Diario Vasco

«El verdadero desafío comenzará cuando pregunte cuál es su origen»

  • Una semana después de que un bebé fuese abandonado en San Sebastián, un experto valora sus posibles secuelas psicológicas

El caso de Ane, la pequeña que fue encontrada viva en un contenedor de basura en San Sebastián hace hoy una semana, ha estremecido a la sociedad. Muchos se preguntan, ¿qué pudo llevar a alguien a abandonar a un bebé de esa manera? Resulta complicado establecer una respuesta sobre un hecho que todavía está sin resolver, pero los expertos señalan que cabe pensar que la persona o personas que lo llevaron a cabo sufren de alguna patología. «Sin conocer más datos, lo lógico es pensar que es consecuencia de un trastorno, de una patología grave, porque resulta algo anómalo, inusual», indica Óscar Pérez-Muga, psicólogo familiar e infantil especializado en el trabajo con víctimas de desprotección infantil.

El caso adquiere un cariz aún más dramático por las circunstancias, de las que se traduce que no existía ninguna intención de proteger o salvaguardar a la menor. «El bebé estaba destinado a morir, la intención era esa. Estamos diseñados para que eso no ocurra, por lo que se deduce que tiene que existir un deterioro moral en esas personas, más allá de la falta de apego o de empatía».

En el caso de Ane, la labor de aquellas personas que estén a su cargo -una familia de acogida- va a ser fundamental para que el impacto sobre su abandono sea el menor posible. «El verdadero desafío comenzará a partir de los 6-7 años, cuando empiece a ser consciente de su realidad y pregunte cuál es su origen. Hay que elaborar una narrativa adecuada para que el golpe simbólico del abandono no le cause un trauma», señala Pérez-Muga. Por suerte, su corta edad permitirá que durante sus primeros años la pequeña se desarrolle de manera normal, sin ninguna secuela física ni mental, apunta. «Este primer golpe de la desprotección tiene todas las posibilidades de tener un buen desenlace por su edad y la premura con la que se ha intervenido». La niña, que ya está bajo los cuidados de una familia de acogida de urgencia, crecerá en un entorno de apego sano, lo que facilitará que «pueda mantener perfectamente una buena vinculación y empatía, así como tener unas buenas relaciones de amistad en el futuro».

Respecto a los detalles concretos de la situación en la que fue encontrada, Pérez-Muga considera que habrá que «valorar el tipo de carácter que tenga, en qué condiciones está y si es conveniente, ya que se trata de detalles muy dolorosos. Será más adelante, cuando sea más madura y capaz de entender, cuando haya que abordar esa parte más delicada». Sin embargo, no considera que ese hecho tenga que afectar a la niña de forma negativa forzosamente. Considera que «si ese trabajo se hace bien, la protegerá y no debería de condicionarla negativamente en sus relaciones familiares o si llega a ser madre».

Se trata, sin duda, de una situación excepcional. En otros casos de renuncia a un menor, en los que la madre no puede hacerse cargo por diferentes razones, su manera de proceder es muy diferente. «Existen gestos de protección, de amor, de pensar 'si yo no puedo cuidarle mejor que lo haga otra persona'. Además, eso ayuda a los niños a entender lo que hizo su madre». Por ello, el proceso de entendimiento sobre lo ocurrido a esta pequeña será más complicado, y es importante que «se explique que no era una acción en su contra, sino la consecuencia de una patología».

A pesar de la gravedad de los hechos y de lo dramático de su situación, Ane ha conseguido tener un final feliz. «Afortunadamente va a recibir muy buenas atenciones y no va a quedar un daño físico que se registre en su cerebro. Va a estar en mejores condiciones que otros niños en situaciones de desprotección que pasan desapercibidas».

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