Diario Vasco

El frío no impide que los Reyes repartan ilusión

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Melchor reparte sonrisas desde su carroza de fantasía de plata.

  • Melchor, Gaspar y Baltasar fueron aclamados por sus seguidores en Donostia en una cabalgata multitudinaria

Bufandas, gorros, guantes y cazadoras. Todas las prendas de abrigo se convirtieron ayer en aliados inmejorables para soportar el frío a la espera de la tan ansiada y mágica llegada de los Reyes Magos. Miles de niños donostiarras esperaron inmóviles a ese momento anhelado por los más pequeños, ese fugaz segundo en el que la mirada de Melchor, Gaspar o Baltasar se cruza con la suya y se siente la persona más afortunada del mundo. Hubo quien también puso todos sus esfuerzos en recoger el máximo caramelos posibles que lanzaron con entusiasmo y una sonrisa de oreja a oreja los tres magos de Oriente desde sus engalanadas carrozas. El año de espera se había hecho demasiado largo.

Los nervios y el cansancio ya se dejaban notar en los rostros de los más pequeños a última hora de la tarde. No era para menos. Sus peticiones e ilusiones se iban a ver cumplidas en la noche más mágica del año, donde las ilusiones por fin se cumplen. Quien más quien menos se sentía alterado, pensando que no llegaría con tiempo a su casa para dejar bien limpios los zapatos y algo de comida y bebida para Melchor, Gaspar, Baltasar y al séquito que les acompaña. La jornada para muchos de los niños donostiarras comenzó bien temprano, cuando a las 11.00 horas los tres magos de Oriente hicieron su entrada en la playa de La Concha a lomos de sus caballos. A partir de ahí fueron jaleados y aclamados por sus pequeños seguidores que no pudieron reprimir las lágrimas de emoción. Por fin habían conseguido ver a sus ídolos.

La magia que desprenden Melchor, Gaspar y Baltasar llegó a cada rincón de la capital guipuzcoana. Nada más alcanzar la plaza Cervantes, se montaron a bordo de un coche descapotable para recorrer diferentes barrios de San Sebastián. Sus Majestades estuvieron acompañados en todo momentos por un séquito real y una charanga que circularon detrás en el bus turístico de la ciudad.

El viaje real comenzó en la calle Miramar y desde allí pusieron rumbo a la plaza José María Sert en Venta Berri para realizar su primera parada. La comitiva continuó hasta el estadio de Anoeta, en cuyas inmediaciones se dieron un baño de multitudes. Esta vez las miradas no estuvieron puestas ni en Carlos Vela, ni en Mikel Oyarzabal, todos los aplausos y ánimos se los llevaron Melchor, Gaspar y Baltasar. Más de uno pidió llegar a la final de Copa o una clasificación para la Champions. Tras la visita a Intxaurrondo y Bidebieta el camino de sus Majestades concluyó en Alderdi Eder.

El frío tampoco pudo con los incondicionales que esperaron con estoicidad a las puertas del Ayuntamiento en Alderdi Eder para la entrega de la carta al rey de turno. Además de tener que contestar a las preguntas de si se habían portado bien o mal, depositaron sus ilusiones en los sacos de los Reyes de Oriente a la espera de que se vieran cumplidas. También tuvieron oportunidad de visitar el Hospital Universitario Donostia.

El momento más esperado llegó a las seis de la tarde. Melchor, Gaspar y Baltasar comenzaron a trabajar duro. Gracias a su don de la ubicuidad se les pudo ver en Irun, Eibar, Tolosa, Errenteria... en todas y cada una de las localidades de Gipuzkoa consiguieron sacar una sonrisa a los niños. En San Sebastián estuvieron acompañados además de 600 personas entre trikitilaris, músicos de las charangas, bomberos y pajes. Al acto tan esperado tampoco quisieron faltar el tren y el autobús turístico de la capital guipuzcoana, así como el autobús híbrido de Dbus o un rebaño de ovejas. El desfile transcurrió por la calle Hernani, Avenida, Urbieta, Prim, Bergara, Idiáquez, plaza de Gipuzkoa, Legazpi y Boulevard.

Melchor estuvo rodeado durante la cabalgata de una fantasía de plata; Gaspar estuvo sentado entre pirámides de plata y Baltasar estuvo acompañado de un gran dragón alado. Entre los tres Reyes de Oriente repartieron un total de 3.000 kilos de caramelos, aptos para todos los niños (también para celíacos). Tras el desfile en el que la lluvia este año no se quiso sumar a la fiesta, llegó el momento de ir a casa y preparar los zapatos. Más de un niño pasó la noche con un ojo medio abierto a la espera de la llegada de Mechor, Gaspar y Baltasar.

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