Diario Vasco

La Ertzaintza investiga si la madre de Ane fue atendida por algún ginecólogo

Contenedores junto al Paseo Nuevo donde hace una semana abandonaron a una recién nacida.
Contenedores junto al Paseo Nuevo donde hace una semana abandonaron a una recién nacida. / LUSA
  • Los agentes han visitado algunas consultas por si se le hubiese efectuado algún seguimiento durante la fase de gestación

La investigación va a buen ritmo y dicen también que por buen camino. El equipo de agentes de la UIC de la Er-tzaintza que trabaja en la identificación de la mujer que hace una semana arrojó a su bebé recién nacida a un contenedor de basura se halla cada vez más cerca de su objetivo. «Estoy convencida de que la Policía logrará dar con la madre», ha señalado a este periódico una voz autorizada cercana al caso.

Se cumple hoy una semana desde que dos jóvenes donostiarras escucharan el llanto de la niña procedente de un container situado en la calle San Juan, justo al lado de la Sociedad Fotográfica Guipuzcoana, casi en pleno Paseo Nuevo. Aquel gemido, que inicialmente fue confundido con el maullido de un gato, salvó la vida a una niña que apenas tenía unos minutos de vida y a la que los servicios sociales de la Diputación, que se encargan de su tutela, pusieron el nombre de Ane.

Desde entonces, la Unidad de Investigación Criminal de la Policía autonómica no ha parado un segundo. Las primeras pesquisas permitieron ya obtener unas imágenes procedentes de una cámara de videovigilancia del Museo San Telmo que, según las fuentes consultadas, recogen el momento en el que una persona deposita al bebé en el recipiente de la basura. Su presencia fue captada por el objetivo de la instalación existente en la plaza de Zuloaga, a escasos metros del punto en el que estaban los contenedores. Esta habría recogido imágenes que muestran cómo una mujer se aproximó hasta uno de los recipientes, el mismo del que fue rescatado el bebé, y depositó un «bulto». La grabación, indican las fuentes consultadas, sin embargo, no permite una identificación nítida de la mujer, ya que llevaba la cabeza cubierta con una especie de capucha, precisan.

La Policía no ha tardado en abrir otros frentes en la investigación y en estos últimos días ha visitado clínicas y consultas médicas especializadas en ginecología, donde se habrían interesado en conocer historiales de personas, cuyas características físicas son coincidentes con la mujer que se deshizo de la niña.

La Policía no tiene la menor duda de que la madre dio a luz lejos de cualquier centro sanitario o consulta médica. Ningún profesional de la sanidad habría dejado a una puérpera con su hija recién llegada con el cordón umbilical aun adherido al cuerpo. Lo que en realidad intenta saber la Policía es si en alguno de los centros médicos habrían atendido a la mujer durante el periodo de gestación. Del resultado de las pesquisas nada ha trascendido, pero en medios consultados reconocen que «van por buen camino».

Los médicos están obligados a denunciar delitos que han conocido en el ejercicio de sus profesiones. Es decir, en el caso de que una persona herida por arma de fuego acudiera a una consulta, ha de poner los hechos en conocimiento de las autoridades competentes. Lo mismo si acude una mujer con una hemorragia vaginal y en la exploración posterior los facultativos hallan restos de la placenta y no del bebé.

Sin embargo, en modo alguno están obligados a facilitar el historial de los pacientes, a no ser que cuente con la correspondiente autorización judicial. El historial clínico de toda persona está amparado por el derecho a la intimidad y solo el propio paciente puede revelarlo.

Rasgos latinos

Las averiguaciones hasta ahora realizadas llevan a la Policía a dirigir sus sospechas hacia una mujer de facciones latinas. Son las mismas que tiene el bebé.

Todas las sospechas inducen a los investigadores a concluir que la persona que dio a luz reside en la capital guipuzcoana. En este sentido, no creen que la noche de autos se desplazara desde ninguna otra localidad de la comarca de Donostialdea y mucho menos de poblaciones más alejadas.

Precisamente, las dimensiones de una ciudad como San Sebastián, con una población de 186.000 personas, hacen que las probabilidades de éxito en la investigación sean todavía mayores. «Esto es un pueblo grande. Aquí nos conocemos todos», señalan las fuentes.

Al margen de las labores de identificación de la madre, la Ertzain-tza también intenta aclarar si ésta pudo contar con la colaboración de terceras personas. En caso de confirmarse, todas ellas se verían inmersas en un procedimiento por un delito de asesinato en grado de tentativa, castigado con una pena superior a siete años y medio de prisión, según precisan fuentes jurídicas consultadas.

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