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Victoria Ortega, en la sede del Colegio de Abogados de Gipuzkoa el pasado viernes.
Victoria Ortega, en la sede del Colegio de Abogados de Gipuzkoa el pasado viernes. / USOZ

Victoria Ortega: «Hay hombres que todavía prefieren ser defendidos por un hombre»

  • Presidenta del Consejo General de la Abogacía

  • Invitada en Donostia en el congreso estatal de mujeres abogadas, anima a seguir rompiendo barreras a favor de la igualdad

Hoy, con las carreras universitarias feminizadas, resulta impensable que una estudiante de Derecho tuviera que cortarse el pelo y vestirse de chico para que le dejaran entrar en clase. Concepción Arenal, que rompió moldes a finales del siglo XIX, escribió el principio de una larga historia de conquistas en el que también figura el nombre de Victoria Ortega, la primera mujer en llegar a la presidencia del Consejo General de la Abogacía. «Es hora de dejar de ser la primera en hacer algo, es hora de lograr la igualdad», defiende esta palentina. Invitada esta semana al 28 Congreso de Mujeres Abogadas, celebrado en Donostia, repasa la actualidad desde una perspectiva de género y, por supuesto, se detiene en la lucha contra el maltrato. «Es positivo que la primera medida de esta legislatura sea un Pacto de Estado contra la Violencia de Género».

- ¿Una mujer abogada defiende mejor las causas de las mujeres?

- Quizá las pueda entender mejor, percibir de una forma más cercana. Pero defenderlas las puede defender igualmente un hombre que una mujer.

- ¿Hay hombres que prefieren ser defendidos por hombres en lugar de por una mujer?

- Sí, los hay. Sigue habiendo un machismo inconsciente, no premeditado.

- ¿La abogacía se siente frustrada a la hora de combatir la violencia de género? ¿Hay herramientas jurídicas suficientes?

- Mientras siga existiendo un caso -el día de la entrevista una mujer murió asesinada a manos de su exmarido en León- quiere decir que no hemos hecho todo lo suficiente. La abogacía se siente frustrada, quiero pensar que como se siente el resto de la sociedad. Nosotros trabajamos todo lo que podemos pero está claro que hace falta más. Es positivo que una de las primeras medidas que se ha adoptado al iniciar la legislatura, y por unanimidad lo que también es llamativo, sea un Pacto de Estado contra la Violencia de Género. Hay que acabar con esta lacra de una vez.

- ¿Cómo se puede facilitar el camino judicial a las víctimas una vez presentan una denuncia?

- Hay que dar seguridad a la víctima para que no vean en la justicia un muro. En primer lugar, tiene que tener un asesoramiento previo. Tiene que saber exactamente lo que le supone denunciar y el proceso que inicia. Y desde la información hay que darle la seguridad de que denuncie, porque es lo positivo. Que no le va a suponer una violencia añadida a la sufrida.

- ¿También se refiere a medidas de seguridad como más órdenes de alejamiento?

- Sí. Habría que avanzar en esas medidas. Porque la mujer está asustada en esa situación y todo lo que le pueda dar una mediana tranquilidad es necesario. Pero también quiero remarcar la importancia de la prevención. Venimos reclamando los institutos de determinación del riesgo -que valora el riesgo objetivo en casos de violencia-. Tenemos que aprender a ver las cosas antes y así no curarlas después. Y desde luego hacen falta más programas educativos.

- La abogada de dos de los acusados por la supuesta violación de Pamplona renunció al caso. ¿Hubiera hecho lo mismo un hombre?

- Estoy absolutamente segura de la implicación de los compañeros varones en esta lucha contra la violencia de género. No me cabe la menor duda de que es así.

- ¿Qué piensa con declaraciones como las del abogado de uno de los acusados en las que dijo que «a San Fermín se va a beber y mantener relaciones (sexuales)»? No ayuda a prestigiar la profesión.

- Efectivamente, no ayudan en nada. Son absolutamente rechazables. Pero manifestaciones poco afortunadas y absolutamente rechazables existen en todos los ámbitos de actuación. No hay que vincularlas con que no se esté apoyando la lucha contra la violencia de género. Son supuestos excepcionales que producen rubor. Pero desde luego a la profesión no la prestigian.

- ¿Cómo se tiene que prestigiar la profesión?

- La profesión se prestigia desde la formación, cuidando la formación inicial y la formación continua, y respetando las normas deontológicas que nos damos nosotros mismos. Esta profesión se basa en la confianza en el cliente, como la medicina. Sin confianza, el abogado no puede desarrollar su trabajo y el cliente no obtendrá una respuesta satisfactoria. Y esta confianza solo se puede lograr si ve que eres una persona solvente tanto en lo profesional como en lo personal.

- ¿Un buen abogado es el que gana los juicios?

- Es el que ejerce bien la defensa, no el que necesariamente gana.

Seguridad y libertad

- En el congreso han reflexionado sobre la perspectiva de género en la ciudad. Son lugares para vivir, pero desgraciadamente también pueden ser lugares para que una mujer acabe siendo una víctima.

- Hay una cuestión de adecuación urbanística de la ciudad que sí afecta a las mujeres. Y luego está el conflicto que siempre acaba encima de la mesa entre seguridad y libertad. Hay quien dice que para llegar a una protección máxima hay que afectar a la libertad. Yo siempre me he negado a establecer esa dicotomía necesaria, y me he negado al sacrificio de la libertad en aras a una seguridad absoluta. Es necesario establecer un equilibrio en la vida.

- También han hablado de la especial vulnerabilidad de las mujeres inmigrantes. ¿Pueden ejercer sus derechos como el resto de ciudadanos?

- El colectivo inmigrante en este momento está atravesando claramente una situación muy compleja. Hay situaciones jurídicamente no resueltas que conducen necesariamente al menoscabo de muchos derechos. La respuesta que estamos dando con la situación de los refugiados es más que lamentable por la lentitud con la que se está llevando a cabo y por el trato, incluso de detención de personas sometidas a régimen de asilo y que no tienen por qué estar detenidas. No se les está dando la tramitación administrativa y están en una situación de limbo.

- ¿La justicia no es igual para todos, entonces?

- Ya no solo la justicia. No es igual ni lo más elemental en la vida. Es una negación de derechos básicos, no solo de justicia, sino de libertad.

- ¿La gente sin recursos recibe una peor justicia?

- No es verdad ni mucho menos. En España hay un sistema de asistencia jurídica gratuita, un turno de oficio magnífico que prestan los compañeros más competentes. Hasta el momento de que entrase en vigor la Ley de Acceso, que empezó a reclamarse hace diez años en Donostia, se exigía una formación mayor a los compañeros del turno de oficio que a los del ejercicio libre. Tenías que formarte tres años más de forma específica. Ahora no es que sea inferior, es que se ha elevado la de turno libre. Ese mito de que los compañeros van mal formados es completamente falso. Tampoco se va a aprender, que es otra de las cosas que se dicen. No es cierto. La media de años de ejercicio es de veinte años, que se dice bien y pronto. Y luego estamos, yo también me incluyo, bastantes compañeros en los servicios en los que ya se exigen una serie de años de colegiación, en asuntos en que se solicitan penas de libertad muy altas, por ejemplo.

- ¿Quizá la diferencia es que haya ciudadanos que desconozcan sus derechos y no los reclamen?

- Probablemente. Los Colegios, en colaboración con ayuntamientos, organizamos servicios de orientación jurídica para informarles de sus derechos. Fuera de nuestras fronteras, aún son muchos los lugares del mundo en los cuales las mujeres no pueden reclamar sus derechos porque no les son reconocidos. Pero desde nuestra posición, como actores jurídicos, debemos estar vigilantes ante situaciones de injusticia que son mucho más comunes de lo que pensamos, como es el caso de las mujeres refugiadas.

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