Diario Vasco

Y tú, ¿qué haces por el euskera?

Marga utiliza siempre el euskera para dirigirse a sus clientes.
Marga utiliza siempre el euskera para dirigirse a sus clientes. / ARIZMENDI
  • Euskaldunzaharras, euskaldunberris y principiantes se esfuerzan por que sea una lengua viva

Que la recuperación del euskera se ha acelerado es una realidad. No solo porque el porcentaje de vascohablantes en la CAV haya aumentado diez puntos desde 1991 - situándose en el 33,9% de los mayores de 16 años y 631.000 hablantes-, sino porque además la transmisión del euskera en casa y su uso en el hogar ha alcanzado las cotas más altas, según la sexta Encuesta Sociolingüística.

A pesar de que nunca haya habido tantas personas favorables a que se fomente el uso del euskera, alcanzar la igualdad social entre las dos lenguas oficiales sigue constituyendo un objetivo, tal como defiende la declaración del Día Internacional del Euskera -que se celebra el próximo sábado-, presentada el pasado viernes por Hakoba. Mediante la pregunta «¿Qué puedo hacer yo por el euskera?», invita a reflexionar a la ciudadanía y a aunar fuerzas por conseguir que el euskera sea una lengua en uso y viva.

«Como decía Joxean Artze, lo más importante para que un idioma viva no es que quienes no lo saben lo aprendan, sino que quienes lo conocen lo utilicen», recuerda Carmen Urretabizkaia. Esta donostiarra de 70 años pertenece al 50% de la población vascohablante que es euskaldunzaharra, es decir, que ha aprendido el idioma en casa.

Es miembro de la asociación Bagera «desde hace unos doce años», donde colabora voluntariamente «en la medida de lo posible» como 'mintzalaguntzaile', es decir, conversando con quien desea mejorar su nivel de euskera. Misma labor que desempeña Aritz Branton, un inglés de 52 años. Hace diez empezó a estudiar euskera porque se enamoró del idioma y de quien le habló de él por primera vez, confiesa. Ahora ha decidido «devolver el favor a Bagera», porque a él le fue muy útil. Cuando ven que a alguien le cuesta hablar en euskera tratan de hablar más despacio, evitando pasarse al castellano.

Miedo a cometer errores

Gorka Redondo, de 38 años, es uno de los guipuzcoanos a los que les cuesta expresarse en euskera. Él y su mujer, «que no sabe euskera porque es argentina», regentan una frutería en Lasarte, donde no tienen ningún problema con que les hablen en euskera. Por eso se animaron a participar en el reto 'Baietz 40 egun euskaraz' (A que sí 40 días en euskera). «Levamos una chapa que nos identifica como 'Belarriprest', es decir, no tenemos ningún problema en que nos hablen en euskera, aunque contestarles se nos pueda hacer más complicado», explica.

Reconoce que a veces se lanza a hablar en euskera, pero «el miedo a meter la pata» hace que se pase rápidamente al castellano. Es el idioma que utilizan en casa, aunque Gorka intenta que su hija le hable en euskera. «Eres tú quien me tiene que enseñar», le dice.

De la población vascohablante, el 36,8% son euskaldunberris o nuevos vascohablantes. Es el caso de Jon Burgi, un donostiarra de 58 años que hace tan solo cinco se decidió a estudiar euskera. Considera de vital importancia que la gente sepa hablarlo, y es por ello que se ha metido de lleno en su aprendizaje. Además de ir al euskaltegi a diario, Jon ha cambiado sus hábitos. «Ahora intento que el euskera esté presente en todo momento, ya sea mientras veo la televisión o en los comercios que visito», apostilla.

Como él, Ainara Sáez empezó con el euskera cuando superaba los veinte años. Ahora tiene 31 y es profesora de euskaltegi, pero el proceso hasta conseguirlo fue largo. «Donde nací, en la Ribera Navarra, no me enseñaron el euskera. Un verano que fui a unas colonias como monitora me di cuenta de que era la única navarra que no sabía hablarlo, y me dio tanta rabia que empecé a ir a euskaltegis y barnetegis durante todo el año», explica.

A pesar de que fue un esfuerzo grande, no le supuso ningún sufrimiento. Lo disfrutó porque fue una decisión personal. Asegura que sabiendo un solo idioma te pierdes la mitad de la información y de las vivencias. Ahora el 90% de su vida es en euskera.

También en los comercios

Quien también intenta vivir siempre en euskera es Marga Matxiarena, una euskaldunzaharra de 48 años que vive en Donostia. Trabaja en la Casa de Labores, un establecimiento que se comprometió con un proyecto del Ayuntamiento para dar atención en euskera a los clientes que lo deseen.

Todos sus carteles, tickets y facturas están siempre en euskera, al igual que el saludo que ofrecen a quienes visitan el establecimiento. «La mayoría lo agradecen». Explica que entre las trabajadoras intentan no utilizar nuca el castellano.

Para Sho Ksahara que le atiendan en euskera es todo un desafío. A este japonés de 26 años le cuesta lanzarse a hablarlo, aunque lo entiende «un poco», porque lleva más de un año estudiándolo. ¿El motivo? Está trabajando en un máster relacionado con el nacionalismo vasco y le picó la curiosidad por aprender también el idioma.

Tiene una amiga con la que siempre intenta hablar en euskera. «En los comercios donostiarras no me atrevo, pero cuando voy a pueblos más pequeños, lo intento siempre», asegura. Considera importante hacer este esfuerzo, porque «cuando un idioma no se habla, se pierde». Además, a él le ha ayudado a integrarse.

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