Diario Vasco

«Podría haber muerto mil veces pero he tenido suerte»

Estos tres guipuzcoanos, portadores del virus VIH desde hace años, prefieren ocultar sus identidades por respeto a sus familias.
Estos tres guipuzcoanos, portadores del virus VIH desde hace años, prefieren ocultar sus identidades por respeto a sus familias. / ARIZMENDI
  • día mundial de la lucha contra el sida

  • Tres guipuzcoanos relatan cómo ha sido su vida desde que tienen el VIH

Con 14 años Iñaki descubrió las drogas por los amigos 'hippies' de su hermano mayor, que venían a San Sebastián desde países como Londres o Amsterdam cargados de marihuana, LSD o heroína. Desde entonces comenzó a esnifar, y al poco tiempo, con tan solo 16 años, empezó a pincharse. «La aguja era la puerta al viaje, al 'colocón', porque con menos cantidad se producía antes», comenta Iñaki, que utiliza un nombre ficticio para mantener un anonimato que lleva practicando desde que le diagnosticaron la enfermedad, en 1995. «Este es mi método, y hasta ahora me ha funcionado. ¿Para qué contarlo? Si lo hago los que me conocen me empezarán a tratar de manera diferente, no digo peor, pero sí diferente», señala este donostiarra de 55 años y dos hijos, que desconocen la enfermedad de su padre. En el Día Internacional Contra el Sida, ofrece su testimonio junto a otros dos guipuzcoanos en la sede de la asociación Harri Beltza, en Oiartzun.

«A mí me da exactamente igual que se sepa, pero lo hago por mis hijos», asegura Carmen, una vecina de Hendaia de 59 años que también prefiere utilizar un seudónimo y posar de espaldas a la cámara. En su caso, adquirió el virus por contagio, después de mantener relaciones con un «amigo que no me avisó de que tenía sida». Entonces tenía 36 años y cuatro hijos pequeños, pero asegura que el diagnóstico no le asustó. «Me lo tomé como si me hubiesen dicho que tenía anginas. Hacía mi vida normal y tomaba la medicación». Para ella el momento más duro llegó con el deterioro físico, que aparece unos años después de contraer la enfermedad. «Para mí eso ha sido lo peor. Porque, aunque esté mal que lo diga, yo era una mujer muy guapa, con un cuerpazo, y el palo que te llevas es grandísimo».

Para Juan Ramón, que también oculta su nombre y su rostro «por mi mujer», el sida no ha sido su mayor enemigo en los últimos 30 años, ya que el virus nunca se ha manifestado. Sin embargo, la Hepatitis C que padece le ha hecho pasar «los peores momentos» de su vida. Este ordiziarra empezó a tontear con las drogas con 26 años. Heroína, cocaína, porros... un cocktail explosivo que le llevó a contraer la enfermedad. «Me tuvieron que hospitalizar, y recuerdo que el chico que estaba a mi izquierda murió de sida. En ese momento pensé 'o te mueres como un perro o haces algo con tu vida'». Y eso hizo. Con 28 años se sumó a Proyecto Hombre, aunque reconoce que a regañadientes, y comenzó a cambiar. «Desde entonces no he vuelto a tomar ninguna droga. No fumo, no bebo, me cuido muchísimo. Lo vi claro y opté por otro tipo de vida».

«Yo no cambié tan rápido», señala Iñaki. Reconoce que estuvo diez años enganchado a la heroína, compartiendo jeringuillas e inyectándose droga cada 8 horas para combatir el 'mono'. En el año 85 decidió sumarse a la comunidad terapéutica Haize Gain, gestionada por Agipad, que trata personas con problemas de drogodependencia. Fue entonces cuando después de realizarle unas pruebas, le comunicaron que tenía VIH. «Fue un golpe amortiguado, porque estaba con más gente a la que también le comunicaron lo mismo y acompañado de psicólogos, y no le di importancia». De hecho, siguió consumiendo drogas durante años. «No volví a inyectarme, pero me metí todas las drogas que había en Donosti», reconoce. Fue en 1997 cuando una mujer le hizo cambiar. Quería ser padre y formar una familia, y lo consiguió.

Con la muerte en los talones

Hoy estos guipuzcoanos pueden contar su historia, pero muchos otros se quedaron en el camino. En los años 80 la heroína se apoderó de las calles, y el sida se llevó por delante miles de vidas. «En dos años murieron muchos amigos míos, pero yo tenía claro que iba a sobrevivir», señala Juan Ramón. Los dos hermanos de Iñaki, ya fallecidos, también fueron seropositivos. «Perdí muchos colegas, yo mismo me tendría que haber muerto varias veces, pero he tenido mucha suerte», admite.

Ahora viven con la enfermedad controlada gracias a la medicación. Carmen toma 16 pastillas al día, y además es diabética, por lo que tiene que inyectarse insulina a diario. Iñaki tiene un marcapasos, una cirrosis de grado 3 y toma once píldoras diarias. Por su parte, Juan Ramón, que hace poco tiempo superó su Hepatitis C después de someterse a un segundo tratamiento contra la enfermedad, toma 'solo' tres.

«Todos hemos estado a punto de morir alguna vez», comenta Carmen. El pasado mes de febrero una infección pulmonar estuvo a punto de costarle la vida. Juan Ramón sabe que la suya será «una pelea para siempre». Pero todos son optimistas, como Iñaki, que dice convencido que no tiene «miedo a la muerte. Aún me quedan muchas cosas importantes por vivir».

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