Diario Vasco

«La niña permanecía envuelta en una manta, estaba consciente y su temperatura era buena»

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Una mujer empuja un carro con un niño, ante los contenedores donde apareció la recién nacida. / LUSA

  • Un ertzaina relata cómo se produjo el hallazgo de la recién nacida que fue encontrada en el interior de un contenedor de basura en Donostia

Unos gemidos despertaron sus sospechas. Provenían del interior de un contenedor de basura. Quienes los escucharon asociaron el sonido al maullido de un gato o al de algún otro animal. Guiados por la curiosidad, se aproximaron al recipiente de color verde. El llanto era entonces evidente. Era el de un bebé. Los testigos interceptaron la marcha de un coche patrulla de la Ertzaintza. Uno de los agentes levantó la tapa del recipiente y, entre las bolsas con los desperdicios, descubrió la diminuta mano de un bebé. La presencia del cordón umbilical reveló que tenía muy poco tiempo de vida. La evacuación de la pequeña al hospital fue inmediata. Los médicos confirmaron que se encontraba bien. «Cuando la sacamos del interior, estaba envuelta en una mantita. Estaba consciente y su temperatura corporal era buena. La evacuamos con urgencia al hospital», relató uno de los dos agentes de la Ertzaintza que intervinieron en el rescate y que fue quien recuperó a la bebé del basurero. La Policía trata ahora de identificar a la madre de la recién nacida o la persona que la arrojó a la basura.

Acababan de dar las tres de la madrugada cuando dos personas que caminaban desde la plaza de Zuloaga, en la Parte Vieja donostiarra, hasta el Paseo Nuevo oyeron los lloros de la recién nacida. El mismo lamento ya había sido escuchado unos minutos antes por un vecino de la zona que, sin embargo, no pudo identificar su procedencia.

Los lloros provenían de uno de los cuatro contenedores de basura situados en la calle San Juan, ante la fachada de la Sociedad Fotográfica Guipuzcoana. Los quejidos atrajeron el interés de los dos ciudadanos, que se aproximaron hasta los recipientes. La casualidad quiso que en aquel preciso instante un vehículo de seguridad ciudadana de la Ertzaintza patrullase por la zona. «Habíamos ido hasta el final del Paseo Nuevo y estábamos de regreso cuando esas dos personas salieron a nuestro encuentro. Nos dijeron que habían escuchado ruidos que procedían del interior de un contenedor. Decían que era como si un bebé estuviese llorando».

Los agentes se dirigieron hasta el lugar y tras revisar entre las bolsas de basura «lo primero que vimos fue el brazo de la pequeña. La cogí con las manos y la rescaté del container. Comprobamos que era una recién nacida. Su tez era blanca».

«Su temperatura era buena»

Tras el hallazgo, los agentes activaron el protocolo habitual en este tipo de situaciones y alertaron de lo sucedido al Centro de Coordinación de Emergencias, de manera que otras unidades de la Policía vasca y también de la Guardia Municipal se personaron en el lugar. El agente que había recuperado a la niña, perteneciente a la última promoción, de 35 años de edad y que lleva destinado en Donostia desde agosto, introdujo a la pequeña en el vehículo policial. «No tuvimos que arroparla más de lo que ya estaba. Permanecía envuelta en una manta y la trasladamos en la misma. No fue sido necesario siquiera poner la calefacción a una temperatura más elevada».

El policía explicó que el bebé presentaba un buen aspecto. «Se veía que se encontraba bien. Lloraba, estaba consiente. Y su temperatura corporal era buena. No había ningún elemento que nos indujera a pensar que pudiera encontrarse en mal estado».

La menor fue finalmente evacuada por los dos agentes al Hospital Materno Infantil de la capital, donde fue examinada por los facultativos del servicio de Urgencias. «Fue un traslado rápido. Apenas tuve tiempo para fijarme en la niña. No sé si tenía los ojos abiertos o cerrados. En esos momentos estaba más bien pendiente de llegar cuanto antes al hospital. En cuanto la dejamos en manos de los médicos, la perdimos de vista y tras cumplimentar el trámite burocrático, nos marchamos».

El agente reconoce que era la primera vez que se enfrentaba a un caso así. «Por fortuna, nunca me había tocado intervenir en una situación de estas. Mejor que no se repita y en el caso de que sucediera, lo ideal sería que tuviese un final feliz, como el de esta pequeña», señaló.

Fuentes del centro hospitalario donostiarra indicaron que la niña «se encuentra bien» y advirtieron de que tras su ingreso se había activado el protocolo con el servicio de Bienestar Social de la Diputación. Maite Peña, diputada foral de esta cartera, agradeció la diligencia de las personas que hallaron a el bebé así como la de los agentes que la condujeron al hospital.

Inspección del contenedor

Peña señaló asimismo que la Diputación informó del hecho a la Fiscalía de Menores y anunció que en cuanto fuera dada de alta, el ente foral asumiría su tutela y la trasladaría a una familia de acogida de urgencia, «donde el bebé permanecerá provisionalmente mientras se valoran las circunstancias de su abandono y se determina la medida de protección más beneficiosa para su bienestar», precisó la diputada.

Tras la recuperación y evacuación de la recién nacida, la Ertzaintza puso en marcha la correspondiente investigación dirigida a identificar y detener a la persona o personas involucradas en el caso. Agentes de la Unidad de Inspecciones Oculares llevaron a cabo un examen minucioso del contenedor, donde trataron de detectar algunas huellas que pudieran permitir la identificación de la persona que, al menos, en última instancia arrojó a la pequeña a la basura.

De igual manera, agentes de la Policía autonómica y miembros de la Guardia urbana de la capital efectuaron un rastreo tanto por la Parte Vieja como por otras calles del centro de la capital y también en algunos barrios en busca de posibles personas sospechosas.

Los investigadores realizaron igualmente un visionado de las cámaras de videovigilancia existentes en la zona. Una de ellas se encuentra situada en el Paseo Nuevo, a escasos treinta metros donde permanecían los contenedores. Sin embargo, según fuentes consultadas, el objetivo no habría captado el momento en el que la persona que trasladó a la recién nacida llegó a la zona ni tampoco cuando se alejó de la misma. Tampoco pudo recoger el momento en el que fue arrojada, ya que estaba fuera del foco.

Las citadas fuentes indicaron, sin embargo, que una de las cámaras del Museo de San Telmo filmó imágenes relacionadas con el caso que podrían permitir a la Policía avanzar en la identificación del autor o autora.

Poco tiempo de vida

Las investigaciones hasta el momento practicadas llevan a concluir que la pequeña, que todavía tenía el cordón umbilical adherido a su cuerpo, había sido depositada en el contenedor solo unos minutos antes de su localización. Fuentes médicas consultadas indicaron que las temperaturas registradas de madrugada -la mínima de la noche fue de 10 grados- habrían abocado a la niña a una muerte segura «en cuestión de unas horas» como consecuencia de un hipotermia. Recuerdan dichas fuentes que los recién nacidos son altamente vulnerables al frío.

Pero la pequeña no solo estaba expuesta a una muerte por hipotermia. El tiempo corría en su contra, ya que en el supuesto de que su existencia se hubiese prolongado hasta las seis de la mañana, habría terminado aplastada en el camión de recogida, ya que sobre esa hora se produce el volcado de los contenedores existentes en dicha zona. Una vez dentro del vehículo, el mecanismo de prensado de la basura habría terminado por poner fin a su corta existencia. «¡Hombre!, lo más probable es que cualquiera de los compañeros se hubiese dado cuenta de su presencia. Habría escuchado los llantos y habría mirado en el interior. O lo habría encontrado yo mismo que me ocupo de la limpieza en el Paseo Nuevo. Cuando he llegado a las cinco de la mañana, la zona estaba totalmente acordonada y los ertzainas me han dicho que no podía tocar nada», señaló un trabajador de la contrata que se encarga de la limpieza.

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