Diario Vasco

Gipuzkoa responde a la Gran Recogida

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Los primeros cajones llenos de litros y litros de leche, uno de los productos imprescindibles de la Gran Recogida. Hay de todas las marcas. / ARIZMENDI

  • La participación de estudiantes de la ESO o universitarios aumenta cada vez más y se organiza a través de los colegios o las familias

  • La utilización de bonos de dotación económica dificulta el recuento total de esta campaña de dos días

La cifra mágica para batir récords era, y sigue siendo, los 626.850 kilos de alimentos imperecederos que se recogieron en los distintos establecimientos durante la Gran Recogida del año pasado, de 2015. Los primeros datos aproximados que se conocieron durante la noche de ayer era que los almacenes del Banco de Alimentos contaban con 200.000 kilos de arroz, pasta, leche en polvo o galletas en cajas o estanterías, una vez concluida la campaña que se ha desarrollado el viernes y sábado en 75 establecimientos repartidos por toda Gipuzkoa. Las cifras no son definitivas porque los cajones que se llenan en los establecimientos de Eroski se llevan a Elorrio, desde donde se entregarán posteriormente a los almacenes que el Banco tiene en Zarautz. Quedan, además, los bonos, una innovación del año pasado que, con distintas cuantías, se venden entre aquellas personas que, en vez de hacer la compra y entregarla a los voluntarios, prefieren asignar una cantidad de dinero que puede llegar incluso a los mil euros y que no es extraño que llegue a los trescientos.

Su estreno del año pasado no fue generalizado y la ciudadanía siguió apostando por la entrega directa de productos elegidos por ella misma, pero en este 2016 en muchos puntos de recogida han notado su presencia creciente. Itziar, la responsable de un centro de la campaña situado en Donostia abarrotado al mediodía, explicaba ayer que para mucha gente es importante la visibilidad de los cestones, acudir con las bolsas hasta los voluntarios.

«Sin embargo, hay otras personas que quieren donar cantidades importantes y que no quieren dar vueltas y vueltas por el supermercado. Por eso optan por el bono». El dinero que figura en cada ticket queda en una cuenta que el propio centro comercial abre para ello. A lo largo del año, el Banco de Alimentos hará uso de esas cantidades para adquirir alimentos perecederos o aquellos que se puedan precisar ante una situación urgente y que no estén almacenados.

El responsable de la Gran Recogida, Carlos Martínez, explicó que no se sabrá hasta el miércoles a cuantos euros asciende el capital que queda a disposición del Banco de Alimentos para estos usos.

Con los cambios que poco a poco va experimentando esta iniciativa que cumplió ayer su cuarta edición, resulta más difícil cuantificar la cantidad recibida en las primeras horas desde que cierran los supermercados y las tiendas. Sí se reconoció a mediodía de ayer que en el almacén del Banco de Alimentos había unos 80.000 kilos de alimentos, más o menos la mitad del año pasado, pero la llegada de más cestones y los bonos pueden hacer cambiar de forma notable esta cantidad.

Lo que no duda nadie es que la Gran Recogida volvió a ser una gran cita de la solidaridad guipuzcoana, dispuesta a que ninguno de sus miembros pase hambre. O, incluso, a que no les falte turrón en estas navidades.

Ante la pregunta que suele hacerse la ciudadanía sobre el papel de los centros comerciales que participan en la Gran Recogida, Martínez recordó ayer que, además de ceder el espacio en sus locales, aportan entre el 7% y el 10% de lo que ha adquirido la ciudadanía.

Más jóvenes

Kilos de tomate, pañales, latas de atún, bonos con donaciones en metálico... En la Gran Recogida, los supermercados movían ayer a gran cantidad de personas. La mayoría cogían al menos una de las bolsas que se entregaban en la puerta, ya sin preguntar para qué eran y sin listado por escrito para no olvidar cuales son los productos imperecederos que se pueden donar.

La iniciativa ha calado entre los guipuzcoanos, que la han adoptado como propia y la difunden entre los suyos. La presencia creciente de niños y adolescentes, incluso como voluntarios, es una muestra de que la solidaridad se va transmitiendo.

La familia es un ejemplo de cómo aprenden. Un ejemplo, Mikel Osés, que junto a su mujer, Sonia, y a sus hijas Miren y Ane ordenaba todo lo que les llegaba en las bolsas dentro los cestones de Arcco Amara, en Donostia. O la de otra Ane, esta vez apellidada López, a los que sus tíos llevan cada año para que escoja los productos, llene el carro y lo lleve a los voluntarios. «No todo van a ser regalos de cumpleaños o chuches, también tiene que saber que hay que colaborar con los demás» comentaba uno de sus familiares, su tío Juan Carlos.

«Me han dicho que venga un poco antes de la una», preguntaba una chica de melena larga atada en una coleta. «Deja la txamarra ahí atrás y ponte uno de los chalecos», le comentaba el encargado. Cada uno de ellos puede organizar como desee a sus grupos, el objetivo es recoger el máximo de kilos de alimento posible, aclarar cualquier duda que surja entre quienes van a donar parte de su compra a los demás. Y sobre todo, garantizar que hay suficientes alimentos imperecederos para que las 20.000 personas que lo necesitan puedan comer durante todo el año.

Conchi, de Gros, había optado por llenar su bolsa con paquetes de pañales, tampones y compresas. «La higiene también me parece muy importante y, la verdad, son productos bastante caros de los que poca gente se acuerda».

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