La alubia cierra un capítulo intenso

El jurado, en el momento de la cata a ciegas del Triángulo. /
El jurado, en el momento de la cata a ciegas del Triángulo.

El albizturtarra Juan Mari Aramendi padre obtiene su primera txapela tras el éxito familiar

ELENA ARANDIA

Finaliza un fin de semana intenso en clave de alubia y copiosos banquetes. Durante la mañana de la jornada de ayer, la villa recibió la visita de numerosos cofrades gastronómicos y entre ellos se encontraban también los seis cofrades de honor que la Cofradía de la Alubia de Tolosa ha nombrado este año en la ceremonia de su XXVI Capítulo. Los tolosarras Kike Amonarriz e Irene Larraza, la actriz Aitziber Garmendia, los parrilleros Joxe Miguel Zendoia y Luis Mari Uranga y el filósofo y ensayista Daniel Innerarity recibieron un cálido homenaje acompañado de música. Juntos y sobre una olla de alubias se comprometieron «a defenderlas» y proclamar que «las ventosidades que producen sirvan como tributo a sus bondades».

Primer premio. Los albizturtarras Sorkunde y Juan Mari Aramendi, padre de Juan Mari y Gema, que regentan el restaurante Gasteiz en Donostia.

Segundo premio. Juan Martin Amiano y José Luis Arechaga, de Tolosa.

Tercer premio. Manu Costa y Marijo Irastorza, de Andoain.

Tras el acto y la entronización, el Tinglado acogió la alubiada popular con 500 comensales de diferentes puntos de la geografía guipuzcoana como Donostia, Eibar, Hondarribia, Errenteria, Tolosaldea y hasta un pequeño grupo de americanos. «La comida ha sido parte de una escapada que hemos realizado las amigas a Pamplona. Había probado las alubias de Tolosa antes, pero ha sido una sorpresa total, nos he encantado comer en este ambiente», señalaba Maite de Eibar. «No me canso de ser parte de esta estampa otoñal», añadía el donostiarra Iñigo, que acudía con sus hermanos por tercer año consecutivo.

Sin duda, el concurso gastronómico de Gure Kaiola viene acompañado de la familia Aramendi de Albiztur. No era la primera vez que Juan Mari Aramendi, padre, participaba en el concurso, aunque su hijo se ha llevado durante años la mayoría de las txapelas. Este año, sin embargo, lo ha hecho solo y se ha encargado él mismo de mimar su puchero. «Teníamos ganas de que el aita se llevara el premio después de tantos años y lo ha conseguido. Para nosotros, la alubia es nuestra vida, nuestro día a día», decía su hija Gema. Se dice del agua, el viento y la tierra de Albiztur. Durante las tres horas de elaboración de sus alubias, Juan Mari hizo uso de cebolla roja y de buen aceite en su justa medida. «La cosecha en Albiztur ha sido mala y escasa, aunque la alubia ha salido buena. La de Albiztur se caracteriza por una piel más fina, pero este año tiene una piel un poco más áspera de lo normal que se nota en el sabor», contaba trofeos en mano, nada más bajar del escenario.

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