Diario Vasco

La pequeña, a la que han llamado Ane, recibirá el cariño de una familia

Una cuna, siempre preparada, en uno de los trece hogares de acogida urgente de los que dispone Gipuzkoa.
Una cuna, siempre preparada, en uno de los trece hogares de acogida urgente de los que dispone Gipuzkoa. / LOBO ALTUNA
  • Otros once bebés y niños de corta edad viven en estos momentos en hogares de acogida urgente en Gipuzkoa

Se llamará Ane. Hubo que competir con propuestas como Aiora y Xexili -ayer se celebraba el día de Santa Cecilia-, pero ganó el nombre preferido por los guipuzcoanos. Los servicios sociales de la Diputación, en quien recae la tutela de la pequeña abandonada ayer en un contenedor de basura en Donostia, actuaron como una familia y, al igual que ocurre con cualquier nacimiento, una de las primeras decisiones después de activar el protocolo de acogida de la recién nacida fue identificar a la criatura. Ane, por tanto, dejó de ser un bebé desprovisto de identidad y pasado para empezar una vida más humana, arropada por una familia de acogida urgente de Gipuzkoa, que se hará cargo del bebé al principio.

Una llamada de teléfono, a cualquier hora cualquier día de la semana, cambia el destino de un menor desprotegido. A un lado de la línea, un técnico de los servicios sociales de la Diputación; al otro, una familia que presta su hogar para acoger a estos pequeños de forma urgente y provisional. Ayer, a pesar de la dramática historia, fue «un buen día» para entender lo necesaria de esta labor voluntaria. Lo reconoció la propia diputada de Servicios Sociales, Maite Peña, con un gesto de emoción contenida. La recién nacida recibirá esos «abrazos de carne y hueso» a los que apela la Diputación en la campaña que lanzó en octubre para buscar más hogares solidarios como el que ha dado refugio a la pequeña.

De no existir esta alternativa, la niña hubiera ingresado en un centro de menores, una solución que no se puede considerar mala en ningún caso -a veces es más recomendable según la situación del menor-, pero que carece de ese calor que solo puede proporcionar un hogar, por perfecto que funcione el recurso de acogida. «Ante una situación francamente dramática se han puesto todos los medios al alcance y podemos decir que la niña está bien, que es lo más importante, y va a tener una buena atención gracias a estas familias», destacó ayer Peña en la rueda de prensa en la que se presentó el primer plan foral contra la violencia de género.

Frente a la institucionalización sistemática de los menores tutelados, Gipuzkoa redobla su apuesta por el modelo del acogimiento familiar. Funcionó ayer y, con toda la dureza del caso, también lo ha hecho con otras muchas historias previas que ningún niño o niña debería vivir. Desde abandonos, a hijos de personas con problemas de adicción a las drogas, o menores de familias sin recursos que incluso han dormido en la calle. El maltrato o los abusos son también esa palabras feas que tristemente se escuchan en los servicios sociales.

En estos momentos, once críos de corta edad, desde bebés a pequeños de varios meses o incluso ya críos de tres años, viven en otras tantas familias de acogida urgente, separados de sus padres biológicos con quien se intenta mantener un contacto, supervisado por los servicios sociales, siempre y cuando se considere conveniente. Allí permanecerán un máximo de seis meses, hasta que se adopte la medida más adecuada para el menor tutelado, casi siempre una familia de acogida a más largo plazo.

El beneficio de un hogar

Salvo casos puntuales, ya no se ven cunas en los centros de menores forales. Hace años, todos los recursos respondían a los casos de urgencia, pero se optó por un cambio de modelo, al comprobar los beneficios de la acogida familiar desde el primer contacto. «La experiencia y también la investigación han confirmado que los resultados a la hora de reparar el daño son mejores cuando la acogida se hace en una familia», explican desde el Departamento que dirige la jeltzale Maite Peña.

La Diputación trata ahora siempre de que los bebés y los menores de tres años que son separados de sus padres biológicos en aras a su bienestar vayan a un hogar de acogida, un modelo que se ha recogido en una ley estatal en la que también se aconseja que se extienda a menores de seis años. El único problema es que no hay tantas familias de acogida como menores que las necesitan. En estos momentos, 310 menores tutelados viven en centros y unos 350 en familias.

No todos los acogimientos se hacen de urgencia. La mayoría pasa primero por una fase de acoplamiento, que empieza con visitas de los acogedores al centro. El contacto se

va haciendo cada vez más frecuente hasta que llega el día en que el niño o la niña pasa la primera noche

en su futura casa. Lo normal es que ese salto del centro al hogar funcione, por lo que luego ya se da el paso definitivo de instalarse con su nueva familia. El acogimiento temporal suele prolongarse durante no más de dos años, tiempo en el que los servicios sociales también trabajan con los padres biológicos para intentar que recuperen las habilidades y aseguren un cuidado correcto del menor. Pero no en todos los casos es posible. De hecho, la mayoría de menores acogidos en familias lo están de forma permanente, hasta que cumplen la mayoría de edad.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate