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El Ministerio de Sanidad estudia la autorización de la pastilla 'antisida'

El Ministerio de Sanidad estudia la autorización de la pastilla 'antisida'
  • Expertos plantean en Donostia que se implante «cuanto antes» en España porque reduce un 87% las posibilidades de contagio del VIH en conductas de riesgo

La pastilla ‘antisida’ o la pastilla del día antes, como se conoce popularmente a la profilaxis pre-exposición (PrEP), ha obtenido el beneplácito de la comunidad científica internacional y ahora espera obtener también el aval del Ministerio de Sanidad para que pueda implantarse en España. Los expertos reunidos en el Congreso estatal de Gesida en Donostia abogaron ayer por que se dé el visto bueno oficial «cuanto antes», de forma que las comunidades autónomas, que tienen las competencias en materia de salud transferidas, puedan tomar la decisión de si lo incluyen en la cartera sanitaria.

El tratamiento, que pretende frenar los nuevos contagios de VIH, especialmente entre hombres que practican sexo con hombres, no consiste en un medicamento nuevo. Se trata de que una persona que no está infectada por el virus y que va a tener una relación sexual de riesgo -sin preservativo- tome medicación, en concreto, un fármaco antirretroviral que ya existe en el mercado, de forma previa para evitar así el contagio. Los expertos han consensuado que la toma debería ser diaria y de forma prolongada en el tiempo.

El trabajo médico y científico está hecho, y suma una de tantas esperanzas, no todas siempre confirmadas en la práctica, en la batalla contra el sida y los contagios de VIH. El tratamiento preventivo se ha demostrado «eficaz», subrayaron ayer desde Gesida en Donostia, y ya está disponible en países como Francia, Canadá, Estados Unidos o Australia. Varios estudios científicos han confirmado que, si una persona sana toma dos medicamentos antirretrovirales antes de tener una relación sexual con una persona infectada, las posibilidades de infectarse disminuyen hasta un 90%. Otro estudio, realizado en el Centro sanitario Sandoval de Madrid y que fue presentado ayer en el congreso, estima que de contar con esta herramienta preventiva, el 38,2% de los nuevos diagnósticos de VIH realizados en ese centro en el último año se podrían haber evitado.

Los expertos hablaron ayer con esperanza pero también con cautela, sabedores de la compleja realidad a la que se enfrentan a la hora de rebajar la cifra de contagios. «No defendemos la profilaxis pre-exposición como la mejor medida preventiva. La mejor estrategia para evitar contagios es diagnosticar los casos y ponerlos en tratamiento», admitió Santiago Moreno, uno de los autores de la guía de recomendaciones científicas que está estudiando el Ministerio para tomar una decisión que se espera «inminente». El problema está en que sigue existiendo una parte de los afectados que lo desconoce, una epidemia oculta, como lo llaman, que se estima en un 30% del total de afectados, aunque un estudio que se presentará en el congreso en Donostia rebaja la dimensión a entre un 20 y 22%, precisó Moreno.

Los especialistas llevan años enfrentándose a una realidad tozuda: por muchas campañas de prevención que se hacen, siguen produciéndose contagios de VIH, en torno a 3.000 en 2014 en el Estado (diez al día), entre 150 y 200 en Euskadi cada año. «El modelo clásico de prevención y de educación sexual no es suficiente», reconoció Antonio Rivero, presidente de Gesida, para remarcar la necesidad de ir más allá y buscar nuevas herramientas «complementarias» para intentar dar con la tecla correcta a la hora de frenar los contagios del virus.

Efectos secundarios

El trabajo científico ofrece las pautas consensuadas sobre a quién debe administrársele la pastilla ‘antisida’, porque no se puede recetar «como si fuera un analgésico», aclaró Moreno, sino bajo prescripción médica y con un seguimiento periódico porque se trata de un fármaco con efectos secundarios, advirtieron ante la proliferación de un mercado negro, a través de internet, en el que ya se surten personas sanas por su cuenta y riesgo.

La administración del fármaco también obligaría a organizar quién prescribe el medicamento, porque ahora es de dispensación hospitalaria. Y hay que hablar también de dinero, de quién financiaría el tratamiento preventivo. El fármaco antirretroviral que se utilizaría cuesta 400 euros al mes por paciente, y en 2017 pasará a ser genérico. El debate sobre si este gasto resulta prioritario está servido «y habrá reacciones de profesionales sanitarios y de la población en general que no estén de acuerdo, pero hay otra parte de la realidad, que es que los nuevos contagios están ocurriendo y la responsabilidad como médicos es no cerrar los ojos y buscar herramientas», defendió Moreno.

La pregunta que solo se resolverá en la práctica es si realmente el tratamiento, que obliga a una disciplina diaria de toma de fármacos para garantizar la adherencia al tratamiento, resultará atractivo entre esa pequeña parte de personas que se resisten a los consejos del sexo seguro y siguen practicando relaciones de riesgo. El antecedente de la baja demanda que tienen los tratamientos post-exposición (la toma del fármaco después de una relación sexual de riesgo) alimenta la tesis de que, en caso de salir adelante esta alternativa, no se traduciría en un aluvión de solicitudes, amén de los requisitos médicos que habrá de cumplir la persona interesada.

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