precio de vertido de 85 euros por tonelada, 15 euros más que lo que ofrece la vía de Tudela y 25 más que lo que cobraría la planta de Mutiloa.

La solución navarra iba a convertirse a finales de enero en la primera bombona de oxígeno ante el asfixiante panorama. El Consorcio de Residuos de Gipuzkoa llegó en noviembre a un acuerdo con la Mancomunidad de la Ribera de Navarra para enviar al Centro de Tratamiento de Residuos El Culebrete, 75.000 toneladas anuales durante los tres próximos años.

Zaragoza, posible destino

Las dos instituciones concernidas rubricaron a nivel interno las condiciones del pacto pero a la hora de materializarlo surgió un obstáculo que durante los dos últimos meses no se ha podido salvar, sin que haya fecha aún para superarlo. Los residuos guipuzcoanos se van a tratar en una planta de tratamiento mecánico biológico (TMB) similar a la que se contempla en el Complejo Medioambiental de Zubieta. Esta infraestructura realiza un proceso de cribado que permite recuperar algunos materiales reciclables y deja el resto para vertido.

Y ahí surge el escollo. ¿Dónde verter ese resto? Porque la cantidad acordada no es menor. Separando lo que se pueda tratar para ser reutilizado, quedarían al menos 64.000 toneladas para depositar en un basurero y El Culebrete no tiene capacidad para asumirlos. La solución natural pasaba para la mancomunidad por trasladar esa fracción resto al vertedero de Arnedo, por cercanía -65 kilómetros- y por el hecho de que las dos instalaciones son gestionadas por FCC.

Se da la circunstancia de que tanto el Gobierno de La Rioja (PP), como el Ayuntamiento de Arnedo (PSOE) se han opuesto a este trasbase de basuras. Mientras que el Gobierno riojano explicó que «el vertedero de Arnedo no está preparado, ni cumple los requisitos para este tipo de traslado», más explícito fue el grupo parlamentario socialista al asegurar que «vamos a estar siempre apoyando los intereses de La Rioja, que no pasan por convertirnos en el basurero de Gipuzkoa».

Ante el cierre de puertas del territorio riojano, fuentes implicadas en la búsqueda de la solución a la actual parálisis revelan que gana enteros la opción de transportar lo que no se pueda quedar en Tudela hasta Ejea de los Caballeros (Zaragoza). Sin embargo, no ocultan que «el tema de la basura y Gipuzkoa tiene muy mala fama, lo que no facilita para nada las cosas», si bien la contrapartida económica podría hacer fructificar un acuerdo en este caso.

Que se active la vía navarra, con su derivada hacia La Rioja o Zaragoza, depende de un acuerdo. Su consecución haría inmediata la exportación de basura a El Culebrete, algo que no ocurre en el otro frente que el Consorcio de Residuos de Gipuzkoa ha querido abrir. GHK adjudicó a la empresa Cespa, del grupo Ferrovial, la gestión de residuos sólidos urbanos en la planta Lurpe de Mutiloa, por 24,4 millones, donde se podrían llevar 102.000 toneladas anuales.

Esta infraestructura ha acogido hasta ahora residuos industriales y necesitaría unas obras de acondicionamiento para empezar a desarrollar su nueva función. Estos trabajos necesitan su pertinente permiso municipal y según el Ayuntamiento de Mutiloa, entidad que se ha manifestado públicamente en contra del proyecto, el contrato que esta compañía tiene firmado desde 1997 con el consistorio goierritarra recoge que «la actividad se limitará a recibir residuos industriales sólidos inertes».

Fuentes forales, no obstante, han afirmado que la infraestructura cuenta con la autorización ambiental del Gobierno Vasco necesaria para albergar residuos sólidos urbanos y consideran que, cumplidos unos determinados requisitos, el Ayuntamiento no puede oponerse a la concesión del permiso. En caso de que finalmente lo concediera, haría falta un tiempo para adaptar el actual vertedero. Entre el permiso y la obra, es previsible que el primer trimestre del año -plazo manejado por GHK para empezar a operar- pase sin que se habilite Mutiloa como destino.

Si la situación a corto plazo empieza a ser acuciante por el perjuicio económico y medioambiental de enviar todos los residuos a Cantabria, la preocupación a medio plazo consiste en que el contrato con la planta de Meruelo expira a final de año, por lo que resulta inexorable encontrar otras salidas.

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